El lastre que dejó Calderón
- Última actualización en 17 Julio 2012
- Escrito por: nuevabrecha
El presidente saliente inauguró su gestión prometiendo que daría trabajo, y la termina con cifras negativas: la pobreza afecta al 42 por ciento de la población y la riqueza está concentrada en pocas manos.
"Bienvenidos al cambio", dice con una insolencia sin memoria uno de los afiches de la campaña electoral del Partido de la Revolución Institucional (pri). México eligió el domingo entre dos opciones: volver a entregar el poder al partido que dominó la vida política del país durante más de 70 años u optar por el cambio que representaría la victoria del progresista Partido de la Revolución Democrática (prd). En ambos casos, pri o prd, el presidente que surja de las urnas y remplace al representante del pan, Felipe Calderón, tendrá que conducir un país fracturado tanto por la ola de violencia que acarreó la lucha contra el narcotráfico (más de 50 mil muertos en seis años) como por los índices alucinantes de pobreza y desigualdad que deja el mandato de Calderón. "No sé qué hubiera sido de la gente más pobre si no hubiera tenido el apoyo solidario de la política social con rostro humano", afirmó Calderón hace unos días. Sus declaraciones contradicen las estadísticas y hasta la misma esencia con que, hace seis años, inició su presidencia. Calderón inauguró su mandato como el presidente que daría trabajo, y lo termina con cifras negativas: la pobreza afecta al 42 por ciento de la población, lo que equivale a 52 millones de personas. En contraposición, 41 por ciento de la riqueza nacional está en manos del 10 por ciento de la población. El segundo punto negro es la violencia que se desencadenó con la estrategia que Calderón adoptó para combatir el narcotráfico. Los más de 50 mil muertos que dejó esta infructuosa lucha también repercutieron en la economía con una pérdida calculada en 1,5 por ciento del producto bruto nacional.
México ofrece un cuadro de cifras contradictorias. La revista Forbes estableció que 11 de las personas más ricas del planeta son mexicanas. Este grupo acumula un capital de 112.300 millones de dólares, lo que equivale a cerca del 10 por ciento del producto bruto interno. Al mismo tiempo, la Organización de Cooperación y Desarrollo Económico constata que, con 52 millones de pobres, México presenta el segundo índice de desigualdad más elevado entre las economías que componen este organismo multilateral (el primero es Chile). Doce millones de nuevos pobres se integraron a las estadísticas a raíz del estancamiento del crecimiento. Esa cifra se ve reflejada en el mercado de trabajo: el sector informal emplea cerca del 30 por ciento de la población activa, unas 12 millones de personas. Nunca antes en la historia del país se había registrado una cifra tan elevada dentro de la segunda economía de América Latina después de Brasil. El panorama que deja Felipe Calderón es exactamente contrario al que va dibujando en sus sucesivas apariciones públicas. El Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval) calculó que hay unos "11,7 millones de mexicanos en condición de pobreza extrema".
En 2006 Calderón se autoproclamó "el presidente del empleo". El mandatario prometió generar empleos con mejores salarios y bajar los impuestos. El resultado final es lo contrario. A esto se le agrega el costo de la lucha contra el narcotráfico. La lectura de este fenómeno es doble: por un lado está el beneficio directo del dinero obtenido por el narcotráfico, en especial la generación de inversiones en bienes raíces. Por el otro está el costo que acarrea para el turismo (que está en caída), la emigración al exterior y los desplazamientos internos. Decenas de miles de mexicanos abandonaron las ciudades del norte del país azotadas por la violencia, principalmente Tamaulipas, Chihuahua, Sinaloa, Coahuila y Nuevo León. Sin embargo, las evaluaciones sobre el trastorno real que los narcos causan a la economía difieren según los interlocutores. Eduardo Cepeda, de J P Morgan Grupo Financiero para América latina, estimó que la violencia del crimen organizado le costó a México entre el 1 y el 1,5 por ciento del PBI (casi 16.000 millones de dólares anuales). Sin embargo, la Unidad de Promoción de Inversiones y Negocios Internacionales de Proméxico negó que la narcoviolencia haya sido un factor de pérdida de inversiones, ni de competitividad, ni de achicamiento del PBI. Este argumento choca sin embargo con lo que se constata a simple viste: la violencia genera miedo y el miedo retención. Resulta imposible asegurar que tales niveles de horror no impacten en la economía. Lo que sí se plantea sin discusión es el aumento de la desigualdad y la pobreza. La pujanza de las cifras alentadoras no se prolonga en las políticas distributivas aplicadas hasta ahora. Ese será, con la violencia, uno de los mayores desafíos del próximo presidente. El Coneval ha hecho públicos informes que no dejan espacio al debate sobre si sí o si no: 28 millones de personas tienen serios problemas para acceder a una alimentación básica. Entre 2008 y 2010, 5 millones de mexicanos más pasaron a integrar las estadísticas más críticas de la pobreza. Los analistas apuntan un dato concreto: el bajo crecimiento mexicano –un promedio de 2,3 por ciento del PBI desde 2006– explica en buena medida el aumento de la pobreza. Los porcentajes de crecimiento de México siguen siendo bajos para absorber las desigualdades persistentes. El 3,8 por ciento previsto para este año está muy lejos del 6,5 de crecimiento que registran las economías en expansión. Peor aun: el próximo jefe de Estado dependerá en mucho de lo que ocurra en Estados Unidos, cuya crisis impacta enormemente en México y también en Europa. n

