Con Horacio Verbitsky, el aguafiestas
Mientras en Argentina los medios y la sociedad celebran la designación del primer papa vernáculo, en un clima de “orgullo nacional” que recuerda a Malvinas, el periodista Horacio Verbitsky es señalado como el aguafiestas y puesto a la cabeza de una ofensiva kirchnerista y de la “izquierda anticlerical” contra el flamante obispo de Roma. En diálogo con Brecha, Verbitsky, que lleva 15 años de documentadas investigaciones sobre las relaciones entre la Iglesia y los poderes fácticos en Argentina, en especial con la última dictadura, explica los fundamentos de sus denuncias contra Bergoglio por el secuestro de dos sacerdotes jesuitas en los setenta y habla sobre las perspectivas del pontificado de Francisco, “el papa del fin del mundo”.
—En su libro El silencio aparecen testimonios sobre la responsabilidad de Jorge Bergoglio en el secuestro de los dos sacerdotes. ¿No es momento de empezar a juzgar a los personajes de la jerarquía eclesiástica que fueron cómplices con la dictadura?
—El tema es que de los jerarcas de aquella época quedan muy pocos con vida. Y no hay pruebas de su complicidad con la dictadura. Uno de ellos es Alcides Jorge Pedro Casaretto. Se puede cuestionar política y éticamente su posición en aquellos años, pero no acusarlo de haber cometido un delito. Monseñor Antonio Plaza, capellán general de la Policía Bonaerense y arzobispo de La Plata, fue acusado por su propio sobrino por complicidad en la desaparición de su hermano, pero ya murió. Yo denuncié al cardenal Francisco Primatesta, el presidente del Episcopado en aquellos años, ante la justicia de Córdoba por el uso de la Casa Cuna, que dependía de él, para albergar hijos de detenidos desaparecidos. Las criaturas eran llevadas por militares o policías después de los operativos a la Casa Cuna, atendida por las monjas que designaba Primatesta, y ésta entregaba los bebés a familias militares que no podían tener hijos. La jueza Cristina Garzón de Lazcano, muy conocida por su vinculación con la Iglesia, guardó esa denuncia en un cajón, no hizo nada con ella. Y Primatesta finalmente murió. Entonces es difícil.
En el caso de Bergoglio, me parece que no hay elementos suficientes como para acusarlo judicialmente. Por eso yo publiqué la investigación pero no se me ocurrió hacer una denuncia judicial, porque las pruebas que hay son de un doble juego de parte del jesuita. Esos documentos muestran que él por un lado decía ayudar y proteger a los sacerdotes y por otro hablaba en contra de ellos diciendo cosas que ponían en riesgo sus vidas. Eso es lo que dijeron en su momento los dos sacerdotes secuestrados, Francisco Jálics y Orlando Yorio. Los documentos refuerzan eso, pero no son una prueba judicial. Entonces quiero ser cuidadoso también. Bergoglio fue citado como testigo. Se podría, por ejemplo, pensar en una denuncia por falso testimonio porque él declara bajo juramento ante la justicia, en uno de los testimonios que brindó, que no supo hasta terminada la dictadura de la apropiación de bebés, y la hermana de Alicia de la Cuadra, una muchacha que fue secuestrada embarazada, cuenta que la familia tenía relación con el superior de Bergoglio en la Compañía de Jesús, el padre Arrupe. Acudieron a él, los derivó a Bergoglio, éste los recibió y los derivó a otro obispo del lugar donde se había producido el secuestro, quien les informó que habían entregado la criatura a una familia de buena posición y que no iban a tener más noticias de la criatura. Probar judicialmente que eso que el otro obispo averiguó Bergoglio también lo sabía, podría ser, pero no es tan claro como en el caso de monseñor Plaza, que iba al campo de concentración, veía a las personas atadas a las camas de tortura y les daba medallitas. Eso ya es otra cosa.
—¿Jálics no tiene intención de declarar que él percibió que Bergoglio estuvo en la Escuela de Mecánica de la Armada (Esma) mientras ellos estaban detenidos?
—Jálics no quiere hablar de eso y ha sido muy claro. Dice que perdonó a Bergoglio. Interpretar sus palabras como una demostración de inocencia del cardenal me parece que es forzar los hechos. Yo no perdono a alguien que no me hizo nada. Puedo perdonar a alguien que me hizo un daño. La reconciliación es un sacramento de la Iglesia Católica que significa perdonar las ofensas recibidas. Y aun así, Jálics dice que no quiere hablar del rol de Bergoglio. *
—Pero la justicia argentina no podría utilizar el testimonio de Yorio, quien sostuvo que Jálics percibió la presencia de Bergoglio en la Esma. ¿No podría ser utilizado para que el propio Jálics testimonie nuevamente sobre el tema?
