Misión comprometida

El título alude al robo de las joyas de Eva Duarte a mediados de la década del 50 en Madrid, una operación estratégica que precedió al exilio del recién derrocado Perón en pleno franquismo. En lugar de mostrar al ex mandatario desterrado o a otras figuras de primera línea de cualquiera de las dos partes, el episodio comienza a gestarse en suelo panameño en torno a rostros de segundo plano dispuestos a proteger al ilustre fugitivo, a quien apenas le habían visto la cara.

Una atmósfera de serie negra, de a ratos quebrada por algún toque de humor –se le atribuye la nacionalidad uruguaya a ciertos sujetos– o ternura, sirve de marco a las andanzas de estos ocasionales pistoleros de corazón peronista que se mueven en la sombra y, en determinado momento, deberán viajar a tierras peninsulares para poner en práctica planes a varias puntas que conviene no revelar.
Un número de personajes bien definidos se encarga de poblar un relato que el realizador y coguionista español Edward Cortés desarrolla con fluidez, sin perder de vista las reacciones de gente perteneciente a distintos bandos. De forma asordinada, asimismo, Cortés se las ingenia para abrir camino para que tan nutrida galería humana lleve adelante una historia en apariencia subterránea que involucra valores tan significativos como la amistad, el amor, la solidaridad y la fidelidad que anidan en seres sometidos a exigencias especiales. Los esmeros de ambientación, aparte de la filmación en exteriores ibéricos, se extienden a la puntual banda sonora, las referencias verbales a una época determinada y los detalles de vestuario y maquillaje, logros apenas estropeados por un par de expresiones dialectales más cercanas a los tiempos que corren que a los que cubre la narración, o los pantalones que luce un personaje femenino en el hospital donde trabaja, una vestimenta tan poco probable en esos tiempos como la lluvia que cae repetidas veces sobre la casi siempre árida Madrid. La entretenida platea, de todos modos, no se detendrá en particularidades de dicho tipo y prestará mayor atención a la satisfactoria ficción con vínculos históricos que consigue plasmar Cortés, así como al rendimiento de Guillermo Francella, Daniel Fanego, Nicolás Cabré y demás involucrados, habida cuenta de los ojos de la hermosa Amaia Salamanca.

 

Argentina-España, 2012.

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