México
Después de un largo período de silencio, el movimiento insurgente indígena del estado de Chiapas, en el sureste de México, ha vuelto a la escena movilizando a decenas de miles de personas. En silencio y con el puño cerrado.
En coincidencia con el 19 aniversario de un levantamiento que sorprendió al mundo y puso en el mapa a los marginados pueblos originarios de México, y con el regreso al poder del Partido Revolucionario Institucional (pri), que gobernó el país ininterrumpidamente entre 1929 y 2000, el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (ezln) rompió la aparente apatía en la que había caído para recordar que sigue ahí y anunciar que lanzará nuevas “iniciativas de carácter civil y pacífico”.
El 21 de diciembre, fecha en la que según el calendario maya se inicia una nueva era para la humanidad (y no el fin del mundo, como habían querido interpretar algunos catastrofistas), los zapatistas dieron un golpe de efecto con una sorpresiva movilización en cinco ciudades de Chiapas, las mismas que tomaron brevemente en su sublevación del 1 de enero de 1994.
Sin previo aviso, varias decenas de miles de sus bases de apoyo se presentaron de repente en la mañana de ese día en San Cristóbal de las Casas, Ocosingo, Palenque, Altamirano y Las Margaritas y realizaron un silencioso desfile. Fue a la vez una demostración del apoyo que todavía tienen en la sierra y la selva entre los indígenas chiapanecos, los más olvidados y marginados de México, y una acción desconcertante, por cuanto no hicieron reclamo ni pronunciamiento alguno.
Hombres y mujeres, adolescentes y ancianos llegaron encapuchados y sin ningún tipo de arma, sin articular palabra alguna. Así desfilaron por el centro de las ciudades en columnas de a cuatro y en perfecto orden, y completamente mudos regresaron a sus comunidades, en las que desde 1995 están constituidos en autogobiernos autónomos, rigiéndose por sus propias normas y desarrollando sus propios proyectos de educación, salud, producción y desarrollo.
En San Cristóbal de las Casas, la capital cultural e indígena de Chiapas, un numeroso contingente proveniente de la sierra donde mayor expansión tiene el ezln (junto con la Selva Lacandona) llegó alrededor de las 8 de la mañana en pequeñas camionetas, se formó bajo una pertinaz lluvia y esperó inmóvil durante más de una hora al resto de los compañeros.
Después, los rebeldes marcharon hasta el corazón de esta turística ciudad ante el asombro de locales y visitantes, y fueron pasando frente a la catedral sobre una tarima con el puño izquierdo en alto. Tras varias horas en la ciudad, salieron por el mismo lugar por el que habían entrado. Simplemente llegaron, desfilaron y se largaron. Horas después la Comandancia General del ezln emitió un sucinto y poco clarificador comunicado firmado por el subcomandante Marcos, que decía: “¿Escucharon? Es el sonido de su mundo derrumbándose. Es el del nuestro resurgiendo. El día que fue el día, era noche. La noche será el día que será el día. ¡Democracia! ¡Libertad! ¡Justicia!”.
Al margen del estilo de Marcos, el mensaje de la movilización parece claro: aunque no se les oiga, ellos siguen ahí y el movimiento está vivo.
“Es algo sin precedentes, no había visto nunca nada así”, decía al contemplar el insólito desfile Juan Pérez, un artesano residente en San Cristóbal. “Si uno ve esto no puede dudar de que está vivo.” “Impresionante. Hubo mucha gente. Todos en silencio, muy organizados, muy disciplinados. Yo no sabía que seguía tan vigente, pero evidentemente sí”, agregaba Pablo Calmanovich, un turista colombiano al que sorprendió la movilización mientras visitaba la ciudad... PARA LEER EL CONTENIDO COMPLETO DE LA NOTA SUSCRIBITE A BRECHA DIGITAL, arriba a la derecha.