Brecha Digital

Pobre pero sexy

Berlín en el ojo de la tormenta

La inauguración del nuevo aeropuerto de Berlín, la espectacular obra que prometía catapultar a Klaus Wowereit –alcalde de la capital alemana desde 2001– como candidato socialdemócrata para disputar con Angela Merkel el puesto de canciller en 2013, se ha convertido en un infierno que parece no tener fin.

Después de diez años de gobierno de la Unión Demócrata Cristiana (cdu) y tras un escándalo bancario, en 2001 los socialdemócratas del spd volvían a ocupar la alcaldía de Berlín. Para lograrlo, su candidato, Klaus Wowereit, debió romper un tabú e incluir por primera vez en una coalición de gobierno al Partido del Socialismo Democrático (pds), heredero del Partido Socialista Unificado que había gobernado Alemania oriental entre 1949 y 1990. Berlinés de nacimiento, Wowereit creció sin padre en el seno de una familia humilde. Su madre se dedicaba a hacer limpiezas mientras él y sus cuatro hermanos debían aportar a la economía familiar trabajando como jardineros o haciendo repartos de pan. Al terminar la secundaria, Klaus fue el primero de su familia que tuvo la posibilidad de cursar estudios universitarios. Se graduó en la Universidad Libre de Berlín, y comenzó su carrera política cuando fue nombrado asesor en la oficina del secretario de Interior de la capital.

 

EN RUINAS. Klaus Wowereit, un abogado de 48 años, tomaba en 2001 las riendas del gobierno de la capital alemana, que atravesaba una ruinosa situación económica, con una coalición inédita que incluía a los verdes y a los comunistas, cuya presencia escandalizaba a los miembros más conservadores de su propio partido. Pero este no sería el único tabú que Wowereit derrumbaría. Poco después de asumir como alcalde, adelantándose a los diarios sensacionalistas, hizo una declaración que lo convirtió inmediatamente en uno de los políticos más conocidos del país; “Ich bin schwul, und das ist auch gut so” (“Soy gay y está bien que eso sea así”).
Pese a que la situación financiera no cambió demasiado y Berlín siguió dependiendo de los subsidios del Estado federal, el gobierno de Wowereit fue ampliamente exitoso ya que logró interpretar con efectividad la latente personalidad alternativa que la capital alemana fermentaba en su dividida placenta desde hacía décadas. Ahora Berlín podía seducir a turistas y nuevos pobladores no sólo con su ina­gotable historia, sino también con un presente multicultural y cosmopolita donde el gobierno, además de financiar tres óperas y miles de exposiciones y eventos culturales, subsidiaba míticos clubes de música electrónica. Tras un par de años de gobierno, Wowereit sintetizó el nuevo espíritu de la capital alemana con una frase que se convertiría en el lema de la ciudad: “Berlín es pobre pero sexy”.

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