Organizaciones sudafricanas critican la enorme cantidad de dinero gastado en cumplir con las exigencias de la fifa, entre ellas la exención de impuestos para los inversores en el Mundial, cuando los niveles de pobreza siguen siendo alarmantes.
Desde Johannesburgo
La euforia y la pasión con la que los sudafricanos han recibido el Mundial en su país ha superado con creces sus esperanzas estrictamente deportivas.
“Desgraciadamente aún necesitamos proyectos que nos hagan trabajar juntos–contaba el arzobispo y premio Nobel de la Paz Desmond Tutu–, y el Mundial es una ocasión para unirnos de nuevo.” Y realmente el proyecto ha funcionado. Ver a la minoría blanca apoyar a la selección sudafricana de fútbol –en una repetición a la inversa del apoyo negro a la selección de rugby que cuenta Clint Eastwood en su película Invictus– no tiene precio.