Tres propuestas imperdibles
Un autor inglés (Leigh) echa una mirada penetrante a la clase trabajadora, un argentino (Rovner) utiliza el humor para mostrar lo difícil que puede resultar lidiar con una madre judía, y el espíritu del maestro Hitchcock sale a relucir en una comedia que juega con las características de cierto cine. Éxtasis (El Galpón, sala Atahualpa), de Mike Leigh, dirigida por Jorge Denevi, registra palmo a palmo lo que dice y hace un sexteto de personajes de la clase baja inglesa durante unas pocas horas. Un reencuentro, algunas confesiones, un par de bromas, una canción y los inciertos intentos para ahuyentar los fantasmas de la soledad y la frustración que rondan a casi todos nutren un texto del autor de filmes tan destacados como Secretos y mentiras y Un año más, quien con controlada intención logra revelar todo lo que sucede en un momento y en un lugar cuando parecería que no sucede nada en especial. La mano atenta de Denevi plasma así los claroscuros de una realidad que palpita muy cerca del espectador y a la cual el título alude con ironía. En el ajustado elenco destaca la indiscutible naturalidad de la pareja amiga compuesta por Alicia Alfonso y Félix Correa, así como la callada compenetración del visitante a cargo de Gustavo Alonso. Vale la pena asomarse a estas vidas, entenderlas y compararlas con otras.
Volvió una noche (La Gaviota, Stella, sala 2), de Eduardo Rovner, con puesta en escena de Jorge Denevi y dirección de Júver Salcedo, es un reestreno que propone el regreso a la vida de la fallecida madre de un judío pedicuro y músico próximo a contraer matrimonio con una compañera ajena a la colectividad. La posesiva progenitora, aparte de desconcertar y poner muy nervioso con su reaparición al vástago en cuestión, hará todo lo posible por “contribuir” a la felicidad de éste con una serie de sugerencias e imposiciones que en algunos casos podrán sonar hasta lógicas y bien intencionadas, y en otros llegarían a lucir más que discutibles y hasta fuera de lugar. Una deliciosa comedia acerca de las tradiciones, la integración y los valores familiares en una bien armada puesta llevada adelante por un apropiado elenco en torno al desenvuelto Daniel Plada, que encarna al hijo, y una magnífica Lilián Olhagaray dispuesta a aprovechar el personaje de la “regresada” hasta en sus mínimos detalles.
Los 39 escalones (El Galpón, sala César Campodónico), de Alfred Hitchcock, dirigida por el argentino Manuel González Gil (Gotán, Montevideanas), revive todo el encanto del clásico cinematográfico de 1935, inspirado en la novela homónima de John Buchan, para construir una irresistible parodia a propósito de ciertos lugares comunes del género policial y de espionaje que el propio González Gil ya había llevado a escena en Buenos Aires y reedita aquí apoyado en la creatividad que consigue inspirar la simplificación tanto del número de actores –tan sólo cuatro– como de la utilería. El vestuario “años treinta” de Nelson Mancebo, los temas del maestro Bernard Hermann –habitual colaborador de Hitchcock y de Orson Welles en nada menos que El ciudadano– en la banda sonora, el ritmo indeclinable de la puesta y el rendimiento del protagonista Pablo Robles, acompañado por Claudia Trecu, Marcos Zarzaj y Massimo Tenuta, listos a desdoblarse en varios papeles, completan la ecuación de un entretenimiento de primerísimo nivel.