Brecha Digital

Cuaderno de bitácora

Miércoles 5 de diciembre de 2001. Hoy ha sido el día de concluir la travesía del Golfo de Vizcaya, a eso de las 5 de la mañana ya estábamos rebasando el largo de Finisterre. He pasado una buena parte del día con los prismáticos a la mano y oteando el mar. El mar no sé si es el mayor tópico literario de entre los elementos que componen el planeta, pero tengo para mí que sí, que lo es. El aire sólo protagoniza de manera inmediata las novelas que tienen que ver con el vuelo, y de manera oculta la respiración de los personajes de las novelas, de quienes las escriben y de quienes las leen. En cuanto a la tierra, su presencia en la literatura importa como propiedad y como escenario, ya de acciones, ya de estados de ánimo. Por la tierra se pleitea y hasta se mata, sobre la tierra se persigue al enemigo y se posee a la hembra deseada, con la tierra expresamos algún sentimiento a través de nuestra percepción angustiada o feliz de un amanecer, de un crepúsculo, de un valle, de unas montañas, de un río, del paisaje de un asentamiento humano diminuto (la choza de un campesino) o la prepotencia de una urbe. Sí, el aire y la tierra también participan del concierto literario, pero el mar es más, sencillamente más, el mar es el gran solista. Su presencia impone de un modo que nunca podrán hacerlo las cordilleras. La montaña es sólida e inerte, sólo se anima por mor de aludes y avalanchas, de esporádicos desprendimientos... PARA LEER EL CONTENIDO COMPLETO DE LA NOTA SUSCRIBITE A BRECHA DIGITAL, arriba a la derecha.