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Alur: mucho más que azúcar

ESPACIO CONTRATADO

Alcoholes del Uruguay (Alur) se ha convertido en sinónimo de la producción de azúcar en Bella Unión, pero desde hace varios años comenzó a diversificar su producción.
Se ha abocado fuertemente a la producción de biodiesel, bioetanol, alimento animal, energía y azúcar.
Conversamos con Leonardo de León, director de Alur, de cara a la inauguración de la nueva planta de biodiesel en Capurro.

—¿Cómo se dio la transición del azúcar a los combustibles alternativos?
—Alur comenzó en el año 2006 gestionando la cadena agroindustrial vinculada a la caña de azúcar en Bella Unión, la industria de la ex Calnu (Cooperativa Agrícola Limitada del Norte Uruguayo). Por años, mientras estuvimos en un proceso de inversión para instalar nuevas industrias, el azúcar era lo único que producíamos y comercializábamos. Estas inversiones, que forman parte de lo que llamamos la “fase uno” de alur, buscaron adaptar el complejo de Bella Unión para hacerlo más eficiente e incorporar la producción de bioetanol, alimento animal y energía eléctrica a partir de biomasa. Luego se instaló un complejo de producción de biodiesel en Paso de la Arena y una pequeña planta-destilería en Paysandú. Todo esto permitió que desde 2010 en adelante fuéramos incorporando esos otros productos: el azúcar pasó de ser el 100 por ciento de nuestro producto, con una facturación de cerca de 25 millones de dólares, a ser el 22 por ciento, pese a lo cual la facturación fue, en 2012, de casi 140 millones de dólares  (ver gráfica).

—¿Cuál es la “fase dos” de alur?
—La de nuestros nuevos proyectos, entre ellos la nueva planta de biodiesel en Capurro, que va a inaugurarse en el mes de abril, y la nueva planta de bioetanol que se está instalando en Paysandú y estará operativa en el último trimestre de 2014. Esta nueva fase permitirá aumentar nuestra producción de bioetanol, de biodiesel y alimento animal.

—¿Qué clase de aumento podrá verse?
—Para hacerse una idea, hoy en día nuestra producción de azúcar ocupa un 60 por ciento del mercado al consumo del país; la de bioetanol permite que haya una mezcla del 5 por ciento con las distintas naftas; en el caso del biodiesel entre 2,5 y 3 por ciento de mezcla con gasoil, y finalmente, en la alimentación animal hemos sustituido entre un 35 y 40 por ciento de las importaciones en el país.

—¿Qué puede decirnos sobre la nueva planta de biodiesel en Capurro?
—Es una planta muy flexible: permite industrializar desde aceites de origen vegetal hasta grasa vacuna, incluso aceites domésticos reciclados, que hoy por hoy son un problema medioambiental. El biodiesel que se produce en la región generalmente se hace a partir de soja o palma aceitera en algunos países tropicales. En nuestro caso hemos logrado diversificar fuertemente y usar distintas materias primas. En la actualidad producimos unas 17 mil toneladas de biodiesel al año, con esta planta produciremos unas 60 mil.

—En cuanto a la agricultura, ¿destinar la tierra al cultivo de materias primas para el biodiesel perjudica de alguna forma la posibilidad de aprovechar la misma?
—Ese ha sido un tema de debate a nivel mundial, pero no es un problema de los biocombustibles en sí, sino del modelo productivo que predomina. Hay un proceso muy fuerte que ha existido en el sector agroalimentario frente a los biocombustibles, donde el primero está en manos de unas pocas corporaciones que controlan desde la producción de esos alimentos hasta las cadenas de comercialización, la logística, etcétera. El gran tema es que eso ocurra también con el sector agroenergético. Si lo que se decidió antes es que el Estado sea quien participe en la producción, este es el que define que las cadenas productivas no sean sólo energéticas. ¿Qué estrategia tenemos nosotros para este problema del desplazamiento de la producción de alimento? Usar materias primas que cuando entran a la industria puedan ser usadas para producir energía al igual que alimento. Lo importante es la flexibilidad de la industria y tener un modelo de producción que permita la inclusión del pequeño y mediano agricultor. Si todos tus proveedores son grandes productores también ahí habrá un problema de desplazamiento. Hemos definido que nuestras cadenas productivas tienen que ser inclusivas: tiene que participar el pequeño y mediano agricultor

—¿Por qué cree que el Estado decidió apostar en Alur para el proyecto de cambio de matriz energética?
—Primero porque nosotros formamos parte de una política energética que ha definido el Uruguay: tener una matriz energética diversificada, cada vez más soberana y con un componente fuerte de energías renovables. Después hubo una decisión de ancap de integrarse con la producción de biocombustibles y no ser sólo el que los compre y mezcle. Ahí hay una definición estratégica: se decidió que fuera una empresa del Estado. Se entendió que por ser un tema energético y alimentario lo mejor era que hubiera una empresa estatal ejecutando la política definida, y que al mismo tiempo tenga una articulación muy fuerte con el sector privado.

—¿Cómo describiría la relación que tienen con el sector privado?
—Es muy fuerte. Participan productores y proveedores de distintas zonas del país, industrias que hacen algunos procesos para nosotros, prestadores de servicios, etcétera. Es tan fuerte la articulación público-privada que por cada litro de biodiesel o etanol, cada quilo de azúcar o alimento animal que se produce, hay una participación de entre 75 y 85 por ciento del sector privado.

—¿Cómo es la generación de puestos de trabajo en Alur?
—Yo creo que como cualquier emprendimiento, este tiene que tener tres pilares: el económico, el ambiental y el social. Conozco muchos emprendimientos que tienen un impacto fuerte en lo económico pero no en lo ambiental o lo social. Nosotros hemos buscado desde el principio tener éxito en los tres. Actualmente hay vinculadas cuatro mil personas en actividad directa e indirecta alrededor de nuestras plantas. Hay un número importante de agricultores, no sólo en Bella Unión, también en Paysandú, y habrá muchos más proveedores cuando construyamos la planta nueva en ese departamento. También están todos los agricultores vinculados a la producción de biodiesel en el sur: ahí también hay trabajadores en las industrias, trabajadores rurales, productores, transportistas, etcétera. Hay un número muy grande de servicios del sector privado que tienen una parte importante en esta cadena productiva.

—¿Qué avances proyecta Alur en materia de sustitución de alimento animal y petróleo para los próximos años?
—A partir de 2015, cuando tengamos las plantas nuevas, vamos a sustituir alimento animal, gasoil y petróleo por un monto que anda en el entorno de los 170 o 180 millones de dólares. Y eso a los precios actuales, que sabemos que no van a mantenerse iguales. Alur llegará a casi triplicar la facturación actual.