China: entre el dragón y la serpiente
- Última actualización en 01 Febrero 2013
- Escrito por: Xulio Ríos*
El año 2012 ha sido revelador de las importantes tensiones y dificultades que habitan el universo chino. Lejos de ceder, éstas parecen ir convirtiéndose inevitablemente en la primera prioridad de la agenda de Xi Jinping, el nuevo secretario general del Partido Comunista elegido en el XVIII Congreso. Este evento, “y sus circunstancias”, lograron marcar, de principio a fin, un año “corto”, iniciado con el testamento político de Wen Jiabao en las sesiones anuales de la Asamblea Popular Nacional, en marzo, y la realización del propio congreso, en noviembre, tras una convocatoria tardía que fomentó la especulación a propósito de la existencia de graves divisiones en el seno del liderazgo chino.
El primer ministro Wen Jiabao sintetizó al cierre de las sesiones legislativas anuales el rumbo trazado por diversas declaraciones de signo similar que venía reiterando en los últimos meses, tanto dentro como fuera de China, a propósito de la necesidad de impulsar una reforma política de contenido incierto pero con el denominador común de limitar el poder y la discrecionalidad de los funcionarios, de enfatizar el apego a la ley y de fomentar la ampliación de los derechos de los ciudadanos. El tono casi apocalíptico de las invocaciones de Wen Jiabao revelaba tanto la urgente necesidad de innovar el modelo de gestión sociopolítica como la soledad de sus postulados y, subsiguientemente, la ausencia de consenso en la máxima dirigencia para plasmar un plan creíble que amortiguara los crecientes riesgos que acechan a la estabilidad.
En dicho contexto, la defenestración de Bo Xilai, miembro del Buró Político y jefe del pcch en la megalópolis de Chongqing, acaparó todas las miradas, internas y externas.
El pcch se esforzó por presentar ese incidente como expresión de su imparcialidad y contundencia a la hora de luchar contra la corrupción y el abuso de poder, lacras que lastran muy seriamente su credibilidad ante la opinión pública. No obstante, sin quitar un ápice de importancia a los graves hechos delictivos que parecen confluir en el caso a la vista del novelesco relato revelado, la dimensión política tendría una lectura mucho más extensa y compleja, relacionada con la irrupción de los neomaoístas en el debate político y su exigencia de imponer otro rumbo a la reforma. Pero sería erróneo pensar que el problema está resuelto purgando sin remisión a sus partidarios en todas las estructuras del partido y del Estado, sin atender a la superación de las causas que lo han motivado, todas ellas de carácter objetivo e inseparables tanto de las sombras del proceso de reforma como de las profundas asimetrías que hipotecan y amenazan la estabilidad.
Los llamamientos a la lucha contra la corrupción y a la defensa a ultranza de la “pureza” del pcch han protagonizado el “nuevo” discurso oficial, en un alarde de gestos que tanto ha procurado dispensar una mayor y mejor satisfacción de las ansias de protección de los campesinos, especialmente en relación con sus derechos sobre el uso de la tierra, como un hostigamiento sin cuartel a la disidencia crítica que ambiciona ultrapasar las fronteras sistémicas.
El destape de la implicación de los hijos de las elites políticas en las redes de negocios, visible en las primeras figuras del país (en activo y en la retaguardia), y las revelaciones de las fortunas que poseen los entornos familiares de Xi Jinping y Wen Jiabao, desmentidas oficialmente, revelan la promiscuidad de las elites dirigentes y la abrazante “tentacularidad” de sus proyecciones a todos los niveles.
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