Brecha Digital

A Gustavo Miretti, in memoriam.

Barbie volvió de la guerra

Se busca. Rubia, con un contorno de cintura que apenas sobrepasa al de su propio brazo, caderas estrechas, piernas larguísimas. Barbie, comprada en Puerto Deseado por un soldado, que desapareció con ella y otros 323 tripulantes en las aguas del Atlántico sur la tarde del 2 de mayo de 1982 al hundirse el buque escuela General Belgrano.
En uno de mis viajes al pueblo, mi hermana me contó esta historia y nunca antes llegué a escribirla. Traté durante años de olvidarla y tampoco pude. Hay gente que sufre y muere, y otros que vivimos nomás para contarla, por eso esta noche, a más de treinta años de la masacre, estoy tratando de trasmitir aquello. Tampoco llegué a conocer más detalles que los que aquí relato, y es muy posible que las cosas hayan sucedido de otra forma a como las imaginé, pero algo es seguro.
La historia involucra a dos soldados tripulantes del buque escuela General Belgrano. Uno de ellos murió, el otro sobrevivió. Uno es un desaparecido de guerra, el otro cumplió la promesa que el desaparecido no pudo realizar. La hermana del soldado, que entonces era una niña, y capaz ahora también madre, le pidió a su hermano que a su regreso le trajera una Barbie.
Habían recorrido algunos quioscos hasta encontrarla. Tenía el pelo rubio, un pañuelo en la cabeza y los ojos azules, como todas las Barbies. “Mejor que la escondas –le dijo todavía–, te van a cargar de lo lindo si se avivan de que tenés una muñeca en el bolsillo.” Y corrieron al buque cuando sonó la sirena. El último viaje en los mares del sur, poco después iban a volver cada uno a su pueblo, se conformaban. Lo único que los mantenía algo intranquilos era la inminencia de la guerra contra los ingleses, habrase visto tanto absurdo, pero no eran días para disentir.
Todo podría ser más anónimo si no fuera que el desaparecido es hijo de una maestra de mi pueblo. Y porque tanto el sobreviviente, a quien sólo conozco de oídas y por fotos recogidas en los diarios, como el desaparecido, provienen de la pampa santafesina. Un inmenso mar pero de trigales y lino y maíz cuando yo era chica, y ahora casi exclusivamente de soja. ¿Qué mal sueño había arrastrado a estos muchachos a caer en ese oleaje envalentonado por una tormenta de los mil demonios?
La noticia dice así: Eran las 16.01 del 2 de mayo de 1982 cuando el primer torpedo nuclear impactó en el General Belgrano. Se encontraba fuera de la zona de exclusión de 200 millas que había impuesto Gran Bretaña. De los 1.093 tripulantes, 323 desaparecieron en el mar. El buque ni siquiera podía detectar submarinos. Con una diferencia de apenas cuarenta segundos, los dos torpedos mk 8 que lanzó el Conqueror destruyeron la proa y la popa del Belgrano. En menos de una hora el crucero argentino, que había sobrevivido a Pearl Harbor, quedó totalmente tapado por el agua congelada.
Barbie torpedeada por una señora de corazón de hierro que se pelea con un general borracho. Hundan al Belgrano. Que una vez también se llamó 17 de Octubre, y que antes de esos nombres tuvo un destino inaugural en la batalla de Pearl Harbor. Quién lo hubiera dicho. Trescientos veintitrés soldados desaparecidos en el fondo del mar. Y una Barbie.
El resto es invento. Porque aunque pueda averiguar las circunstancias del sobreviviente nunca se sabrá cómo fueron los últimos segundos del soldado desaparecido.
El sobreviviente logró saltar sobre el bote salvavidas que se agitaba como una hoja sobre las olas. Muertos de frío y de miedo, los tripulantes de ese bote se unieron mano con mano para no congelarse ni dormirse. De un plumazo fueron devotos y cantaron a coro y lloraron como niños cantores rogando y rezando y volviendo a llorar para que un avión arcángel los avistara en ese mar que ellos ni de lejos conocían.
Cuántos metros mide una ola. O se llaman ondas. Cuántas semanas dura un día. Cuántos años tiene una noche en el sur sobre este potro enfurecido. Cuántos siglos hasta que los rescatan y entonces se da cuenta que está herido porque le abren paso, le arden los pies descalzos pero no se congeló, graciasadiós, y entonces no le van a amputar las piernas hasta las rodillas, como a otros, y volverá a caminar. A correr. Se desmaya. Y se despierta. Hace cuentas. Dónde están los demás. No puede ser. Faltan trescientos veintitrés.
T r e c i e n t o s v e i n t i t r é s.
¿Alguien sabe la magnitud de ese número? Millones. Únicos. Falta Gustavo. Falta la Barbie. Le falta lugar para el corazón. Esta noche es una falta, un agujero. Se desmayó.
Cuando se recuperó fue a comprar una Barbie. Rubia. De ojos celestes. Piernas larguísimas y un pañuelo en la cabeza. Para la hermana del soldado desaparecido, que lo sigue esperando. Como su mamá, su familia, su pueblo entero. Para que ella lo lleve de la mano hasta el pueblo, hasta su casa. Para quedarse con la hermana de su amigo, que la estuvo llamando.
Dale Barbie, volvé.

Escribir un comentario