Una energía que llegó para quedarse
Si el país logra la logística adecuada, en pocos años más de una quinta parte de la energía eléctrica que se necesita la generará a través del viento. Algo impensado no hace mucho tiempo atrás, y que distinguiría a Uruguay por poseer “la mayor proporción en el mundo de quilovatio eólico por habitante”. Algunas aventuras desplegadas en la Sierra de los Caracoles, de Maldonado, tienen mucho que ver en el asunto.
En la Sierra de los Caracoles la vista se pierde hacia el norte en una hilera de gigantescos molinos que surcan la cima de pastos ralos, arbustos y piedras. El viento sopla con intensidad, cortado por las aspas que giran, con aparente lentitud, aportando su energía a la red eléctrica de ute.
Un poco más arriba, un grupo de águilas planea en busca de presas ocultas en la mata autóctona. Lejos, a unos 20 quilómetros al sur, se divisa la masa grisácea de las casas de San Carlos, y aun más lejana se difumina la silueta de los edificios de Punta del Este contra el mar. Un camino de pedregullo baja, serpenteando, entre escasas viviendas permanentes y coquetas estancias de reciente construcción, hasta bifurcarse una y otra vez rumbo a las rutas 9 y 39. Por allí ascendieron durante meses, a paso de peatón, los camiones que transportaron las estructuras de los aerogeneradores desde el puerto de Montevideo. Más adelante, otro camino de tierra y piedras es una cicatriz que atraviesa la sierra y avanza hacia el norte del departamento de Maldonado. Varios hombres construyen las bases de hormigón para los 25 molinos que la firma R del Sur prevé montar para fines de 2014.
Literalmente, hubo que andar mucho trecho para llegar a este punto. Pero es sólo el principio. Un paisaje similar se apreciará en la vecina Sierra de Carapé, cerca del Cerro Catedral, cuando Fingano sa comience a erigir los 17 molinos ya adjudicados por ute, aunque todavía espera aprobación de la Junta de Maldonado.
EMBLEMA. La Sierra de los Caracoles constituye un emblema del desarrollo del recurso eólico. Allí se respira futuro desde que, en el año 2000, se instaló el primer molino experimental de ute en conjunto con la Facultad de Ingeniería de la Universidad de la República. Si bien por un tiempo el proyecto de producir energía a partir del viento pareció congelarse, los científicos uruguayos no dejaron de trabajar. Esa fue una de las claves para que en 2008 cobrara fuerza la idea de diversificar la matriz energética nacional, a fin de depender menos del precio del petróleo y de la energía de los países vecinos.
A la cabeza de ese equipo de investigación está el ingeniero José Cataldo,* orgulloso de haber trabajado durante 25 años para llegar a este momento. Los nuevos emprendimientos asociados con ute “dotarán al país de un componente eólico muy significativo, incluso superior a lo que es la realidad en países donde ya esta explotación es importante”, sostiene. “Para tener una idea del tenor de la explotación del recurso eólico, de acá a unos cinco años la participación de la energía eólica en la matriz energética total de Uruguay será mayor a la que tiene un país como Dinamarca –grafica–. Esa es la peculiaridad que presentará el país. En términos de potencia instalada, estará encima del 20 por ciento”.
La Sierra de los Caracoles también es un orgullo para la gente de Maldonado. “Lo más relevante es que acá comenzó la producción efectiva de energía eólica y esos proyectos fueron la avanzada de un proceso que ahora involucra a todo el país”, rescata Máximo Oleaurre, más conocido como director general de Movilidad Ciudadana de la Intendencia de Maldonado, miembro de un grupo que lleva cinco años pensando en todo lo que falta ajustar para lograr el pretendido desarrollo eólico departamental. De hecho, pocos saben que Oleaurre, el ingeniero Jorge Hourcade, el economista Mauro Mendiburu y el productor Julio Pereira –todos jerarcas de la Intendencia– se reúnen periódicamente para analizar puntos clave en esta materia y hacer propuestas al gobierno.
Comenzaron a trabajar en 2008, movidos por las múltiples llamadas y pedidos de auxilio que los propietarios de campos en la Sierra de los Caracoles hacían a la oficina de Desarrollo Local. Es que, con un mapa de vientos donde esa serranía aparecía como una de las mejores del Cono Sur para la producción eólica, decenas de intermediarios y agentes inmobiliarios rondaban a los hacendados en busca de terrenos para instalar molinos. “Era gente con diferentes grados de educación, que sabía muy poco de la rentabilidad de estos emprendimientos. Había que informarlos y negociar y la Intendencia fue el nexo, hasta que conseguimos que cada uno cobre 4 mil dólares anuales por cada molino instalado”, se ufana Oleaurre, porque lograron “un resultado mucho mejor al esperado”.
“La economía del campo cambió notablemente. No hay ninguna producción en zona serrana que iguale esos valores”, enfatiza. Y sueña con transformar toda esa zona en un gran atractivo turístico, como ocurre en un parque brasileño al que llega un millón de visitantes al año. Cree que sería un excelente complemento del tradicional “sol y playa” de Maldonado, aunque para eso habrá que reconvertir a varios productores y mostrarles lo ventajoso que puede ser explotar el turismo rural.
