El partido eterno
- Última actualización en 01 Febrero 2013
- Escrito por: José Osvaldo Dalonso desde Rosario, Argentina
Violencia en un clásico argentino
El clásico del fútbol en Rosario de Santa Fe, en Argentina, es el partido imposible, porque no hay modo de organizarlo: “Es más fácil un Argentina-Inglaterra”, dijo el empresario que creía poder lograr ese cometido. Pero tal vez es más atinado pensar que es el “partido eterno”, que no es fútbol lo que se juega sino una batalla con picos de alta intensidad como los vividos unos diez días atrás, que excede largamente a 22 jugadores, 14 suplentes y sus cuerpos técnicos. Ha perdido sustento focalizar la culpa en “un grupo de inadaptados”. El domingo 20 a las 18 horas el ministro de Seguridad de la provincia, Raúl Lamberto, confirmó la suspensión del clásico entre Central y Newell’s, programado en el estadio del primero. La decisión llegó luego de que recorriera junto a sus colaboradores y las autoridades de Newell’s las instalaciones de este club –a siete quilómetros de Central–, donde dos horas antes se había producido un choque armado entre hinchas y la policía, y decenas de uniformados ingresaron al predio a los tiros.
Enterado de la suspensión, el presidente de Rosario, Norberto Speciale, sacó a su equipo a la cancha para que alzara los brazos; pero los hinchas invadieron el campo y los desnudaron. ¿Qué hubiera ocurrido si se jugaba? “Están dadas las garantías”, había sido el latiguillo de las autoridades provinciales y policiales, pese a que se sucedían atentados –muchos de ellos con la amenaza “sin visitantes no hay clásico”– lo que sembraba dudas sobre la realización de estos dos encuentros, acordados para julio pasado, pero que al no ascender Central a Primera se debieron postergar. Había otro tema pendiente: el presidente de Newell’s, Guillermo Lorente, con un contrato firmado pero presionado por sus hinchas, que llegaron a manifestar en el club, pedía que los visitantes pudieran asistir, pero no lo logró y eso agravó el conflicto.
En tanto la justicia investiga, las posibilidades de explicar lo sucedido se esfuman, porque los dirigentes de los clubes intercambian chicanas por los medios para complacer a sus huestes; y las autoridades municipales y provinciales –a las que cada tanto también les sale el hincha– deslindan responsabilidades y se cruzan en una polémica con la oposición y con funcionarios nacionales.
Es que Rosario comenzó 2013 con un par de decenas de homicidios y otros hechos de violencia graves en zonas periféricas, con la particularidad de que en los más resonantes han participado grupos de narcos y las víctimas han sido militantes sociales. Se trata de la continuidad de un 2012 pródigo en homicidios para los cuales ya no resistió la construcción mediática “ajuste de cuentas”, como si los rosarinos se levantaran de malhumor y se tomaran a tiros.
Más allá del recrudecimiento de esa violencia social, lo cotidiano del clásico son las acciones de grupos de hinchas que salen de noche a pintar muros con sus colores o a escrachar a los del rival con neumáticos encendidos adosados a las paredes. Luego se cruzan acusaciones sobre la complicidad policial para facilitar la tarea de unos y encarcelar a otros, y las imágenes que captan sus teléfonos les dan la razón
Otro campo de batalla son las redes sociales, en las que cientos de hinchas se descerrajan insultos y celebran victorias pugilísticas o robos de banderas. A esto se suman toneladas de comentarios que –sin filtro alguno– ingresan a los artículos de las ediciones on line de los medios locales, banalizando las mismas coberturas en las que se cuestionan esas prácticas. También en el terreno de los escraches, circulan listas de periodistas con sus simpatías futbolísticas.
Como buen partido, el uniforme es imprescindible. Tiempo atrás Alejandro Dolina dijo por radio que en la calle veía más gente vestida con camisetas de fútbol que luciendo un traje. Bueno, la auriazul o la rojinegra se llevan a la escuela, al trabajo y a las salidas de novios. Todo esto se ha naturalizado y se fue apañando desde las dirigencias de los clubes. ¿Por qué? Porque sostienen su esquema de poder a un costo módico, si se lo compara con los presupuestos que manejan. Les financian el cotillón, la pintura, entradas, algún abogado.
Se ha dicho que al descender Central una alta autoridad provincial concurrió a la reunión de gabinete del gobierno con la camiseta rojinegra de Newell’s, y se recuerdan folletos promocionales del Congreso de la Lengua, en 2004, en los que se borró del mapa a la cancha de ese mismo club. A quien omitió el detalle, como represalia, le pintaron el estadio de Newell’s en el capó de su auto. La semana pasada la fiscal que investiga la causa fue asaltada y le robaron sus celulares y las carpetas del caso.
Como telón de fondo, la ciudad se enrarece: en diciembre, un temporal furioso pero breve ocasionó graves inundaciones y desnudó la falta de obras de infraestructura; los saqueos a supermercados mostraron el potencial desestabilizador de organizaciones delictivas que controlan barrios, hubo un jefe de la policía provincial encarcelado por su presunta relación con los narcos, quienes a su vez blanquean su dinero en inversiones inmobiliarias y otras adquisiciones. Aunque también y como siempre está el esfuerzo de las organizaciones sociales que siguen apostando a la solidaridad en los barrios.

