Brecha Digital

Pros y contras de la apuesta autogestionaria

Empresas recuperadas por sus trabajadores

En 2010 y 2011 un equipo del Instituto de Economía de la Universidad de la República llevó a cabo un estudio sobre las cooperativas de producción existentes en Uruguay.* “Fue prácticamente un censo, porque relevamos a su casi totalidad”, comentó uno de los autores de la investigación, Andrés Dean. El trabajo desmintió algunos de los muchos prejuicios en torno a estas formas organizativas, prejuicios que tienen la piel dura y todavía persisten. En diálogo con Dean, Brecha se interesó en especial por lo referido a las empresas recuperadas por sus trabajadores. A continuación, un resumen de las declaraciones del economista.

 

No todas las empresas recuperadas por sus trabajadores se han organizado como cooperativas. Algunas han tomado la forma de sociedades anónimas, como Envidrio y Urutransfor; otras son mixtas, como Funsa, una sociedad anónima cuyo paquete accionario está controlado por una cooperativa.
Tampoco es fácil determinar qué es en realidad una empresa recuperada. Nosotros definimos un criterio: llamamos recuperadas a aquellas empresas cuyos socios fundadores integraban la sociedad capitalista anterior y heredaron parte del capital de ésta (local, maquinaria). Pero tampoco basta, porque puede haber empresas que tengan esas condiciones y no se “sientan” como recuperadas, y otras que crean serlo y no cumplan estrictamente esos requisitos.
En nuestro trabajo relevamos a unas 200 cooperativas de producción (193 con exactitud), de las cuales el 58 por ciento (112) fueron clasificadas estrictamente como cooperativas. El resto tenía más del 20 por ciento de asalariados en la plantilla. De esas 112, la quinta parte (unas 23) se autoidentificaban como “recuperadas”, pero usando nuestro criterio global –es decir que además de esa autoidentificación un sector significativo de sus trabajadores integrara la empresa anterior y que la cooperativa hubiera heredado al menos parte del capital de esta última–, su número quedaba reducido a 17, el 15 por ciento del total.
Otros datos importantes: las 112 cooperativas sumaban alrededor de 4.800 trabajadores, y las recuperadas 1.525 (32,3 por ciento del global de cooperativistas), si se consideraba como criterio discriminatorio la autoidentificación. Tomando en cuenta las otras variables, se reducirían a un máximo de 929 trabajadores.

ESPECIFICIDADES. Las recuperadas tienen características propias dentro de las cooperativas. Eso les da ventajas y dificultades propias. Las ventajas: contrariamente al lugar común según el cual se trataría de empresas más pequeñas que la media, suelen ser más grandes; al heredar la estructura o la inserción de la empresa anterior; tienen un mejor conocimiento del mercado, y un mayor vínculo entre los trabajadores.
La desventaja más sensible es que están insertas en un sector de actividad donde la empresa capitalista anterior fracasó. Si ese fracaso se debió a fallas de gestión no es un problema, pero si se debió a que operaba en un sector en retroceso tecnológico, puede repetirse.
Otra desventaja tiene que ver con el proceso de transformación. Cuando una empresa capitalista cierra y los trabajadores la empiezan a gestionar, lo que queda de la vieja empresa no es lo que estaba antes: los acreedores se llevan parte del capital, y la gente no es la misma. Se da un proceso de decantación por el cual los trabajadores más calificados, con mayores posibilidades de conseguir trabajo afuera, se van. Los que quedan son por lo general los de menor calificación y mayor edad, lo que genera un sesgo problemático en la masa social.
(Una investigación de la Unidad de Apoyo de Empresas Recuperadas del Ministerio de Trabajo que data de 2009 señala que la mitad de los trabajadores de estas cooperativas tienen entre 40 y 60 años, y que menos del 3 por ciento tiene educación terciaria.)

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