—No creo. Jálics vive fuera del país, en Alemania. Se puede citar compulsivamente a una persona que ha cometido un delito, pero no se puede hacer lo mismo con alguien que ha padecido un delito si no quiere hacerlo. Y por otro lado no veo que haya disposición de la justicia argentina para avanzar sobre la jerarquía eclesiástica. No se percibe ninguna intención en ese sentido. Hay otra cuestión. Bergoglio declara judicialmente que él buscó y no encontró en los archivos eclesiales documentos sobre los detenidos desaparecidos. Sin embargo, su sucesor en la Conferencia Episcopal Argentina (cea), José Arancedo, envió a la justicia un documento, que yo ya había publicado, confirmando que existía documentación en la que el presidente y los dos vice de la cea discuten con el dictador Jorge Videla la mejor forma de manejar las denuncias sobre los detenidos desparecidos. Los obispos dicen en ese diálogo con Videla que existen muchas presiones y que hay que decir algo. Y el dictador les contesta que podrían decir que los desaparecidos están muertos pero que si lo dicen van a empezar a preguntar quién los mató y dónde los enterraron. “Yo tengo que cuidar de las personas”, decía entonces Videla. Ese documento existe y está en manos de la justicia, aunque Bergoglio lo negó. Se podría pensar que allí incurrió también en falso testimonio. Pero creo que eso tiene un valor político y ético, no jurídico. No hay posibilidad de hacer valer jurídicamente esos documentos.
—¿Por lo endeble del testimonio, o porque Bergoglio ya es papa?
—Es que ahí habría que hacer una construcción jurídica. Sería necesario argumentar que el falso testimonio referido a un crimen de lesa humanidad queda abarcado por la imprescriptibilidad de ese tipo de delito. Es una construcción jurídica complicada y no me parece que haya jueces dispuestos a avanzar en esa dirección. El problema es que hay en vastos sectores de la sociedad argentina una resistencia a mirar los hechos. Eso me preocupa mucho más que la actitud de un juez. Se está viviendo un clima que recuerda al de los días posteriores a la invasión de las islas Malvinas o los mundiales de fútbol. Esta es una sociedad que periódicamente cae en esas erupciones de entusiasmo masivo donde parece que no hay espacio para ninguna voz disidente, y ni siquiera para algún silencio. Es necesario que todos canten y salten y agiten banderas al mismo tiempo. Por supuesto que esto va a pasar, como pasaron la Guerra de las Malvinas y los mundiales de fútbol. Son momentos de hipnotismo y alucinación que no toleran ningún disenso.
—¿Qué evaluación hace cuando algunos periodistas sostienen que entre Bergoglio y Cristina Fernández (y antes Néstor) hay menos diferencias de las que se creen pero chocan por su personalidad?
—Hay una diferencia de roles más importante que la diferencia de personalidad. Bergoglio como papa plantea hacer las cosas que hizo Néstor Kirchner como presidente. Se baja del papamóvil y se mezcla con la muchedumbre. El tema es ver la coherencia entre el discurso y la práctica. Bergoglio tiene un discurso muy simpático hacia los pobres, pero cuando el gobierno se enfrenta con las cámaras patronales agropecuarias (en 2008) que se niegan a pagar el impuesto con el cual el gobierno puede sustentar los planes sociales a fin de mejorar la situación de los pobres, él se alinea con la Sociedad Rural y no con los pobres. Puede haber puntos de acercamiento. De hecho Bergoglio militó en el peronismo, en la organización Guardia de Hierro…
—Es diferente a la militancia reivindicada por Néstor Kirchner y Cristina Fernández. Guardia de Hierro estaba más bien ligada a la derecha peronista.
—Pero también tenía el discurso tercermundista de la izquierda peronista. Cuando Bergoglio le habla a Cristina de “la patria grande latinoamericana” lo hace desde el discurso tradicional peronista que abarca a todas las fracciones. Después hay que ver quién hace realidad ese discurso. Néstor y Cristina lo hacen realidad. El tema de Malvinas y el discurso social son terrenos donde puede haber coincidencia.
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