Sexo, crisis y universidad en Gran Bretaña
La industria del sexo financia a las universidades británicas, y ello debido en buena parte a las políticas del gobierno conservador. Eso es lo que afirma, negro sobre blanco, una investigación de la Universidad de Kingston según la cual entre 126 y 426 millones de euros que reciben cada año los distintos establecimientos superiores de la isla provienen de “actividades ligadas al sexo”, desde “bailes del caño”, orgías, concursos de camisetas mojadas o peleas en el barro entre mujeres, strip-tease, hasta servicios de compañía, pasando por sexo telefónico o cibersexo y pases en apartamentos o en hoteles. Según el director de la investigación, el catedrático de psicología Ron Roberts, más de 6 por ciento de los universitarios británicos –en su gran mayoría mujeres– “recurren al sexo como forma de financiar sus estudios”, un fenómeno que no es nuevo pero que ha “crecido significativamente en los dos últimos años”, y en especial desde que el precio de las matrículas se ha disparado. Según el informe de Kingston, tres de cada diez estudiantes conoce a algún compañero que trabaja en la industria del sexo para pagar su carrera. El estudio corrobora uno anterior de la Universidad de Leeds, y su veracidad es confirmada también por el Colectivo Inglés de Prostitutas.
La semana pasada el diario de izquierda The Independent dejó a su vez al descubierto una página web (SponsorAScholar, “Apadrina un estudiante”), que ofrecía hasta 18.500 euros al año a estudiantes de entre 17 y 24 años a cambio de “aventuras discretas” con ricos empresarios. El sitio, ahora cerrado, se jactaba de haber “ayudado a unas 1.400 jóvenes a financiar sus estudios”.
Hoy, al terminar su carrera, dos terceras partes de los jóvenes están fuertemente endeudados con bancos a los que solicitaron préstamos para financiarla. Según la investigación dirigida por Roberts, sólo 5,5 por ciento de ellos lo estaba antes de comenzar a estudiar. Ante esta situación, el comercio del sexo aparece como una actividad mucho más lucrativa que los trabajos que habitualmente son ofrecidos a los estudiantes (traducciones, cuidado de niños, tipeos, clases de alguna lengua, etcétera), por los cuales reciben cuatro veces menos dinero que en la “industria del sexo”. De acuerdo a cifras del Sindicato Nacional de Estudiantes, hay una brecha de 10.500 euros al año entre lo que cuestan las matrículas universitarias y las becas que el Estado otorga a los jóvenes. Con una paga media horaria que ronda los seis euros por trabajos “normales”, el joven en cuestión debería trabajar 34 horas semanales los 12 meses del año para colmar esa brecha, lo que no le dejaría tiempo alguno para ir a clases y estudiar.
El informe de la Universidad de Leeds de fines de 2011 daba cuenta del auge de los “clubes de strip-tease” en Inglaterra entre las universitarias. La incorporación de esa camada de jóvenes a esa práctica hizo que las pagas recibidas por las strip girls bajara de 350 a 285 euros el turno. Aun así, e incluso teniendo en cuenta que las bailarinas deben pagar una cuota equivalente a un turno más una comisión de 30 por ciento a los dueños del club, lo que allí ganan es bastante más que en los trabajos “tradicionales”, dice la directora del documento, Teela Sanders.
“Las universidades no están absorbiendo este problema”, comentó la profesora Tracy Sagar, del Centro de Justicia Criminal y Criminología de la Universidad de Swansea. Sagar logró que el Parlamento de Gales aprobara becas estatales especiales para sacar de la prostitución al menos a algunas de las estudiantes que se han dedicado a esta actividad para pagar sus cursos.
Ron Roberts también destaca el estado de indefensión que padecen los estudiantes. “No tienen voz y no están representados absolutamente por nadie”, dice, quejándose de los gremios estudiantiles, dirigidos en buena parte por jóvenes que “aspiran a hacer carrera política y que ante este problema nada hacen porque la dirigencia política nada hace”. Pero sobre todo apunta a las direcciones de las universidades, “exponentes brutales del capitalismo que se han convertido en corporaciones a las que no les preocupa lo más mínimo el bienestar de los estudiantes sino sólo el negocio que generan”.
(Fuente: www.publico.es)

