Una guerra preventiva
- Última actualización en 22 Marzo 2013
- Escrito por: Jorge Bañales desde Washington
Irak, diez años después
Hace diez años Estados Unidos invadió Irak en una guerra innecesaria y sin financiación, en busca de armas que no existían, para derrocar a un ex aliado. Se optó por una estrategia de campaña demoledora y rápida, que no hizo previsiones para el empantanamiento. Ahora quedan décadas por delante para lidiar con las consecuencias.
El entonces jefe del Pentágono, Donald Rumsfeld, describió como “estremecedora y pavorosa” (shock and awe) la apertura de la invasión estadounidense en Irak: un aluvión sin precedentes de bombas inteligentes, bombas de las tontas, misiles guiados y metralla a granel. La mayor potencia mundial del planeta y la historia descerrajando su poderío y su tecnología sobre un país donde por una década dos tercios del espacio aéreo estuvo bajo control de los ahora invasores, y en que el embargo económico había causado miseria y muerte.
En apenas 23 días las tropas de Estados Unidos y sus pocos aliados marcharon desde Kuwait hasta Bagdad, en una campaña brillante mientras las fuerzas militares de Saddam Hussein se disolvían con poca espuma que justificara las terribles descripciones hechas por Estados Unidos antes de la invasión.
La razón principal que citó el gobierno del presidente George W Bush para lanzar la primera guerra de Estados Unidos en la cual ese país no había sido atacado primero, fue que Saddam contaba con un temible arsenal químico y biológico que, combinado con misiles, convertía a Irak en una amenaza para el mundo, y en particular para su vecino cercano, Israel. La propaganda oficial también enganchó de manera oportunista y confusa al régimen de Saddam con Al Qaeda, la red terrorista que en setiembre de 2011 mató o hirió a más de 3 mil personas en ataques en Estados Unidos.
Rumsfeld y sus generales prepararon con cuidado la invasión y la condujeron con éxito a lo que hubiese sido una victoria en una guerra del siglo xix: captura de la capital enemiga, derrocamiento del dictador balandro y desbande de sus fuerzas armadas. Tras ello, los autores intelectuales de la invasión a Irak esperaban la pronta instalación de un gobierno democrático, tras lo cual las tropas de Estados Unidos saldrían en medio de desfiles de agradecimiento, y retornarían a casa para desfiles de celebración.
Pero, desmantelado el régimen que por décadas contuvo bajo su puño de hierro a las facciones centrípetas de un Estado creado con fronteras artificiales, Irak se sumió en un conflicto de tribus, sectas religiosas y yihadistas todos contra todos, y todos ellos contra los infieles invasores.
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