Brecha Digital

¿A quién le cantan las sirenas?

¿A quién le cantan las sirenas?

Sirenas en el campo de golf… Tres y media de la tarde. La tormenta pasó por otro camino. Ni siquiera observamos una de sus oscuras nubes. Se perdió en algún lugar del Río de la Plata, como decían los diarios por la noche. Ahora el calor empuja con una nueva vitalidad. Bajo por la avenida San Pablo y veo sobre la izquierda el fairway del hoyo 5. Planos yuxtapuestos. Una realidad así: por un lado, el plano verde irreal del fairway. Un par de caddies siguen a sus jugadores, con sus nucas protegidas por unos pañuelos que cuelgan por detrás de las gorras. Los pañuelos se agitan y azotan igual que las banderas de los hoyos.

  • Escrito por Damián González Bertolino*

Genética franco-guenoa

Una de corsarios en el Monte de Ombúes

Todo el entorno respira un aire mágico: la luminosidad de la laguna rasgada por el vuelo de las aves, las luces y sombras del bosque de ombúes, los troncos que no son gárgolas, el olor umbroso de los túneles de ramas, el arco iris de la contracorriente en el nacimiento del arroyo, el susurro del viento en los pajonales.

  • Escrito por Samuel Blixen

El litoral atlántico

La llanura atlántica que abraza la laguna Merín y comprende los bañados del oriente de Rocha, Treinta y Tres y Cerro Largo, injerta una tipología paisajística inusitada en Uruguay. Allí, contrariamente a las demás zonas geomorfológicas del país que constituyen una penillanura ondulada, ya cristalina, ya sedimentaria, ya basáltica, la vista se pierde en un horizonte monótono.

  • Escrito por Daniel Vidart

Taganga: la fiesta clandestina

Taganga es un suburbio costero a diez minutos de Santa Marta. La costa está cobijada por una media luna de cerros verdes mojando sus pies en la bahía que humedece leve, sin olas, la playa de unas quince cuadras de frente. Lindo lugar para tirar la chancleta sin más, aunque con ciertas restricciones: tenés que saber hablar inglés y estar dispuesto a lo clandestino para tirar unos pasos.

  • Escrito por Guillermo Garat desde Taganga

El lector recostado

Lenguaje, costas, huesos

Da vuelta Macedonio y dice: “A veces tengo la ilusión de ser yo el que busca, yo el que encuentra; a veces descorro el velo de esa vanidad y descubro con placentero horror que son las cosas las que me persiguen, bien de cerca, insistentemente hasta alcanzarme, y finalmente, quizás por esa gentileza que tienen las cosas, acostarse en mis manos y hacerse las descubiertas”. Yo lo miro pensativo y decido acostarme frente a él. Mostrar el lado nunca acabado donde Macedonio me mira y duda si soy otro diferente a él.

  • Escrito por Juan A Queijo