Las dos cabezas sirias
- Última actualización en 22 Marzo 2013
- Escrito por: Laura J Varo* desde Beirut
Prácticamente desconocido, escondido en las filas de la Coalición Nacional de la Revolución Siria y Fuerzas de la Oposición (cnrsfo) y sin experiencia política, Ghassan Hitto se convirtió el lunes 18 en el primer ministro interino de las “áreas liberadas” de Siria. Pese al mensaje de cohesión que pretendía lanzar el organismo, la elección de este ingeniero en telecomunicaciones de 55 años está lejos de imprimir una definitiva estampa de unidad a la amalgama de fuerzas opositoras al régimen de Bashar al Assad, cada vez más escorada ante el peso de los Hermanos Musulmanes, impulsados por Qatar.
El escenario no podría haber sido mejor. La entrada de la crisis Siria en su tercer año fue el telón de fondo de una votación celebrada en Estambul que se ha saldado con la dimisión de nueve miembros de la cnrsfo. “Aprovecho esta oportunidad, en el aniversario de nuestra gran revolución, cuando la primera gota de sangre fue derramada en Deraa (…) para decirles que la victoria y un futuro mejor se aproximan”, apuntaba Hitto en su primer discurso tras la elección
Los retos a los que se enfrenta, sin embargo, son enormes. La elección de un primer ministro rebelde marca el inicio de una estrategia para imponer en las “áreas liberadas” una administración que asegure los servicios básicos a la población del norte y el este del país, donde ya han empezado a funcionar consejos locales de carácter asambleario. El siguiente paso será la formación de un gobierno de transición que pretende aglutinar al menos el reconocimiento de los 130 países que respaldan la coalición de fuerzas opositoras y generar estabilidad dentro del país.
Pero tras dos años de lucha, la crisis está lejos de llegar a su fin. Con más de 70.000 muertos, un millón de refugiados fuera de las fronteras sirias y más de dos millones de desplazados internos, según los datos reconocidos por Naciones Unidas, el conflicto se enquista a medida que los enfrentamientos entre la mayoritaria población sunita y la población chiíta-alahuita, a la que pertenece la familia Al Assad, toma tintes de guerra civil que amenaza con espolear otros países de la región como Líbano.
“La situación sobre el terreno en Siria es demasiado inestable”, apunta Khalil Harb, editor del periódico panarabista libanés As-Safir. “Por un lado está el Ejército Libre Sirio (els) y por el otro los grupos de milicianos yihadistas, muchos extranjeros, demasiado diversos, que luchan constantemente entre ellos.”
Este es uno de los mayores escollos que debe salvar el gobierno provisional. Las luchas intestinas amenazan con paralizar el avance del Ejército Libre de Siria y dinamitar los intentos de establecer una mínima red de servicios básicos, como escuelas y hospitales, y crear vías de entrada seguras para el suministro de combustible y alimentos. “Quizá no lo veamos hoy, pero sí mañana, cómo todas esas facciones comienzan a luchar entre ellas por hacerse con el poder en las distintas regiones con el fin de gestionar los recursos y fondos que puedan llegar”, sentencia Harb.
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