El vale todo
- Última actualización en 25 Enero 2013
- Escrito por: Daniel Gatti
Contra el terrorismo islámico el fin justifica los medios. La afirmación bien podrían hacerla suya (si no la hicieron ya) todos cuantos han intervenido en los últimos años, en las últimas décadas, para “poner fin al avance” de la peste que ha remplazado al comunismo en el lugar de enemigo principal de Occidente. Diga que el enemigo a combatir en Mali es de esos tan tan malos, tan malísimos, tan pertenecientes a otro mundo al cual uno –occidental, progre– no quisiera pertenecer, que incluso un militante anticolonialista de pura cepa sesentista pudiera hacer la vista gorda al ver desembarcar a los fornidos soldados de la patria libre, igualitaria y fraterna para defender los ideales democráticos de la agresión terrorista. Lo que sucede es que en la última década larga, muy larga, antes del famoso 11 de setiembre de 2001, pero desde entonces con una “legitimidad” de la que antes se carecía, los países occidentales (no sólo Estados Unidos, también la mayoría de los europeos) han ido acostumbrando a la opinión de que en nombre del combate a esos nuevos malos todo vale: vale invadir países a pedido de sus autoridades, poco antes criticadas por violar los derechos humanos (es el caso de Mali); vale intervenir sin ser llamados (Pakistán, aliado, aún dudoso, pero aliado al fin, donde un comando de las fuerzas de elite de Estados Unidos entró como Perico por su casa para matar al odiado Osama bin Laden, tirar su cuerpo al mar, asumirlo, y como si nada); vale montar cárceles clandestinas, como las de la cia en zonas de la ex Europa socialista, y campos de concentración adonde se traslada clandestinamente prisioneros desde miles de quilómetros y se los tortura impunemente (Guantánamo, o en el propio “teatro de operaciones”, la cárcel de Abu Gjraib), y como si nada; vale bombardear sistemáticamente con drones aldeas con población civil en medio de la total indiferencia de la “comunidad internacional”; vale establecer listas de enemigos a “eliminar”, admitirlo públicamente, ejecutarlo donde sea, y nada. Y así.
En nombre del combate al islamismo más radical –gestor de horrores, qué duda cabe– todas las exacciones, invasiones, asesinatos, violaciones a los derechos humanos, parecen haber encontrado justificación. Las propias y las de los aliados, mientras aliados sean.
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