Ventajas, dudas y algunos prejuicios

Biocombustibles

Cuando Henry Ford diseñó su legendario Ford T basado en el concepto revolucionario de la cadena de montaje, lo hizo pensando en el etanol, que según él era “el combustible del futuro”. Ya unos años antes, Rudolf Diesel había inventado el motor que lleva su nombre, probando con éxito el aceite de maní como combustible. Pero rápidamente los derivados del petróleo se impusieron como carburantes de uso generalizado.

 

ME GUSTA. Con la excepción de Brasil, que ya en 1973 con la crisis del petróleo lanzó su plan Pro alcohol, transformándose en el primer país que logró el uso sustentable del etanol, fue recién en los años 2000, con el ascenso vertiginoso del precio del crudo, que se renovó el interés mundial por los combustibles de origen vegetal. Existen dos tipos de biocombustibles, el biodiesel derivado de especies oleaginosas, compatible con el gasoil, y el etanol, proveniente de la fermentación de cultivos ricos en azúcares y que puede mezclarse con la nafta. Las ventajas del biodiesel sobre el gasoil son numerosas: es biodegradable y no tóxico; es oxigenado, lo que genera menores emisiones de monóxido de carbono y partículas, es decir, menos gases de efecto invernadero (gei); tiene alto poder lubricante, beneficioso para los motores; permite un manejo más seguro que el gasoil al tener punto de inflamación más alto; emite gases sin dióxido de azufre, principal responsable de la lluvia ácida, entre otras. Como contrapartida, genera 8 por ciento menos de energía por litro. Con respecto al etanol, comparte muchas de las ventajas del biodiesel, también actúa como oxigenante mejorando las emisiones de gases y reemplazando aditivos nocivos, y aumenta el octanaje de las naftas. Como contrapartida, consume de 25 a 30 por ciento más que éstas.
Desde su propia denominación con el prefijo “bio”, estos combustibles fueron vistos rápidamente como sinónimo de energía “verde” y valorados como una alternativa más limpia a los combustibles fósiles. Encajaron perfectamente dentro de categorías deseables como “energía renovable” o “recurso sostenible”, reduciendo la emisión de gei, dado que el dióxido de carbono es capturado de la atmósfera por los vegetales para luego liberarse una parte con los gases, sin que ello represente un aumento neto.1

YA NO ME GUSTA. Pero de a poco comenzaron a surgir controversias sobre la conveniencia de la producción de biocarburantes. Algunas investigaciones empezaron a poner en duda la magnitud de la reducción de gei, al incorporar en los cálculos el consumo de energía requerido en los procesos de producción y el impacto potencial sobre los bosques. Otras críticas apuntaron a la extensión de las áreas de monocultivos, a los procesos de deforestación, y al aumento del precio de los granos impulsado por la demanda adicional. Grupos ambientalistas fueron cambiando aplausos por abucheos, los biocombustibles comenzaron a llamarse agrocombustibles, y lo que era percibido como freno al calentamiento global, creación de “empleos verdes” y apuesta sustentable hacia la seguridad energética, pasó a ser visto como una amenaza para los bosques nativos, pérdida de soberanía alimentaria y fomento a un modelo de producción agrícola responsable del despoblamiento rural, entre otros males.2 Pero por encima de estas objeciones comenzó a sobrevolar un cuestionamiento más general de tipo ético, resumido en la frase de Fidel Castro cuando definió a los biocombustibles como esa “idea siniestra de convertir los alimentos en combustible (...) condenando al hambre a más de 3000 millones de personas”.3

¿Me gustará? Lo cierto es que los biocombustibles son la única alternativa sustentable a los combustibles fósiles para el transporte. En nuestro país la producción de etanol la realiza el complejo agroindustrial Alcoholes del Uruguay (alur). Inicialmente, cuando la empresa comenzó a funcionar en el año 2006, se limitaba a la producción de azúcar en su planta de Bella Unión, pero en la actualidad alur produce también etanol, biodiesel, alimento animal y energía eléctrica. En 2007 incorporó la planta de Paysandú donde se realizaba destilación de aguardientes y el añejamiento del Espinillar, comenzando a producir alcohol a partir de cereales. En octubre de 2009 se
inauguró en Montevideo la planta de biodiesel en las instalaciones de la aceitera Cousa, con capacidad para producir 18 millones de litros por año. Este biodiesel es producido a partir de la mezcla del aceite de girasol con metanol, y la fibra del girasol residuo de la molienda se utiliza para raciones de animales. Para el mes próximo está prevista la inauguración de la nueva planta en Capurro, a partir de la cual la empresa podrá elaborar en 2013 unas 45 mil toneladas de biodiesel, dos veces y media lo producido en 2012. Pero alur está construyendo además una nueva planta de producción de bioetanol en Paysandú, la cual estará operativa para fines de 2014, y producirá un volumen necesario para sustituir aproximadamente 10 por ciento de las naftas que consume el país, según estiman sus autoridades. Esta nueva planta será la primera en América Latina en procesar granos de sorgo como materia prima, pudiendo igualmente operar con maíz, cebada o trigo.4 En declaraciones a radio Uruguay, el director de alur, Leonardo de León, aseguró que se espera un aumento en la facturación de 25 por ciento para este año, y la proyección a 2015 indica que la producción de biocombustibles podría permitir sustituir entre 12 y 13 por ciento de combustibles de origen fósil.
Para un país pequeño y fuertemente dependiente de la importación de petróleo como el nuestro, parece de gran sensatez la actual política de diversificación de la matriz energética, dentro de la cual los biocombustibles son apenas un componente. La experiencia de alur opera además como un laboratorio de puesta en práctica de un modelo alternativo al grave fenómeno de sojización, un modelo basado en las particularidades socioambientales locales, concebido desde una lógica sustentable de gestión de los subproductos y reutilización de los desechos, reduciendo el consumo de agua para riego y el uso de fertilizantes. Si a esto le agregamos la importancia estratégica del desarrollo agroindustrial, con aporte de tecnología y generación de puestos de trabajo, muchas de las críticas a los biocombustibles sostenidas desde grupos ambientalistas o instituciones como el Banco Mundial, el fmi o la ocde, parecen ser más un prejuicio teórico que una crítica realista. Aunque otras críticas de recibo, como la presión sobre el precio de los cereales o la extensión de los monocultivos, podrán ser superadas recién con el desarrollo de las tecnologías de segunda generación, que ya no emplearán alimentos sino residuos agrícolas, forestales e industriales, aceites de cocina reciclados, algas, grasas animales y residuos orgánicos urbanos.
Pero el aspecto más cuestionado del proyecto alur son sus números en rojo, que rondarían los 65 millones de dólares, de los cuales habría que discernir qué parte corresponde a los carburantes, responsables del 56 por ciento de su facturación. Los biocombustibles son subsidiados por los estados en todo el mundo, pero pasado ya un período razonable desde la puesta en marcha del emprendimiento, se impone una evaluación profunda e integral de tipo costo-beneficios, que incorpore los aspectos económicos y financieros junto con los ambientales y sociales, para poder sacar conclusiones firmes sobre la pertinencia de esos subsidios y sobre la real sustentabilidad de alur como modelo agroindustrial alternativo.n

1.    www.ecodesarrollo.cl/descargas/AntecedentesBiodiesel _D.pdf.
2. http://www.greenpeace.org.ar/socios/revista/054.pdf.
3. http://www.granma.cubaweb.cu/secciones/reflexiones/esp-001.html.
4.    http://www.alur.com.uy/articulos/2013/ p-15-2-13.html.

Текстиль для дома, Вышивка, Фурнитура, Ткани
автоновости