Pagan más los que tienen menos
- Última actualización en 21 Diciembre 2012
- Escrito por: Guillermo Garat
La perspectiva de los derechos humanos en la guerra contra las drogas
América Latina vive los coletazos de la guerra contra las drogas. Las violaciones a los derechos humanos, las desapariciones y las penas desproporcionadas para delitos menores son algunos de los puntos que le quitan el sueño a Coletta Youngers, de la Oficina de Washington para América Latina (wola), que hace 25 años monitorea la aplicación de las políticas de drogas en América Latina.
El continente nunca había puesto con tanto peso en la agenda regional la legalización de la marihuana como hasta hoy. Los niveles de violencia, las violaciones a los derechos humanos y los estragos que está causando la intervención, no sólo del narcotráfico sino de las respuestas armadas de los países, sumado a que dos estados de Estados Unidos han liberado el consumo recreativo de cannabis, están haciendo girar las cosas.
Desde que el ex presidente mexicano Felipe Calderón anunció en 2006 una ofensiva contra los cárteles, se multiplicaron los grupos dedicados al narcotráfico: de cuatro que había se pasó a veinte. Aumentaron las decapitaciones, las torturas, los fusilamientos… y la facturación de los traficantes, así como su poder de seducción a nivel estatal. El ejército se involucró en esa lucha sin cuartel, que al principio estaba medianamente delimitada pero luego se expandió por casi todo México, con zonas en disputa donde la violencia hace estragos, particularmente en la codiciada frontera con Estados Unidos.
Los (malos) resultados de la ofensiva mexicana pusieron otra vez el tema en los periódicos de todo el mundo. Intelectuales, presidentes y ex presidentes empezaron a mantener foros regulares y a cooperar con políticos y personalidades europeas, las ong redoblaron su apuesta. Mientras, Estados Unidos veía cómo la mayoría de sus estados descriminalizaban el uso de marihuana. Este mismo mes otros dos, Washington y Colorado, se dieron el lujo de habilitar el uso recreativo de cannabis. Parece que nada va a quedar como estaba.
Coletta Youngers trabaja desde 1987 para la wola, una organización humanitaria estadounidense, estudiando las políticas de drogas latinoamericanas y sus impactos en los derechos humanos. Pasó años entre Colombia y Bolivia, y sobre todo en Perú, para conocer el impacto de las directivas estadounidenses –país donde nació y vive– en aquellas poblaciones mestizas asediadas por la guerra contra las drogas digitada por Washington.
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