Contra viento y marea
- Última actualización en 30 Noviembre 2012
- Escrito por: Florencia Soria
Sobre la cooperativa Calcar
Más de medio siglo de historia. Una cooperativa que comienza, chiquita, en una ciudad del Interior pero que llegó a pararse firme frente a la competencia internacional. Una empresa que logró adaptarse a los nuevos cambios tecnológicos, creciendo y diversificándose, sin perder nunca su esencia solidaria.
Corría el año 56. El país ya estaba ajetreado por los aires sesentosos y el auge del cooperativismo. Carmelo era por entonces una ciudad de poco más de 12 mil habitantes, crecida al margen del arroyo Las Vacas. Como buen pueblo del Interior, se abastecía de la leche cruda que los productores locales transportaban desde la periferia rural en tarros cargados en camioncitos o carros.
Pero la armonía de los carmelinos se quebró cuando la industria lechera comenzó a dar sus primeros pasos en la ciudad. Uno de aquellos productores de la zona, Nito Ibaldi, decidió instalar una usina pasteurizadora para producir leche y manteca de calidad, poniéndose a tono con los controles cada vez más exigentes del Estado y el mercado.
Fue entonces cuando se desató el “lío de la leche”. Unos 20 o 30 tamberos, que vieron amenazados su trabajo y su subsistencia, impulsaron grandes manifestaciones en contra del nuevo emprendimiento. En menos de diez días, Ibaldi aceptó la propuesta de colectivizar su capital.
“Nosotros siempre decimos que Calcar nació como cooperativa y que hasta el día de hoy se mantiene bajo esa forma, pero en realidad nació al impulso de una persona que, por un acto de grandeza o presionado por las circunstancias, abrió el capital”, cuenta el gerente de la empresa, Hugo Pareschi, sonriente ante la ironía de la historia.
LA EMBESTIDA MULTINACIONAL. Desde aquel entonces Calcar sumó socios –hoy llegan a 170– y creció en su infraestructura –con una planta en Tarariras y otra en Carmelo–, pero en la década del 90 debió enfrentar algunos embates. Parmalat llegó al país y buscó comprar varias empresas del rubro, entre ellas la de Carmelo. Algunos productores socios creyeron que era una buena oportunidad, que la cooperativa no iba a resistir la presión de las multinacionales, que no tenían capacidad de inversión y de avance tecnológico para competir y que, por tanto, Calcar debía venderse.
Pero ganó la otra opción, la de aquellos tamberos que admitían una asociación con Parmalat, pero no iban a ceder la gerencia de la empresa. Y como la compañía italiana no aceptó esta alternativa, no hubo venta. Conaprole también intentó sin éxito comprar la empresa en esos años.
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