Hijo de pantera

Herbert Lom (1917-2012)
Vaya curiosidad. La película que más influencia tuvo en la carrera cinematográfica del actor Herbert Lom fue una en la que no participó. En 1963 el director Blake Edwards concibió un policial enigmáticamente llamado La pantera rosa, lujosamente ambientado en un balneario invernal europeo y centrado en un elegante ladrón de joyas actuado por un David Niven que se parecía mucho al Cary Grant de Para atrapar al ladrón (1955).

Cuando su estreno, otras reminiscencias con el divertimento de Hitchcock pasaron bastante desapercibidas, porque el torpe detective francés que Peter Sellers interpretaba a la manera de un Poirot al revés –en el libreto un personaje secundario–, había adquirido durante el rodaje una dimensión inusitada, al punto de eclipsar a la estrella principal y transformar a la película entera en una comedia desopilante, narrada en tono de farsa. Así nació una estrella, el Inspector Clouseau.
Negocios son negocios; una secuela era imprescindible. Después de una rápida búsqueda Edwards encontró una obrita de teatro adaptable a la intransferible personalidad cómica de Sellers/Clouseau, pero necesitaba un antagonista lo suficientemente atractivo como para contraponerse a su nuevo héroe. Entonces apareció Herbert Lom, hasta entonces un actor secundario, todoterreno del cine y del teatro británicos, con muchos secundarios con más gloria que fama en su haber. De la mano de Edwards y, sobre todo de Lom –que un buen día de puro nervioso, porque no sabía qué hacer con su personaje, hizo una mueca que gustó tanto al director que el tic resultante quedó incorporado como una marca de fábrica–, el desesperado jefe de policía (Chief Inspector Dreyfus) que intenta, siempre en vano, encarrilar a su entusiasta subalterno por el camino de la lógica y acaba persiguiéndolo como si éste fuera verdaderamente el enemigo público número uno (en fin, lo era), se volvió en el otro motivo humano de lo que primero fue una película (Un disparo en la sombra, 1964) y, al final del cuento, se convirtió en serie. Entre 1975 y 1993 Lom hizo otras seis veces de Dreyfus, entre las cuales una apoteósica vuelta de tuerca al surrealismo humorístico con un único móvil dramático que consistía en su intento de destruir a Clouseau (La pantera rosa ataca de nuevo, 1976) y un triste canto de cisne con Sellers fallecido muchos años atrás y Roberto Benigni intentando heredar su torpeza y su gracia, sin éxito (El hijo de la pantera rosa, 1993). Así feneció una subestrella, el Chief Inspector Dreyfus.
Contrariamente a lo que podría pensarse, Lom no era inglés sino un checo que provenía de una familia aristocrática y que emigró a Londres en 1938, no por razones políticas sino porque quería triunfar en el teatro y, si cabía, en el cine; ni siquiera estaba al tanto de que su mujer de entonces era judía. Lo primero que hizo en su país de adopción fue cambiar su largo e impronunciable apellido por el breve Lom, y lo segundo fue ponerse a las órdenes de las fuerzas armadas británicas para alentar por radio a sus compatriotas en su idioma natal. Su voz grave, imponente y siempre audible sin esfuerzo aparente, se unió, de algún modo, a su corta estatura, a su presencia voluntaria o involuntariamente amenazante, a su proverbial ductilidad y a su espléndido sentido del humor, para convertirlo en un favorito entre los secundarios del cine inglés. Entre las casi 100 películas en las que actuó entre 1942 y 2004 merecen una mención aparte aquellas dos en que fue Napoleón: El joven míster Pitt (1942) y La guerra y la paz (1956). Es de destacar también su adaptabilidad a un elenco de estrellas, en la que quizás sea la mejor entre las comedias de Ealing (El quinteto de la muerte, 1955), su policía “serio” de La sombra maligna (1956), su facilidad para “robarle” escenas a los lustrosos elencos de Espartaco (1960) y El Cid (1961), su fenomenal Fantasma de la Ópera (1962) y su consiguiente reconversión en un favorito dentro del cine de terror “de culto” (El asilo del terror, 1972). Otra mención debería ir a su paciencia: que se sepa, fue el único terrestre que siempre se llevó bien con Peter Sellers. Tan buen profesional era.

 

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