Curva de aprendizaje
- Última actualización en 22 Marzo 2013
- Escrito por: Jorge Balmelli
La energía solar más allá de la planta de Salto
El pasado viernes 15 de marzo en el parque de Salto Grande se inauguró la primera planta de energía solar fotovoltaica de Uruguay. Generará suficiente energía para abastecer a 200 familias; aunque el proyecto es modesto, marca un antes y un después en el desarrollo de la energía solar en el país.
El director nacional de Energía, Ramón Méndez, explicó que la inauguración de la planta forma parte de la política energética del gobierno, que apuesta a las energías autóctonas y renovables. “Es muy difícil ver esto aislado del resto de la política energética, es un eslabón más dentro de una transformación global”, dijo Méndez a Brecha, aludiendo al cambio de la matriz energética del país, en el que ya se cuentan esfuerzos en materia de energía a partir de biomasa, energía eólica, hidráulica y otras.
“En lo que se refiere a energía solar hay dos formas tradicionales de usarla: la energía solar térmica, que permite el calentamiento de agua, y otra completamente diferente que es la transformación directa de energía solar en electricidad, para la cual hay muchas técnicas y tecnologías disponibles, pero la más usual es la fotovoltaica”, explicó el director. La diferencia entre ésta y otras alternativas a los combustibles fósiles es el precio. Méndez aseguró que la energía solar fotovoltaica es cara y los países que la introdujeron lo hicieron mediante subsidios, un camino que el gobierno prefirió evitar. “Ahora lo que está sucediendo es que los costos de los paneles fotovoltaicos se reducen año tras año, comenzamos a aproximarnos a costos que son comparables con los de producir energía en nuestro país.”
La planta de energía solar fotovoltaica Asahi (“nuevo sol”, en español) se hizo posible gracias al gobierno de Japón, que donó 7 millones de dólares y suministró la tecnología, mientras que el gobierno uruguayo invirtió 4 millones de dólares. Los paneles fotovoltaicos de la planta le dan capacidad para alimentar aproximadamente a 200 familias, un objetivo modesto pero que a los ojos del director nacional de Energía habilita una “curva de aprendizaje” con respecto a la energía solar en el país: entre otras cosas permitirá la capacitación de técnicos, incrementa las inversiones nacionales en materia de energía solar y pone a más uruguayos en posiciones clave en este tipo de proyectos.
IMPERIO DEL SOL. La historia de la energía solar en Uruguay comienza con algunos pioneros que incursionaron en la tecnología antes de que hubiera un mercado mínimamente desarrollado, pero comienza a adquirir una presencia fuerte a partir de la creación de la ley 18.585, conocida como ley solar. Promulgada en 2009, la norma declara de interés nacional “la investigación, el desarrollo y la formación en el uso de la energía solar térmica”, pero es más conocida por sus disposiciones más prácticas: obliga a clubes deportivos, centros de asistencia de salud, hoteles y edificios del sector público con elevado consumo de agua caliente a resolver con energía solar térmica la mitad de lo que se gasta en calentar el agua.
A partir de la aprobación de la ley el gobierno comenzó a apoyar e incentivar el uso de energía solar térmica de distintas formas, en un proceso que culminó con la reglamentación de la ley en 2011 y el lanzamiento del Plan Solar en 2012. Este último, un emprendimiento de ute, es tal vez la cara más visible del uso de energía solar en Uruguay en los últimos tiempos: un plan de estímulos para que empresas y hogares adquieran colectores de energía solar térmica mediante créditos y descuentos.
Todo esto en cuanto a la energía solar térmica: podría decirse que la energía solar fotovoltaica comienza a dar sus primeros pasos en el panorama uruguayo a partir de la
inauguración de la planta en Salto Grande. Consultado sobre el futuro de este tipo de energía, Ramón Méndez se detuvo en el concepto de “curva de aprendizaje”.
“Una primera etapa es la que iniciamos con esta planta: capacitar gente y aprender del recurso en sí mismo. La segunda, que está empezando ahora, es en la que interviene el ‘mercado real’, por llamarle de alguna forma. Ya estamos haciendo un primer llamado internacional para ver si hay interesados en venir a invertir en nuestro país, directamente para ser los dueños de la planta y vender la energía que se genera a la ute.”
En este sentido se va a lanzar un decreto por el cual el Ejecutivo le encomienda a la ute realizar dos tipos de llamados. El primero será un llamado para plantas chicas, de hasta cinco megavatios, que requieren inversiones de hasta poco más de 10 millones de dólares. El segundo buscará descubrir cuál es la realidad del mercado hoy en día: el Ejecutivo fijará el precio al que está dispuesto a pagar la energía fotovoltaica y anunciará que ute se compromete a adquirir la que se ofrezca por ese monto hasta un máximo de 200 megavatios. La “ventana” estará abierta durante cuatro meses y serán seleccionados los cuatro primeros proyectos que cumplan con las condiciones estipuladas.
UNA MALA PALABRA. “Un elemento central de nuestra política es que la introducción de energías renovables en la matriz energética se realiza sin subsidios”, dijo Méndez, explicando su postura sobre uno de los puntos más controversiales de la política energética del gobierno en materia de energía solar: la ausencia de subsidios.
“Nosotros hemos logrado hacer una adecuada selección de cuáles son las fuentes energéticas y las tecnologías más maduras en cada momento para no precisar subsidios. Los que piden subsidios quieren ir a un viejo Uruguay en el que los negocios privados fructificaban debido al subsidio del Estado. Esa es una mirada; la otra es que claramente hay algunos actores del pretendido mercado solar de Uruguay que piden subsidios para hacer rentable un negocio que no lo es. Esa es una política profundamente equivocada que sólo beneficia al empresario.”
La postura del director nacional de Energía le ha valido críticas desde el sector privado, donde la inflexibilidad en este tema es vista como un obstáculo para el desarrollo de un mercado solar. “Subsidio no es una mala palabra”, dijo a Brecha el presidente de la Cámara Solar del Uruguay, Eliseo Cabrera. “Subsidio es una inversión que hace el país para desarrollar algo y que luego que eso se desarrolla se quita. Debe entenderse como una cosa puntual para lograr un determinado resultado. Para el gobierno subsidio es mala palabra.”
Al hablar sobre el decreto de ley para los llamados a licitaciones, Cabrera se mostró escéptico: “El mercado no se crea con un decreto, hay que lograr una comunión, una confianza mutua para que las cosas se desarrollen. Creo que una medida adecuada de ciertos tipos de subsidios a ciertos tipos de situaciones puede hacer aparecer ese mercado que tanto anhelamos”.
Consultado por el futuro de la energía solar en el país, el presidente de la Cámara Solar dijo que en veinte años veremos a 2013 como el año en que “despegó la gráfica”, y abogó por una mayor integración entre los sectores público y privado en el marco de un “programa solar” que logre acuerdos entre los distintos actores y fije metas que sirvan como guía para el futuro de la energía solar en Uruguay.

