Oxígeno, petróleo, fuego

Un marino uruguayo en el Golfo Pérsico

Hace algunos años, mientras frecuentaba el mundo de los capitanes que ingresan los grandes buques al Río de la Plata, un marino formado en la Armada uruguaya me contó la aventura de su regreso a Montevideo después de haber navegado en el Golfo Pérsico con uno de los petroleros más grandes del mundo. Ocurrió a fines de los años ochenta, durante la guerra de Irán e Irak, y mientras conversamos fue fácil saber que esa guerra había terminado menos para él, estaba agradecido por entrar barcos al puerto de la ciudad y ver crecer a su familia.


Aquiles Albornoz navegaba para la compañía estadounidense National Bullcarrier como primer oficial del Stena Concordia, un buque de 400 mil toneladas, 355 metros de eslora y 55 de manga. La casillería contaba con un ascensor de 12 pisos hasta la cubierta del capitán, y luego había dos cubiertas más. “Era como navegar un edificio de apartamentos”, dijo. Como el barco calaba 25 metros, con las bodegas llenas podía entrar en un solo puerto europeo, al sur de Irlanda. Pero operaba con la mitad de su capacidad para navegar el Mar del Norte y regresar a las boyas petroleras del Golfo Pérsico. Por el sur, porque el Canal de Suez entonces estaba cerrado y no había puerto capaz de recibirlo.
El gigante contaba con 42 tripulantes de distintas nacionalidades, y el mantenimiento de los tanques, máquinas y turbinas se realizaba a bordo, de modo que sólo entraba a dique cada dos años para pintar el casco. “Incluso un buque de ese tamaño siente respeto por el mar. A menudo debía cambiar el rumbo y huir de los temporales, porque con una eslora de cuatrocientos metros es fácil que la proa y la popa queden sostenidas entre dos olas y corra riesgo de partirse.” Por seguridad, los encargados del puente y la navegación hacían turnos de cuatro horas, pero no el primer oficial, responsable del mantenimiento, el lavado de los tanques, la carga y descarga de combustibles.
Durante 45 días, en un dique de Lisboa, el Stena había sido equipado con la tecnología del gas inerte, un procedimiento que captura el gas del escape de la chimenea, lo lava y lo lleva a los tanques de carga para barrer el oxígeno y romper el triángulo de la combustión: oxígeno, petróleo, fuego. Sin oxígeno, un fósforo caído en una bodega se apaga en la oscuridad.
Cuando estalló la guerra entre Irán e Irak, muchos barcos de distintas banderas fueron hundidos, las compañías aseguradoras elevaron el costo de sus pólizas y exigieron que los petroleros dejaran de entrar al Golfo. Con una cobertura especial, el Stena cargaba dentro del Golfo, luego abastecía a seis petroleros que se le amadrinaban mar afuera, y regresaba a cargar. Cada tanto se cruzaban con barcos destruidos, llevados a remolque, y la tripulación temía que de un momento a otro corrieran igual suerte. Pero al cabo de seis meses ni una bala perdida los había tocado, y continuaban su trabajo bajo la conjetura de que la compañía tenía un acuerdo con los gobiernos de las naciones enfrentadas.
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