Ese oscuro objeto
- Última actualización en 08 Noviembre 2012
- Escrito por: Ana Laura Barrios
“Algo de ruido hace”
Esta historia escrita por la joven dramaturga y actriz argentina Romina Paula (intérprete en el premiado filme El estudiante, de Santiago Mitre) parte de lo cotidiano para distanciarse de ello instalando una atmósfera enrarecida. La autora concentra su mirada en el universo juvenil y se empeña en acercarse desde un tono coloquial, por tanto cercano. Esta puesta dirigida por Fabio Zidan refuerza esa cercanía incorporando elementos locales al reencuentro de estos tres primos (Lucas Barreiro, Josefina Trías, Agustín Urrutia) que moviliza recuerdos no muy felices de un pasado compartido. Una casa en la playa es el sitio propicio para este sorpresivo reencuentro, lo aislado del lugar aporta una atmósfera desoladora y solitaria, a la vez que potencia el misterio que la puesta propone. La incertidumbre estructura las escenas y genera tensión entre lo dicho y lo oculto. La irrupción de un personaje que llega para alterar la rutina de los otros es un tópico literario reconocible. Más aun cuando ese personaje es femenino, y no resulta sorpresiva la aparición de tensiones sexuales entre los tres protagonistas. El pasado vuelve como un fantasma mientras los sentimientos se tornan confusos. La irrupción del deseo, sin embargo, alcanza un desarrollo errático sin llegar a profundizarse.
La puesta juega con el humor que despierta la relación conflictiva entre los hermanos (bien lograda por Barreiro y Urrutia) y aporta así momentos de liberación en los diálogos, sin perder de vista aquellos espacios simbólicos como el cuarto de la planta alta o la cocina (deliberadamente elegidos fuera de escena) que sostienen el desarrollo del suspenso. Es que hay algo oculto que amenaza con aflorar a cada instante. El trabajo actoral se esfuerza en alcanzar una naturalidad que choca con la intención de enrarecimiento propuesta por la autora. Tal vez el peso de ese pasado que arrastran sea demasiado grande para encuadrar en una historia mínima, en la que el tiempo juega en contra del desarrollo psicológico necesario de los personajes. O el deseo desde su costado oscuro exceda el planteo de la pieza.

