Lo más importante: hace años quedó tetrapléjico y sólo tiene movilidad del cuello hacia arriba. El hombre joven (Omar Sy) es senegalés, negro, extrovertido, soltero aunque no se sabe si sin hijos, muy pobre y siempre está de buen humor. Difícilmente haya leído un libro en su vida, se droga y no pierde oportunidad de seducir a cuanta mujer se le cruce por el camino, rica o pobre, joven o veterana, “cobre” o “no cobre”. Sobrevive gracias a la asistencia del Estado (francés). Es, claro, el opuesto del otro. Sin embargo (?), ambos se convertirán en los mejores amigos jamás concebibles. Uno le brindará al otro, casi sin proponérselo, su mitad faltante. El rico al pobre: trabajo, roce, cultura, valores, la sensación de “ser”. El pobre al rico: alegría, realidad, contacto, movilidad, la sensación de “vivir”. De éste a aquél y viceversa: una segunda oportunidad.
A un tema tan viejo y manido como éste, los directores Eric Toledano y Olivier Nakache le aplicaron un tratamiento hipercalculado que derivó en un éxito rotundo, uno de los mayores del cine francés de todos los tiempos. ¿Cómo? Haciendo bien, a conciencia, con inteligencia y sutileza aquello que la mayoría de sus colegas suele hacer con trazos gruesos, a desgano, o, directamente, mal. Aquí un toque de humor. Allá otro de drama. Una escena “étnica”. Otra romántica. Por ahí asoma la solidaridad. Por allá asoman los nubarrones del racismo. Una y una. Uno y uno. Al final, aunque sepamos que todo es mentira, nos deglutimos la película * con placer. Un operativo industrial así da gusto. El otro secreto: los dos actores principales.n
* Intouchables. Francia, 2011.