El sabor de la invención

Es muy rara –y muy grata– la experiencia de escuchar una música impredecible. La de este disco* tiene la virtud de no parecerse a nada que ande en la vuelta, y además se maneja con mucha libertad y vuelo en su propia estructura interna: un gesto conclusivo seguido de un silencio de algunos segundos puede ser el fin, o puede ser una mera interrupción; por linda que sea determinada idea, no es garantía de que vaya a persistir o se vaya a reiterar más adelante.

“Otro festejo al sol”, por ejemplo, arranca con una especie de fanfarria de flautas sobregrabadas, que introducen una guitarra rítmica poderosa, que a su vez sirve de base para la entrada de las voces. Las flautas se retraen hacia el fondo, y a veces están mezcladas tan bajo que uno no tiene la certeza de si está escuchando flautas o el recuerdo auditivo de ellas, o simplemente los armónicos de la guitarra. La base guitarrística transita por muy pequeña cantidad de acordes, pero los rasguea con ímpetu y además es imposible saber cuándo va a cambiar de un acorde a otro, cuándo se va a detener, cuándo va a retomar, respaldando una melodía vocal más bien flotante que concluye pasado el minuto de música. Sigue un largo trozo instrumental (más de la mitad del surco) hecho de un gesto repetitivo que se va metamorfoseando hasta que deja el paso a otro gesto repetitivo en una tonalidad lejana, cuya interrupción será el final del tema. Esta parte instrumental incluye unos contrapuntos de guitarras con configuraciones armónicas fronterizas (tienen notas que dan la impresión de que el músico pisó mal una cuerda, pero luego terminan imponiendo su propia “lógica”). Entran unos elementos de percusión inidentificables, elegidos con un gusto tan fuera de lo común como todo lo demás (sonidos rasposos, “podridos”) que, al igual que en la armonía, terminan estableciendo su propio swing. Pese a que la base es relativamente flaca, la guitarra está captada tan fuerte que llena el espacio sonoro, y ese criterio ayuda a poner de relieve lo que en otro contexto son detalles accesorios (la evolución de los armónicos, el vibrato, los batimientos en los unísonos, el choque de las disonancias: todo eso gana mucha materialidad).
Alessandro Podestá tiene 28 años y viene haciendo música en forma subterránea e independiente. Este es su tercer disco. Vive en Uruguay desde que tiene 9 años, pero nació en Perú, de familia peruana y argentina. Presta atención a elementos de música uruguaya hoy día casi olvidados (Luis Trochón, por ejemplo, es para él una influencia fundamental), pero tiene muchísimo de la música andina, hurgando, sobre todo, en ritmos afroperuanos. Es una música decididamente experimental y latinoamericanista (una combinación que trae a colación el mundo alrededor de Los que Iban Cantando). Pero uno nunca tiene la sensación de que ese experimentalismo y latinoamericanismo sean una postura a priori: el disco transpira el goce de la invención, de la sorpresa, de un vuelo de imaginación como pocos músicos vienen ejerciendo, y todo eso construido a partir de una musicalidad sólida, patente en la soltura de la voz de Alessandro, en sus armonías jugadas y en su guitarra vital y hábil.
Todo el disco es estrictamente desenchufado, y en pocas ocasiones la percusión incluye graves profundos. La concepción arreglística es tan original que incluso instrumentos comunes como el saxo o el acordeón de pronto no se reconocen como lo que son, y no por tocar nada especialmente contranatura, sino tan sólo por surgir alejados de los gestos a los que están asociados. Cierto grado de “desprolijidad” en la coincidencia de los instrumentos queda aquí no como una falla, sino como una opción textural (como lo es, a veces, la cámara temblorosa en el cine).
El disco cuenta con varias participaciones de músicos relevantes y afines, como Asamblea Ordinaria, Ernesto Díaz, Valentina Pecora, Federico Morelli y otros. Además del soporte físico, el disco está disponible para descarga gratuita en http://feeldeagua.net.Se presentará el jueves 11 a las 19 hs en el Centro Cultural de España, con entrada libre. Vale la pena apreciarlo en vivo el que debe ser el disco uruguayo más interesante y valioso en lo que va del año.n

 

* Lo que no sé. Feel de Agua, sin número, 2012.

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