Cuando despertó, La Bestia seguía su marcha
- Última actualización en 01 Febrero 2013
- Escrito por: Alejandra Gutiérrez
Historias de migrantes en Centroamérica
Tenía 17 años y se le había metido en la cabeza que debía irse a Estados Unidos. Sólo allí, en el norte, veía la solución. Ya había hecho un intento a los 16; ahora confiaba en que lo lograría. Tomó todas las precauciones, logró sobrevivir a los asaltos, a las carreras por tomar el tren; fue testigo de las tragedias de otros, y casi logró salir indemne. José Luis Fernández nunca imaginó que sería un desmayo provocado por el calor el que le truncaría los sueños y el cuerpo.
“Esto es como la guerra, y en la guerra hay hombres caídos. En nuestro caso, nuestra guerra es la pobreza y la falta de oportunidades y el desempleo. Los caídos somos nosotros.”
José Luis Fernández Cruz cerró los párpados por unos segundos. Cuando despertó, el tren lo arrastraba y luchaba cuerpo a cuerpo para evitar ser destrozado. La Bestia* casi lo logra, él perdió un brazo, una pierna y parte de la otra mano. Ahora, en Honduras, donde nació, y de donde huía hacia el norte para buscar trabajo, coordina una organización que reúne a cientos de personas con discapacidades provocadas por el mismo viaje que él intentó hacer.
El joven hondureño, músico, guitarrista y bajista, pasó dos años en hospitales mexicanos, entre cirugías y terapias de rehabilitación. Si no hubiera sido por los vecinos de Delicias, en Ciudad Juárez, el poblado más cercano al sitio donde dejó su cuerpo en piezas, hubiera sido deportado aun con las heridas abiertas. Fueron esos seres anónimos los que buscaron ayuda para que recibiera atención médica y le pudieran dar la prótesis de la pierna.
Ahora, en Honduras, sin trabajo, mantenido por sus padres (“Soy un mantenido, no me queda más”, dice con amargura), coordina el Comité del Migrante Retornado Discapacitado, un colectivo de migrantes que nunca lograron llegar a su destino, y que fueron destrozados por el viaje.
—¿Cómo llega a formarse un colectivo de discapacitados por la migración?
—Cofamipro es una organización de madres buscando a sus hijos desaparecidos, y ellas se dieron cuenta de que existían personas como nosotros: Se interesaron incondicionalmente y nos fueron a buscar a nuestras casas; y apareció uno y otro, luego otro. En la ciudad había 30 personas como yo.
Ellas decidieron que nos uniéramos, que nos organizáramos, siempre nos dan el acompañamiento. Estamos tratando de salir adelante con proyectos, como por ejemplo un plan de vivienda, de seguridad alimentaria.
Yo analizo esto de las migraciones. En Honduras, al año ingresan 2.400 millones de dólares en remesas, son la columna vertebral de la economía del país. Miles de familias se mantienen gracias a ellas. Son casi 2 millones de hondureños que están en Estados Unidos y que igual que nosotros han emprendido ese viaje. Lo justo sería que el gobierno nos apoyara, al menos en planes de vivienda o de seguridad alimentaria, porque justo por eso nos fuimos, por no tener ni siquiera una casa donde vivir. La meta o el propósito por el que uno migra no es tanto por el famoso “sueño americano” sino por una necesidad. Lamentablemente a muchos esa ilusión o ese sueño se nos convierte en una pesadilla. Calculamos que en Honduras hay unas 600 personas discapacitadas por la migración.
—Un viaje cada vez más complicado y peligroso.
—Son tantas las cosas que se ven en ese camino, en el tren. Muchachas que las violan, maras que llegan a asaltarlo a uno y uno se queda allí preguntando quiénes eran, sin saber si son policías o maras, o si son (del cártel) de Los Zetas. Son tantos los peligros…
Ahorita van miles de migrantes cruzando México, algunos van en el tren, otros van rodeando las garitas, tal vez ahorita están violando a una muchacha o están secuestrando a alguien, y esa es la dura realidad de la migración y los migrantes.
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