“La cultura blanca está muriendo”, dice en el campus de la Universidad de Towson Matthew Heimbach, un muchacho de 21 años que se propone crear el primer sindicato de estudiantes blancos de Estados Unidos. Ya tiene algunas decenas de potenciales adherentes pero todavía no puede concretar la idea porque la ley exige que un profesor titular o un directivo de la universidad lo apadrine como “tutor”, y el joven todavía no lo ha conseguido, a pesar de las muchas promesas que dice que le hicieron. “Si los negros, los hispanos, tienen sus propias representaciones en el campus y con ellas hacen lobby para defender sus derechos, como lo hacen también los judíos y las mujeres, ¿por qué nosotros no? A los blancos nadie los reconoce, al contrario, los penalizan por ser blancos y los hacen sentir culpables de las miserias de los demás.”
Heimbach cursa cuarto año de historia “americana”, es decir de historia estadounidense, y dice que con el paso de los años “la discriminación hacia los blancos ha ido creciendo en este país”. Uno de los temas que más preocupa a Heimbach en la actualidad es la “indefensión de los estadounidenses ante el avance de los musulmanes en su propia tierra”. Hace algunas semanas comenzó a juntar firmas para impedir la construcción de una mezquita en las cercanías de la universidad, que se encuentra en los alrededores de Baltimore.
El problema es que más de la mitad de la población de Baltimore es negra, aunque el 67 por ciento de los estudiantes de la universidad son blancos. A Heimbach nada le dice esa contradicción. “Tal vez sea un problema de rendimiento”, afirma, enfundado en una camiseta blanca con la leyenda “Hijo de la libertad”, en grandes caracteres. Sí le preocupan los programas de discriminación positiva que se aplican en su universidad, como en muchas otras. “Con el pretexto de la diversidad, en la facultad se rechaza a los blancos y a los asiáticos con mejores calificaciones”, insiste.
Heimbach ha encontrado respaldo en Renacimiento Blanco, una publicación de una organización “supremacista” de extrema derecha. En la Universidad de Baltimore se ha formado un movimiento para pedir la expulsión de Heimbach por defender posturas racistas “reñidas con cualquier institución universitaria”. Unas 1.100 personas han firmado esa petición. Profesores de la universidad se niegan sin embargo a expulsar al joven. “Puedo sentir repudio por sus ideas, pero la primera enmienda de la Constitución, esa que consagra el derecho a la libertad de expresión, es sagrada”, dice Victor Collins, vicepresidente adjunto de la universidad a cargo de la política sobre diversidad, docente en Baltimore. “La universidad está muy comprometida con la protección del ejercicio de ese derecho por todos los estudiantes, por más negativas que sean sus posiciones.”
En un par de meses la Corte Suprema de Justicia de Estados Unidos deberá pronunciarse sobre el caso de una estudiante blanca de una universidad de Texas que se queja de haber sido discriminada “en razón de su piel”. Su resolución sentará jurisprudencia.
En Estados Unidos operan cientos de los llamados “grupos de odio”, de los que forman parte los supremacistas. En 2010 superaban el millar, y movilizan a decenas de miles de personas.