Brecha Digital

Caminante entre lobos y caranchos

Tengo que hacer ejercicio todos los días, sin excepciones. Así me lo exige el médico. Van tres años y espero que sean unos cuantos más. Tres veces por semana juego al básquetbol. Los otros cuatro, camino 40 minutos, rápido.

  • Escrito por Leonardo Haberkorn

Una lección de periodismo en el paraíso

Prehistoria del Morro de San Pablo

Viajé al Morro de San Pablo a comienzos de los noventa, cuando era más barato veranear en cualquier playa de Brasil que en Salinas del lado norte. Cuando Florianópolis tenía un barrio de uruguayos bronceados llamado Barra da Lagoa. Cuando se empezaron a correr rumores sobre la Valizas fiestera, ese pueblito de ranchos desgarbados y vacas en la playa que durante el verano se infectaba de hippies trasnochados que usaban las vírgenes arenas para perpetrar sus míticas orgías de marihuana, cucumelos, vino lija y noctilucas.

  • Escrito por Daniel Erosa

Turistas de paso

Turistas de paso

La ciudad se nos antoja un enorme puerto abierto a todos los ángulos, a todas las visiones. Tal vez esta impresión esté incitada por un enorme buque de carga varado casi en la calzada, cerca del movimiento de unos autos que parecieran esquivarlo. Almorzamos en un bar de mala muerte donde se dan cita en un mismo espejo Marilyn, Einstein y los Tres Chiflados.

  • Escrito por Pablo Thiago Rocca

Samir tiene 16 y es de noche hace rato

Posible historia para el Mar Muerto

Samir tiene 16 y es de noche hace rato. Abandonó la fiesta y el mar está tibio. Pensó: por qué me dijeron mar si la palabra era lago. Y tras el lago el recuerdo del apellido horrible en la boca del murciélago de geografía: endorreico. Nunca desagota ese mar, como yo, pensó Samir. A mi padre seguro que no le pasa.

  • Escrito por Sofi Richero

El silencio del río

“no quiero cansarte pero
fuiste niño alguna vez
con las piernas débiles saltando y las rodillas
rotas o más bien
rasgadas y tenías
el perfume de la niñez que perdiste
las manos pequeñas y suaves y la voz aguda
hubo un desprendimiento y estas
son las fotos donde habita todo eso / miralas. ¿te ves?”

Nicolás Alberte, “Escritos a la luz de las cosas que no se ven”.

Pude olvidar el rostro del ahogado. Me llevó tiempo, noches de fiebre, de temblores, el grito que traía a mi madre de los pelos, trepando la escalera para que volviera a dormirme sólo si su mano estaba entre las mías.

  • Escrito por Horacio Cavallo