Un oasis en la jungla mexicana

Cooperativa Acapatzingo, barrio La Polvorilla, ciudad de México

Construir mundos alternativos en una urbe de más de 20 millones de habitantes parece un sinsentido.
El espíritu cooperativo y comunitario de algunos miles de personas está desafiando el individualismo de los más
y la indiferencia de las autoridades. Los pesados portones se abren lentamente, como desafiando la paciencia del visitante. Un par de mujeres preguntan nombres y motivos de la visita, escudriñan una lista bajo el sol inclemente del mediodía y con gestos suaves indican que se puede entrar. Es el ritual por el que deben pasar todos los visitantes, que sólo pueden acceder a “la comunidad” si han sido previamente invitados por algún vecino, quien se hace responsable del comportamiento de sus convidados.
El exasperante ritual tiene su lógica, que sólo se comprende una vez dentro, cuando se comprueba que en la cooperativa que alberga a 596 familias los niños y las niñas juegan con entera libertad en los espacios infantiles, sin la vigilancia cercana de sus madres, algo que sería inimaginable en el resto de la ciudad, donde impera la ley de la selva en un país ultrajado por la guerra entre el gobierno y las más diversas bandas criminales.
La Cooperativa Aca-patzingo, en el barrio La Polvorilla en el sudeste de la ciudad, erigida sobre lo que fue una cantera, tiene una rara vocación de construirse como un mundo integral y autónomo: en un amplio espacio donde se levantan casi 600 viviendas de dos pisos, construyeron plazas de deportes para niños y adolescentes, una especial para la tercera edad, una radio comunitaria, escuela, liceo, clínica de salud y un vivero para compartir alimentos. En los próximos meses empiezan a construir un teatro al aire libre.

LA HISTORIA LARGA. El terremoto de 1985 en la capital mexicana fue un quiebre significativo. La confianza en el histórico pri, el partido de la revolución mexicana, cayó con la misma fuerza que los pesados edificios erigidos por constructoras tramposas. Miles de vecinos se cansaron de esperar que la burocracia estatal-partidista resolviera sus necesidades, y se lanzaron a socorrer a las víctimas y apoyar a los que habían perdido sus viviendas.
Los sin techo se organizaron y nacieron vastas organizaciones que aún sobreviven. En el camino quedaron los que fueron cooptados o comprados por el Estado clientelar. Se sucedieron las ocupaciones, algunas, como las colonias frente a la universidad autónoma (unam), de hasta 100 mil vecinos. La capital mexicana creció de forma exponencial, impulsada por la autoconstrucción de millones de familias.
Enrique Reinoso fue uno de los fundadores del Frente Popular Francisco Villa, que desde 1987 realizó decenas de ocupaciones de predios baldíos en la capital. En 1995 ocuparon el predio donde hoy se erige Acapatzingo, construyeron viviendas precarias donde se alojaron los sin techo y comenzaron a trabajar para levantar las viviendas definitivas.
“El primer aprendizaje –explicó Reinoso a Brecha– fue que la vivienda no es digna, sino que la dignifica el que la habita.” Se organizaron de una forma peculiar, diferente a las cooperativas urbanas que conocemos en Uruguay. “Tenemos brigadas de 25 familias y cada brigada nombra un responsable para cada una de las comisiones: vigilancia, mantenimiento, cultura, prensa, y esas comisiones nombran representantes a un consejo general. Acá tenemos 28 brigadas. La brigada facilita la participación de las familias porque generan núcleos donde hay una socialización intensa, y se convierten en correas de trasmisión hacia las familias y hacia la coordinación de la cooperativa.”
El diseño urbano privilegia también la microsociabilidad, ya que las viviendas de una misma brigada están pintadas del mismo color, de modo que nadie pueda confundirse. Aunque los edificios fueron levantados por una empresa privada y financiados por el municipio, todos los espacios colectivos, incluyendo el saneamiento, fueron obra de la cooperativa.
La asamblea general mensual es el órgano máximo, pero todas las decisiones importantes se debaten, antes y después, en cada una de las brigadas. Cada familia tiene un voto. El reglamento interno fue largamente debatido y consensuado: regula el uso de las áreas comunes, en las que está prohibido el consumo de alcohol, así como castigar a niños y mujeres. “La policía no puede ingresar armada y debe informar previamente a la brigada de vigilancia”, explica Reinoso.

.. PARA LEER EL CONTENIDO COMPLETO DE LA NOTA SUSCRIBITE A BRECHA DIGITAL, arriba a la derecha.

Текстиль для дома, Вышивка, Фурнитура, Ткани
автоновости