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El general sin su laberinto

La muerte de Lino Oviedo

El general retirado y candidato a la presidencia de Paraguay por el partido Unión Nacional de Ciudadanos Éticos (unacé), Lino Oviedo, murió en un accidente de aviación ocurrido en la madrugada del pasado domingo, en el que perdieron también la vida el piloto y el guardaespaldas que lo acompañaban.

Oviedo, de 69 años, había asistido a un acto electoral en la localidad Presidente Hayes, al norte de Asunción. Poco después de terminar, abordó el helicóptero que debía trasladarlo de vuelta a la capital, pero el aparato se precipitó a tierra y sus tres ocupantes fallecieron, según el Servicio de Búsqueda y Rescate, que encontró los cuerpos carbonizados y los restos de la aeronave. Las primeras hipótesis apuntan a que el aparato cayó debido al mal tiempo, aunque los vecinos de la zona aseguran que en ese momento no había viento ni llovía.
Inmediatamente después de confirmarse la noticia, el presidente paraguayo, Federico Franco, declaró tres días de duelo y expresó su pésame a los familiares y amigos de Oviedo, al que calificó de “héroe militar” por dirigir el golpe de Estado que puso fin a la dictadura de Alfredo Stroessner (1954-1989).
Justo un día antes se habían cumplido 24 años de la asonada dirigida por el general, posteriormente condenado, exiliado y rehabilitado, tras lo cual se convirtió en el líder de la unacé, tercera fuerza política del país, una escisión del Partido Colorado con la que ya obtuvo el 21,8 por ciento de los votos en los comicios de 2008 y por la que se presentaría a las elecciones presidenciales del 21 de abril próximo.
Lino Oviedo era coronel cuando forzó la rendición de Stroessner, al que amenazó con una granada y una pistola. En 1993 asumió la comandancia del Ejército y en abril de 1996 se declaró en rebeldía contra el entonces presidente, Juan Carlos Wasmosy, antiguo socio suyo en el Partido Colorado, quien lo encarceló y condenó a diez años por sedición, lo que supuso su inmediata inhabilitación política y su baja en el Ejército.
El 23 de marzo de 1999 la democracia paraguaya atravesó sus peores horas desde la caída de Stroessner: el asesinato del vicepresidente Luis María Argaña, acérrimo enemigo de Oviedo –y cuando promovía un juicio político para la destitución del presidente Cubas–, desencadenó violentas protestas. Acusado de instigar los sucesos que derivaron en el asesinato de Argaña, Oviedo logró huir a Argentina, donde el entonces presidente Carlos Menem le ofreció asilo político.
Cuando Menem acabó su mandato, Oviedo pasó a la clandestinidad y pronto se le acusó de estar tras una nueva intentona golpista, en mayo de 2000, rápidamente sofocada. El gobierno brasileño ordenó su detención y lo mantuvo encarcelado durante año y medio, aunque se negó a extraditarlo a Paraguay.
El 29 de junio de 2004 regresó a su país sabiendo que iba derecho a la cárcel. “Me liberaré y gobernaré Paraguay”, prometió poco antes de ingresar en una cárcel militar de Asunción para cumplir la condena de diez años por la intentona golpista de 1996 contra Wasmosy. En los años siguientes, una serie de fallos judiciales confirmaron y anularon las distintas condenas por los procesos abiertos en su contra, hasta que finalmente la Corte Suprema le otorgó la libertad el 31 de julio de 2007.

 

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