“El origen de los guardianes”
A no desanimarse con la animación. Otro cuento de Navidad en 3D surgido desde las entrañas de Hollywood, en este caso dentro de la empresa Dreamworks, podría sonar, y suena, a redundancia, a más efectos especiales sobreexpuestos por la tercera dimensión, a más manipulación emocional-para-niños, a más caramelo, a más envoltorio, a más de lo mismo. Pero no.
El origen de los guardianes* está, bajo casi cualquier canon, bien, incluso muy bien. No sólo en lo técnico, que eso siempre fue de suyo, y en lo narrativo, la otra especialidad de la fábrica de sueños californiana. Está bien, incluso muy bien, en su intencionalidad, porque aquí niños y adultos deberán deducir por qué la Navidad y las Pascuas son tan necesarias, por qué los buenos lo son aunque se equivoquen y por qué los malos podrían no serlo tanto, ya que se trata más bien de figuras trágicas; en su apelación a figuras míticas –Santa Claus, Jack Frost y el mismísimo Diablo–, a las que no teme desmitificar; en su no-centralidad en un personaje fácilmente identificable como un vehículo de la virtud, la aventura, la alegría y la felicidad, pues aquí el centro dramático se desplaza, se pone en cuestión, se niega. Cada uno de los personajes tiene su lugar, y cada uno representa algo de lo que los niños (y los adultos) quieren ser. En resumen, hay aquí una perspectiva madura, si no adulta, y, si cabe la palabra, artística, capaz de bañar un producto comercial como el que más.
Todo lo cual no es sinónimo de perfección ni de logros al cien por ciento. El comienzo es algo confuso y, por cierto, al totum le habría venido bien algunos toques más de humor (lo tiene más en las intenciones que en sus consecuencias) y muchos toques más de comicidad, que en rigor sólo abundan cerca del final. Pero una vez que el relato se pone realmente en marcha, que es cuando el jovencito Jack Frost se pone a la orden, sin proponérselo, de un ejército de benefactores universales encabezado por Santa Claus en persona y a quienes secundan el simpatiquísimo aunque no muy útil Sandman, un conejo de Pascua gigante y huraño y un ratoncito entrometido, la aventura adquiere emoción, se solidifica, se torna interesante, entretiene, conmueve y, por qué no, educa. Bastante similar, en tono y en méritos, a la inglesa Operación Regalo, de los estudios Aardman, estrenada a fines del año pasado en nuestro país, El origen de los guardianes se ve beneficiada por algunos plus poco frecuentes: la imaginativa dirección de Peter Ramsey, la humanización y no-exageración del malo de turno, un Diablo al que es bien posible entender, y, en especial, la notable banda musical que compuso Alexandre Desplat con reminiscencias de Beethoven, Chaikovsky, Stravinsky y tutti quanti, sin olvidar a los (mejores) jazzistas. Un placer aparte, pero perfectamente integrado al campo visual.
* Rise of the Guardians. Estados Unidos, 2012.