CUENTAS PENDIENTES. Aún existen algunas áreas grises que trabajar en el vanguardista Maldonado, donde hay abundante tierra para explotar el viento. Habrá que definir en qué lugares seguirán instalándose molinos y cuáles quedarán vedados para ese tipo de producción.
El ingeniero Hourcade es, en este grupo, el encargado de establecer las bases para una zonificación que quedaría elaborada este año, para luego ser aprobada al amparo de la ley de ordenamiento territorial y medio ambiente. Eso implica que todo el proyecto será sometido a consideración de los pobladores, primero en puesta de manifiesto y luego en audiencia pública, afirma.
Por otra parte, la Facultad de Arquitectura de la Udelar analiza el paisaje del territorio rural y ya existe una investigación científica sobre cómo las aspas de los aerogeneradores podrían afectar a la avifauna y los mamíferos voladores (o dicho de otro modo: los murciélagos) en la serranía. Estos factores serán determinantes a la hora de planificar qué territorios se destinan a esta actividad, dice Hourcade.
Otro asunto que se está analizando es la incidencia sonora de las aspas sobre la población circundante a los molinos: algunos paisanos afirman que en ciertos días se escucha un silbido “bastante molesto”, y así también se podrían ver afectados los turistas y parte de la fauna autóctona.
Más importante aun será dar respuesta al impresionante movimiento de camiones cargados con las piezas de los molinos, que en los próximos meses harán crujir las rutas 9 y 39 y los caminos vecinales rumbo a la sierra, advierte Oleaurre, ahora más cercano a su rol de jerarca de Tránsito. Habrá que adaptar puentes y sendas, y aunque esto correrá por cuenta de las empresas debe ser cuidadosamente planificado.
La Sierra de los Caracoles, empero, tiene grandes competidores en el desarrollo de la energía eólica. Porque si bien cuenta con “el mejor viento del mundo”, al decir de Oleaurre, este no es el único factor que un privado evalúa al elegir dónde emplazar un parque.
Según el ingeniero Cataldo, cuya área elaboró el mapa eólico de Uruguay, los mayores registros se dan en el sur y los menores en el norte. Sin embargo, todo el país es apto para la explotación eólica y no siempre el sur es más redituable. A modo de ejemplo, cuenta que los privados encuentran el norte más atractivo porque las parcelas son de mayor tamaño y hay menos propietarios con quienes negociar derechos que en el sur.
Además las colinas, que generan tanto viento cerca de la costa, se tornan adversarias cuando se trata de abrir caminos y mover maquinaria para transportar los aerogeneradores.
La cercanía con las redes de distribución eléctrica a las que volcar la energía del viento constituye otro factor de consideración. Aunque el presidente de la Asociación Uruguaya de Energía Eólica (audee), Edgardo Ferruccio, entiende que hubo grandes avances en esa materia y que la línea que llegará desde Brasil hasta Melo (Cerro Largo) y San Carlos (Maldonado) terminará por formar un “anillo” de redes desde Artigas hasta el Chuy (Rocha). Por otra parte, existe un incipiente interés de ute por explotar terrenos llanos pertenecientes al Instituto Nacional de Colonización, acotó Cataldo.
VIENTO ESTEÑO. Lejos de significar una competencia para Maldonado, este panorama abre nuevas expectativas. El intendente Óscar de los Santos lleva meses pergeñando la creación de una empresa regional gestionada por los gobiernos departamentales del este en asociación con privados que se encargaría de las obras. Esto permitiría a las comunas cubrir el consumo de energía para alumbrado eléctrico y calefacción, aseguró Oleaurre. Significativo, si se tiene en cuenta que por este concepto Maldonado paga a ute 700 mil pesos mensuales y que otras intendencias se han endeudado hasta la médula con el ente energético.
De eso ha hablado De los Santos varias veces con el presidente José Mujica, partidario de la regionalización en este y otros asuntos de desarrollo.
Con vistas a este plan, los gobiernos departamentales firmaron un acuerdo en Minas (Lavalleja) a fines de 2012 y la Oficina de Planeamiento y Presupuesto está realizando un estudio de “pre factibilidad” de la producción eólica regionalizada.
Oleaurre explicó que trabajan en un proyecto para llegar a un acuerdo con ute y que el ente haga un precio especial por la energía eólica que se produce, además de considerar el costo de peaje que cobra por la red de distribución.
Así, el desarrollo de la energía eólica en Maldonado no se agota en sus majestuosas serranías. Por el contrario, la posibilidad de que existan otras zonas aptas para explotar el viento del este es una nueva oportunidad para innovar.
* Jefe de la sección eolodinámica del Instituto de Mecánica de los Fluidos e Ingeniería Ambiental (imfia) de la Facultad de Ingeniería de la Universidad de la República.
Con el presidente de la Asociación de Energía Eólica
Dolores de crecimiento
Para el técnico Edgardo Perruccio, presidente de la Asociación Uruguaya de Energía Eólica, el mayor desafío es adaptar los recursos nacionales a los requerimientos de una nueva industria que en apenas cuatro años abastecería más de la quinta parte de las necesidades eléctricas.
