Brecha Digital

Los adioses

Por más que la presente historia pretenda desarrollarse varios años atrás, no resulta muy creíble que alguien como el personaje central, un visitador médico uruguayo desempleado, decida irse a Barcelona –España ya no parecía la tierra prometida– a intentar seguir trabajando en el mismo ramo sin siquiera hablar catalán. No es ese el único rasgo inverosímil en un filme que, entre otras cosas, no consigue hacerle creer al espectador que alguien que se dice argentino luzca como recién llegado de este lado del charco, así como quienes salen a dar un paseo por la ciudad peninsular, sin automóvil a la vista, en escaso tiempo atraviesen sitios ubicados a considerable distancia unos de otros. Habida cuenta de tales tropiezos, todo rueda, sin embargo, bastante mejor cuando se apela a un naturalismo casi ingenuo para mostrar lo que puede sucederle a un hombre que deja atrás esposa, hija pequeña y padre viudo para intentar abrirse camino en un país lejano donde quizás encuentre, más allá de las dificultades del emigrante, amigos inesperados y hasta un nuevo amor.
Si se acepta entonces el desequilibrio entre aquello que el codirector, coguionista y protagonista David Sanz intenta narrar y los detalles que atentan contra la credibilidad, cabe anotar que el Sanz-actor, español, consigue, en cambio, que su emigrante impresione como uruguayo; a la par que, desde la dirección compartida con Tony López, trasmitirle al asunto el apropiado tono melancólico –y romántico– para el cual, en especial, acierta en el armado de las escenas de gente que conversa. Los primeros planos le ayudan allí para destacar la humanidad que los intérpretes suministran a las siluetas que les toca componer. Tales climas –más convincentes que todo el resto– permiten apreciar el rendimiento de un elenco en el que, además de Sanz, figuran los uruguayos Leonor Svarcas, Walter Reyno y Alejandro Busch, así como los peninsulares Zaida Fornieles y Blai Llopis, sin olvidar al también oriental Jorge Temponi, quien, a pesar de no convencer como argentino, borda con impagable precisión la avasallante silueta del amigo que Sanz se hace en suelo catalán.n

Uruguay, España, 2012.

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