Con el periodista Sebastián Lacunza, coautor del libro “Wikimedialeaks”
Junto con el docente universitario y especialista en medios Martín Becerra, Lacunza analizó miles de documentos estadounidenses vinculados a las empresas mediáticas latinoamericanas, revelados por Wikileaks, y publicaron el libro Wikimedialeaks. La relación entre medios y gobiernos de América Latina bajo el prisma de los cables de Wikileaks.* A lo largo de los 11 capítulos del libro sobre otros tantos países latinoamericanos –entre los que no figura Uruguay– se ve “la mano de la embajada” negociando con las grandes empresas de medios. Por la “ausencia uruguaya” comenzó el diálogo de Lacunza con Brecha. —¿Por qué no hay un capítulo uruguayo en el libro?
—Por un lado no encontramos una visión de la embajada estadounidense problematizando al sistema de medios de Uruguay. No es el país con más concentración de medios en América Latina, ni son los uruguayos los gobiernos que más se pelean con los medios, ni hay una iniciativa allí por desmonopolizar los medios.
El caso de mayor complejidad es Argentina. Los medios argentinos han sido hipercríticos con el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner y hasta hicieron campaña en su contra, pero no promovieron golpes de Estado. En Venezuela sí lo hicieron. A su vez, la ley de medios argentina se mete con la diversificación de voces pero no con los contenidos. El gobierno de Hugo Chávez sí se metía con los contenidos con la ley “Resorte” (ley de Responsabilidad Social en Radio, Televisión y Medios Electrónicos) y creaba un sistema de medios estatales muy fuerte. En Argentina eso no existe. El caso argentino obligó al embajador Anthony Wayne a tener una visión más compleja, amplia y crítica. En otros países también hay observaciones críticas de la embajada, por ejemplo en México y Brasil, dos países que son socios y competidores de Estados Unidos, lo que obliga a Washington a tener toda la atención puesta allí. Son grandes mercados de telefonía, de televisión, y representan mucho interés económico para Estados Unidos. Cuando Washington critica el oligopolio de medios en México elabora informes críticos del nivel de una cátedra universitaria, desde el punto de vista del derecho a la información.
—El libro expone el rol de actores políticos que cumplen las empresas de medios de comunicación.
—Sí. Muchos de ellos acuden como actores políticos a la embajada estadounidense, a la que proponen pactos y hasta la sorprenden, al punto que los propios embajadores tienen que decirles que no. Superan a la embajada con sus demandas. En ese sentido Washington demostró ser más criterioso que las elites políticas y mediáticas que actúan en algunos países latinoamericanos. Pero el silencio que se impusieron los propios medios latinoamericanos sobre sus visitas a la embajada los muestra en una fase de ocultamiento de su propio rostro. Casi ningún medio de América Latina publicó los cables revelados por Wikileaks que hacían referencia al propio medio. Son actores políticos, pero se niegan como actores ante sus propios lectores, y esta tensión explica bastante los conflictos entre gobiernos y medios en América Latina.
—Los cables parecen confirmar –identificando con nombre y apellido– aquello que las teorías de la comunicación de los setenta desarrollaban conceptualmente sobre el consumo de información generada en países centrales para los subdesarrollados.
—Sí, con toda la complejidad que tienen hoy aquellas teorías. Sobre todo los casos de Honduras y Bolivia, dos países muy pobres donde las burocracias autóctonas del gobierno a veces eran remplazadas por hombres del Pentágono. Eso creó una dinámica muy especial, y cuando llegan un Evo Morales o un Manuel Zelaya, muy distintos ambos por múltiples factores, lo que se percibe en la lectura de los cables de la embajada es indignación porque vienen a ocuparse de aquello de lo que antes se ocupaba ella, según explicitan los funcionarios de Washington. Tendría que chequearlo en favor de la precisión documental, pero según los cables en Bolivia había 900 estadounidenses en funciones de la burocracia estatal a través de la dea o de la Usaid. Enorme. En esos dos casos se percibe una alianza der la embajada con elites mediáticas y políticas en las que coinciden las mismas personas, es decir, políticos bolivianos y hondureños que son dueños de medios. Estos serían los casos donde las teorías de la comunicación denunciaban la intervención directa del imperialismo. Con el libro creo que se comprueba cómo las elites mediáticas y políticas superan a la embajada en cuanto a su osadía.
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