Brecha Digital

Espíritu deportivo

“Curvas de la vida”

No parece acertado definir a Clint Eastwood como a un viejo reaccionario. Como a muchos de sus compatriotas, se lo puede sí describir como un hombre contradictorio, tan pronto a barbotar opiniones harto conservadoras como, en el momento menos pensado, a convertirse en defensor de minorías discriminadas y explotadas. Muestra de esto último supo ofrecer en títulos más o menos recientes donde tomaba partido por una boxeadora imposibilitada (Million Dollar Baby) o por sus vecinos asiáticos (Gran Torino) hasta extremos que vale la pena sopesar para mejor entenderlo.

En el presente caso, Eastwood no dirige pero se ubica, además de en el papel protagónico, en la producción. Vuelve a encarnar a un veterano porfiado y cascarrabias aunque ahora en una historia ambientada en el mundo del béisbol. Por más que la curva del título se refiera al deporte mencionado y tenga bastante que ver con la conclusión del asunto, el tema que realmente importa en el desarrollo es la maltrecha relación que el personaje, una especie de consejero de peso en cuestiones beisbolísticas, mantiene con su hija (Amy Adams), una abogada en ascenso a quien no deja de gustarle el ambiente en el que se mueve su gruñón progenitor. Las idas y venidas en dicha relación, la vejez que parece echar sombras sobre las aptitudes del experto, las dudas de la muchacha en cuanto a aceptar una propuesta matrimonial, la atracción que sobre ella ejerce un joven del ambiente deportivo (Justin Timberlake), las opiniones demasiado computarizadas de gente que olvida observar lo que sucede a su alrededor en vivo y en directo, y la atención que puede merecer un mexicano fronterizo que opera como vendedor de comida en los partidos, forman parte del entretejido de una trama que el realizador Robert Lorenz (ex asistente de Eastwood) sabe hacer progresar de manera entretenida y bastante significativa, habida cuenta de algún lugar común que no llega a molestar.
Personajes bien delineados y un par de conflictos que trascienden la órbita del béisbol se integran para captar al espectador con la debida verosimilitud en un desarrollo que además se reserva dos o tres ironías acerca de los alcances del progreso en una actualidad donde no siempre se respeta a los verdaderos entendidos. El elenco, como sucede a menudo en el material proveniente del sello Malpaso, es de primera línea y vale la pena observar la figura amigable que compone el robusto John Goodman y la desenvoltura de Timberlake, como adecuado marco para el humano contrapunto que llevan a cabo Amy Adams –exacta en su combinación de enojo, energía y encanto de la mejor extracción– y el rabioso Eastwood hasta el peleado final de esta especie de fábula ejemplarizante que se sigue con gusto.

 

 Trouble with the Curve, Estados Unidos, 2012.

Escribir un comentario