—¿En qué medida las carencias logísticas afectan la viabilidad de los proyectos?
—Lo normal es que se instalen aerogeneradores, en promedio, de dos megavatios. ute tiene un bono de premio a los proyectos que operen antes del 31 de diciembre de 2014. Las dos últimas licitaciones fueron de 85 dólares y 65 dólares el megavatio, y quienes operen hasta esa fecha tendrán un plus que complemente ese valor hasta llevarlo a 110. Para algunos parques este es uno de los factores que viabilizan el proyecto. La sincronización, la habilitación, que aparezcan los recursos y generar espacios para almacenar los equipos es realmente complejo. Eso para la eólica es un drama.
—¿Por qué se da esta situación?
—Ningún país está preparado para que, de golpe, le instalen el 30 por ciento de su matriz energética. Hemos construido un marco legal, estudios de trabajo y equipos, y realizamos proyectos. Ahora viene el momento de que esos planes se conviertan en parques funcionando y volcando esa energía a la red. Una etapa fundamental es que lleguen del exterior partes como la góndola, que es la más grande y donde está el generador, que pesa 70 toneladas en un aerogenerador promedio. Tienen que venir desarmadas porque no son manejables.
—¿Sólo es posible ingresarlas por el puerto de Montevideo?
—Es bastante remoto poder usar otros, porque hay que llevar grúa y equipos. Así que primero los aerogeneradores entran por Montevideo, luego tienen que salir del puerto e ir a su destino final. Eso implica que vengan ordenados uno detrás del otro, que se haga la gestión en Aduanas, que haya equipos de transporte, inspectores, habilitación de circulación por las vías y que lleguen a un lugar preparado. Todo eso es muy difícil de coordinar desde el comienzo, porque cada fábrica tiene una fecha de entrega en su contrato y luego que la entrega al buque de transporte se desentiende de si llega o no.
—¿Y qué ocurre una vez que llegan?
—Tiene que estar esperándolos el equipo de transporte, y los inspectores para ordenar la carga, porque un solo aerogenerador puede llevar 14 camiones y lo que representa un quilómetro de largo. Y vamos a tener alrededor de cinco o seis camiones transitando continuamente con equipo eólico en una carretera. Tenemos que ser ingeniosos para crear áreas fiscales donde depositar los aerogeneradores y dejar libre el puerto, para que Aduanas pueda realizar su trabajo. No se requieren leyes, los ministerios y organismos están habilitados legalmente para generar procesos especiales. El asunto es que tenemos una gran descoordinación. En las licitaciones figuran fechas de entrega, de habilitación. Pero luego viene la realidad y en eso estamos trabajando hace dos años, incluso en equipo con el miem. Se va solucionando paso a paso. A los proyectos que están en juego intentamos encontrarles soluciones. Las empresas logísticas están consiguiendo terrenos de depósito, proponiendo que los habiliten como áreas fiscales provisorias, y están comprando equipamiento de transporte usado.
—¿Es poca la experiencia práctica?
—Estamos batiendo récord. Son 1.200 megavatios. Vamos a tener la mayor proporción en el mundo de quilovatio eólico por habitante. No hay una experiencia así de grande en Uruguay. Pero lo estamos haciendo y, afortunadamente, tendremos desafíos a resolver. Vamos a tener una recompensa muy importante: la estabilidad de la matriz eléctrica en lo que se refiere a su costo por 20 años.
Redoblar la investigación
José Cataldo entiende que la participación de la energía eólica en más del 20 por ciento de la matriz energética servirá para absorber el aumento del consumo: “El déficit importante se viene paliando haciendo inversiones en centrales térmicas. Pero seguiremos teniendo un crecimiento de consumo de al menos 3 por ciento y hay que incorporar las unidades de generación que satisfagan ese incremento. A lo largo de un cierto tiempo, la eólica permitirá absorber esos incrementos del consumo energético que se registrarán en el país”, vaticinó.
También remarcó que para establecer la mejor forma de distribuir los generadores en todo el territorio se investiga la modulación del viento o las fluctuaciones de energía eólica. Además, ute estudia “con mucho cuidado” qué pasa con la energía eléctrica que llega al usuario, debido a que los aerogeneradores están conectados y la generación puede fluctuar con el viento. O qué le pasa al sistema si por exceso o déficit de viento se desconectan los aerogeneradores. O cómo predecir la cantidad de energía eólica que habrá en unas horas o unos días.
En ese sentido, la dificultad radica en los escasos 50 megavatios instalados. Eso complica las predicciones, pero no es sólo un problema nacional: “Hay temas que hoy países como España, Alemania o Dinamarca, con un desarrollo eólico muchísimo más grande, no los tienen resueltos”.
“Toda esta evolución se dará en pocos años; se pudo haber realizado en forma más atenuada, pero no ocurrió así. Eso nos obligará a ser más imaginativos y generar más conocimiento”, se alegró el científico. No duda de que esto es apenas el principio.