- 26 Abril 2013
Amor y reticencia
Pereda, el poeta
“Con la poesía no vale exponerse a ser aficionado o profesional, sino amante.”
Fernando Pereda
El primer y único libro de poesía que hizo público Pereda llegó en 1990, cuatro años antes de su muerte, a la edad de 95 años. Se llamó, elocuentemente, Pruebas al canto* y se trató de una antología. Así la autocrítica, el afán de perfeccionismo y el riguroso posponer una labor poética que ya llevaba más de seis décadas agitando sus días: la posteridad, como el cine, saben esperar y, con los niños, no parece pueril pensar que los tesoros son toda aquella cosa que permaneció demasiado tiempo escondida.
- 26 Abril 2013
In extremis
Pereda y Zum Felde
En el verano de 1974 el poeta Fernando Pereda, una suerte de tío espiritual que integraba la selecta familia de amigos de mi padre desde muchas décadas atrás, se encontraba internado sufriendo la difícil recuperación de una operación cuyas secuelas le impedían entrar en una etapa de convalecencia. Su aspecto era alarmante, porque quien lo hubiera visto antes leyendo poesía, cortejando amores, deleitando con sus cuentos de viajes por Europa, sus travesías por el mar Egeo, su lectura del Quijote, no podía reconocerlo ahora en ese rostro atravesado de finas tuberías transparentes que le enmudecían, cubierto por una sábana blanca y rodeado de brillantes soportes metálicos con inyectores de suero. Sin embargo, de acuerdo a los informes médicos, su estado no revestía ninguna gravedad.
- 26 Abril 2013
Por un azar de la paciencia
Por un azar de la paciencia o por una paciencia del azar el poeta uruguayo Fernando Pereda forjó, desde este rincón del Sur y durante su larga vida, una de las colecciones privadas de cine más importantes de Latinoamérica, si no del mundo. Ese mundo que retuvo perplejo su valor con bastante mayor antelación de lo que suelen acostumbrar nuestros reflejos.
- 26 Abril 2013
Tertulias mágicas
Las proyecciones privadas
Al tiempo que labraba su escrupulosa investigación sobre el cine primitivo y su cineteca iba creciendo, Pereda fue ofrendando el material a sus amigos y a sus estimados. “El tiempo también filma”, escribió con maestría Pereda, y la felicidad de esa línea como la reflexión que la precede hay que agradecerla a su amigo José Carlos Álvarez:* “(...) años más tarde y me remito a un párrafo de una nota titulada ‘La magia del cinematógrafo escapa de las clasificaciones conocidas’ (Revista del Cine Club, julio de 1953) y que dice: ‘con la valiosa colaboración de mi amigo José Carlos Álvarez, hemos podido hacer el estudio de filmes del período primitivo y ocuparnos de una parte aún desconocida; innominada para nosotros mismos, de esta cinemateca que tengo el trabajo y el placer de ir creando desde 1935, para el Uruguay.

