Cuando el cooperativismo es motor de lucha

Germinal Azaretto

Nació en el año de la revolución bolchevique. Fue obrero, sindicalista y comunista. Por lo mismo, y aunque sus camaradas no lo entendiesen, supo que también debía ser cooperativista. A su turno, defender la cooperativa, lo transformó en ambientalista. Germinal y su bicicleta pueden pertenecer al siglo pasado. Su rumbo puede orientar en éste.


“Hace pocos días se le otorgó el Quijote a la cooperativa de Tebelpa i”, me comentaba en el año 2000 Gustavo González, secretario general de fucvam. “El Quijote es una estatuilla de reconocimiento que fucvam entrega a aquellas cooperativas que se han destacado más allá de lo arquitectónico. Porque nosotros queremos construir no sólo viviendas sino barrios, hábitats socialmente útiles y dignos. Se le otorgó porque de alguna manera Tebelpa ha peleado contra molinos de viento. Yo quisiera que quien no es cooperativista pudiera retroceder en el tiempo e imaginarse qué hacer para convencer, al gobierno y a la Dirección Nacional de Viviendas de aquella época, de que en un vivero iban a construir 200 viviendas. Hay que tener en cuenta que en esa época, en los años setenta, a los cooperativistas nos llamaban ‘los locos de los palomares’, decían que éramos ‘fiolos’ porque hacíamos trabajar a las mujeres en la construcción, que éramos bandidos o sinvergüenzas, porque decíamos que sin plata íbamos a construir. Entonces, en aquellas épocas el cooperativismo era ciertamente quijotesco.”
En efecto, entre 1971 y 1976, “en esa época en que el cooperativismo era quijotesco”, nació Tebelpa I, ese complejo de viviendas situado entre Doctor Pena e Islas Canarias, a pocos metros de avenida Garzón, construido en un predio con centenares de árboles. El esfuerzo de cientos de obreros textiles y la imaginación de un arquitecto hicieron posible que derribando sólo un 5 por ciento del arbolado se pudieran instalar allí 200 viviendas. Por eso es que también se la llama la “cooperativa jardín”, con su característica calle central flanqueada de viejos olivos.
El acrónimo Tebelpa indica su apertura hacia tres barrios populosos de Montevideo: La Teja, Belvedere y Paso Molino. “Tebelpa: un ejemplo de la mejor arquitectura nacional”, afirmó alguna vez el arquitecto y ex intendente de Montevideo Mariano Arana. “Espero que algún día a alguien se le ocurra colocar esta joya de la arquitectura en una agencia turística”, escribió a su vez Gustavo González, expresando un deseo que por ahora sigue siendo sólo una esperanza.
Pero hablar de cooperativismo en la vivienda y hablar de Tebelpa I es hablar de su fundador, Germinal Azaretto. Para los que saben la historia, este fue el obrero textil, miembro activo del cot, que alguna vez creyó posible que 200 familias obreras pudieran tener su casa propia. Otros, vecinos de esa conjunción de barrios por donde se extendió su acción solidaria, todavía lo recuerdan como “el viejito de la bicicleta”, porque con ella aparecía en todas partes donde se requería su presencia, donde había una razón para luchar. Nacido en 1917 en Buenos Aires, hijo de militantes anarquistas, su nombre, Germinal Libertario, evocaba los sueños e ideales de sus padres, la esperanza de una sociedad nueva y libre, viejas luchas proletarias, una novela popular. Dos nombres que obligaban a hacerles honor y que marcaron a fuego su vida.
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