El humor y la intriga

Teatro por tres

Montevideo dos de la mañana, de Francisco Bentancor, con dirección de José María Novo, constituye un reestreno que desarrolla un juego de acciones casi simultáneas para brindar una idea de las probables historias que pueden tejerse a lo largo de una madrugada. Es la gente de la noche: parejas ocasionales, prostitutas, un travesti, un taximetrista, parroquianos de un bar y el locutor de un programa radial que apunta a hablarle a los solitarios y problemáticos que permanecen insomnes.

Todos ellos alternan en un texto que, más allá de las inevitables procacidades que desgranan, respira un innegable romanticismo a partir de ciertos encuentros inesperados y de las relaciones que, muchas veces, surgen entre seres muy diferentes. El fresco que pinta Bentancor se vuelve entonces tan interesante como original, pese a que se alarga demasiado cuando hubiera sido mejor dejar varios de los relatos en suspenso para que la platea tejiese sus propios finales, o que parece asimismo faltarle mayor definición o personalidad a la audición radial que se trasmite frente al espectador. El numeroso plantel actoral, de todos modos, responde con convicción en el bien utilizado espacio que recuerda la técnica cinematográfica de la split screen (pantalla dividida).

 

África, la muñeca de Felisberto (Espacio Teatro, sala El Bardo), de Roberto Echevarren, dirigida por Fernando Gallego y Arles Galli, relata la increíble relación –culminada en matrimonio– que surgió entre el escritor anticomunista Felisberto Hernández y África de las Heras, una española que militaba en las filas del espionaje ruso. La dama en cuestión vivió en Montevideo entre 1949 y 1967 trabajando como modista de las clases altas sin que nadie sospechara que, dado el punto estratégico que la ciudad representaba para la kgb, África recibía y mandaba mensajes por radio acerca de todo lo que ocurría por estas tierras. Un personaje femenino –y feminista– tan interesante, en contraste con el también atractivo escritor compatriota, no adquiere en el texto, sin embargo, toda la dimensión que merece, sobre todo si se piensa en espectadores que de pronto necesitarían más información acerca de la importancia de dicho autor, así como realmente entender que una mujer como la tal África que engañó a todo el mundo en la Muy Fiel y Reconquistadora resultaría increíble hasta para una película estadounidense sobre la Guerra Fría. Tales siluetas reclamarían entonces mayor realce de manera de provocar el impacto que todo el asunto merecía, impacto que en el trabajo de Echevarren
–que en determinado momento deja de lado la figura de Hernández– se complica con otras circunstancias, como la del asesinato de Arbelio Ramírez, a quien el texto prefiere injustificadamente llamar Evelio. La versión que dirigen Gallego y Galli, a pesar de la necesaria concentración de la puesta, parece alargarse más de la cuenta, pero ofrece en cambio una exigente labor protagónica de Mariana Trujillo y un tema que, limitaciones aparte, consigue intrigar a la platea.

Gente en obras (El Galpón, sala Cero), escrita y dirigida por Enrique Vidal, elige conocidas escenas de García Lorca (La casa de Bernarda Alba), Chejov (La dama del perrito), Williams (El zoológico de cristal), Sánchez (M’hijo el dotor) e Ibsen (Casa de muñecas) para hilar humoradas casi siempre ocurrentes que, además de hacer reír, despiertan el interés de los espectadores, como lo hacían las viejas parodias de Telecataplum. Si bien todo luce demasiado económico desde el punto de vista formal y hasta se extraña algún despliegue escenográfico, los chistes funcionan y los intérpretes –Juan Gamero y Charly Álvarez, en particular– extraen buen partido de un asunto que Vidal lleva adelante sin apelar ni a facilidades ni vulgaridades.

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