Tertulias mágicas

Las proyecciones privadas

Al tiempo que labraba su escrupulosa investigación sobre el cine primitivo y su cineteca iba creciendo, Pereda fue ofrendando el material a sus amigos y a sus estimados. “El tiempo también filma”, escribió con maestría Pereda, y la felicidad de esa línea como la reflexión que la precede hay que agradecerla a su amigo José Carlos Álvarez:* “(...) años más tarde y me remito a un párrafo de una nota titulada ‘La magia del cinematógrafo escapa de las clasificaciones conocidas’ (Revista del Cine Club, julio de 1953) y que dice: ‘con la valiosa colaboración de mi amigo José Carlos Álvarez, hemos podido hacer el estudio de filmes del período primitivo y ocuparnos de una parte aún desconocida; innominada para nosotros mismos, de esta cinemateca que tengo el trabajo y el placer de ir creando desde 1935, para el Uruguay. Aparecen testimonios que corroboran o rectifican la historia ya hecha. Se da la circunstancia singularísima de que sea posible, sin moverse de Montevideo, seguir aumentando la historia europea y general del cine y hallar ‘nuevos’ filmes que ponemos entre los hierros del proyector para una forzada resurrección. Este es un momento muy particular, porque existe riesgo en ver un filme que ha estado mucho tiempo oculto y aún no se conoce: en casi todos hay demasiada ‘muerte indisimulable’. Y agrego ahora: una película después de años de encierro ya no es idéntica a la de su primera proyección; el tiempo también filma”.
Fueron muchas las tertulias y también los invitados: en las al menos dos libretas confeccionadas por Isabel Gilbert, y que forman parte del archivo que conserva Wilfredo Penco, se da testimonio de unos 350 afortunados, en distintos períodos y en un híbrido generacional. La noción de “proyecciones privadas” es sin embargo muy tímida para nombrar lo que aquellas fechas deparaban. “Tertulias” se les dice con razón, porque a la fortuna de poder asistir a una función de Un sombrero de paja de Italia, La madre, La condesa Sara, Tres páginas de un diario, Los cuatro diablos, El estudiante de Praga, Los nibelungos o El gabinete del Dr Caligari se sumaba la atmósfera de sofisticada elaboración con que Pereda se empeñaba en recibir a sus amigos.
El escritor Carlos Maggi dejó registradas en unas líneas de prensa** la añoranza y la sugestión de aquel cuidadoso “clima” de la casa de la calle Divina Comedia: “Llevado por amigos mayores que yo, visité la casa de Fernando por los años cuarenta, muy al empezar; era un lugar misterioso, suntuario, equívoco. Había una espada pendiente de un cabello sobre la cabeza de todos, en una bohardilla forrada de cedro lustroso. Ahí se guardaba la cinemateca y había sillones de terciopelo y poca luz y un perfume agradable que nunca se repitió y, no siempre (pero suena al recordar), guitarras y cante jondo”.
Pero hay que regresar a las libretas de Isabel: en ellas se asigna a cada invitado un número y, en apéndice, hay represalias para los que faltaban sin aviso: “16 de julio de 1940. Faltó 35 sin aviso”, o “28 de noviembre. 5, habiendo insistido para traer a un amigo, habiendo hablado a la hora para avisar que llegarían tarde, no llegó ni avisó más nada. No invitarlo más”.
Un recorrido rápido y desordenado por las libretas de la generosa ofendida trae este rosario de nombres: Rafael Alberti, José Bergamín, Guillermo de Torre, Giuseppe Ungaretti, Henri Langlois, Gisele Freund, Hagen Hasselbach, Norman Mc Laren, Jiri Trnka, Jules Supervielle, Leopoldo Torre Nilsson, Villegas López, Cap Callaway, Inezita Barroso, León Klimovsky, Roger Caillois, Ernesto Sábato, Willy Marchand, Pedro Figari, Carlos Vaz Ferreira, Susana Soca, Homero Alsina Thevenet, Hugo Rocha, Danilo Trelles, Lauro Ayestarán, Enrique Amorim, Darwin Peluffo, Zapicán Regules, Laura Escalante, Antonio Larreta, José Pedro Díaz , Amanda Berenguer, Fernán Silva Valdés, Pepe Abbondanza, Hugo Alfaro, Alberto Zum Felde, Clara Silva, y tantísimos otros intelectuales y artistas de su tiempo. n

*     “El tiempo también filma. Entrevista con Fernando Pereda”. Cuestionario de José Wainer. Semanario Brecha, Montevideo, 29 de agosto de 1986.
**     Artículo de Carlos Maggi en revista 20/21, Nº 7. Montevideo, 6 de julio de 1990.

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