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El derrumbe de un partido bisagra

La caída de los liberales en Alemania
A menos de siete meses de las elecciones nacionales en Alemania, curiosamente la atención mediática no está puesta en el 40 por ciento que las últimas encuestas le adjudican a la gobernante Unión Demócrata Cristiana (cdu), ni en el 25 que le dan a los socialdemócratas del spd, sino en el magro 4 por ciento de los liberales del fdp, el único partido que en 70 años siempre formó parte de los parlamentos germanos y el que más tiempo pasó en el gobierno.

 

 

Cuando el 27 de octubre los alemanes concurran a los locales de votación recibirán una papeleta donde tendrán la posibilidad de marcar dos opciones. El Erststimme (primer sufragio) se encuentra en la columna izquierda de la hoja. Allí el votante deberá optar por un candidato para ocupar la diputación que le corresponde a su circunscripción electoral en el Bundestag (Cámara de Representantes). El territorio alemán está dividido en 299 distritos, correspondiéndole a cada uno un único diputado, de manera que sólo el candidato más votado accede al cargo. En tanto, en la columna que aparece a la derecha el elector no elegirá a una persona sino a un partido. Este voto, denominado Zweitstimme (segundo sufragio), es el más importante ya que a partir de él se establece qué proporción de los 598 diputados que conforman el Bundestag corresponde a cada formación. Una vez determinado el número de parlamentarios que tendrá cada partido, los primeros en ocupar estos puestos son los 299 diputados electos de forma directa por cada circunscripción, mientras que el resto se completa respetando la relación de fuerzas surgida del segundo sufragio.

DAME UN CINCO. Este sistema con dos votos simultáneos, que confunde a buena parte de los propios electores alemanes, intenta mantener el equilibrio entre la representatividad de escala nacional y la local en la conformación de la Cámara de Representantes, cuya mayoría deberá nominar al líder del Poder Ejecutivo, el “canciller”. Pero este celo por la representatividad con dos escalas simultáneas tiene una limitación: sólo accederán al Bundestag los partidos que logren superar el 5 por ciento de los Zweitstimme, que según la participación –que no es obligatoria y que en las últimas elecciones fue del 71 por ciento– puede corresponder a algo más de 2 millones de votos, o que hayan ganado al menos tres circunscripciones electorales.
En las últimas elecciones (2009) los Erststimme dieron la victoria a la cdu y su socio bávaro, la csu, en 218 de los 299 distritos electorales, correspondiéndole 64 al cdu y 16 a Die Linke (La Izquierda) –todos ellos en territorios de la ex rda–, mientras que Die Grünen (Los Verdes) ganaron solamente en el popular distrito berlinés de Kreuzberg. Una excepción a la regla se produjo en 1994, cuando el Partido del Socialismo Democrático (pds, hoy parte de Die Linke, apenas alcanzó el 4,4 por ciento de los Zweistimme pero se alzó con la victoria en cuatro circunscripciones electorales y entró al Bundestag. Esta norma electoral tiene como objetivo evitar que una posible atomización de la Cámara obstaculice la posibilidad de formar mayoría parlamentaria para nominar al canciller. Esa es precisamente una de las urticarias que los alemanes mantienen de la dictadura, cuando en 1932 quedaron representados en la Cámara 14 partidos. La dificultad que entonces se produjo para formar gobierno radicalizó los ánimos –que ya venían caldeados por la inestabilidad política que caracterizó a la República de Weimar y la hiperinflación de la década del 20– y abrió paso al nazismo.

DESDE SIEMPRE. Tras el retorno de la democracia, en 1949, los alemanes han concurrido a las urnas para elegir el Bundestag en 17 ocasiones. En todas las instancias el Partido Liberal ha obtenido representación parlamentaria, con un porcentaje de sufragios que usualmente ronda el 10. Pese a esa acotada votación, el fdp es el partido que más tiempo ha participado en el gobierno, aunque siempre como socio minoritario y sin haber nominado nunca un canciller de entre sus filas.
Hasta la década del 80 el electorado alemán se polarizaba entre la cdu y el spd, siendo el fdp el encargado de volcar la balanza hacia un lado u otro. De esta forma los liberales han participado en el gobierno por casi 50 años, siendo socios de cancilleres tan disímiles como Konrad Ade-nauer (cdu) y Willy Brandt (spd).
En las últimas elecciones nacionales (2009) el espectacular 14,6 por ciento que obtuvo le permitió al fdp volver a integrar la coalición de gobierno, en el segundo período de Angela Merkel al frente del Poder Ejecutivo. En consecuencia, el líder del fdp, Guido Westerwelle, ocupó simultáneamente el puesto de ministro de Exteriores y el de vicecanciller, cargo que suele reservarse para el líder del socio minoritario en el gobierno. Todo hacía suponer que la sangría que desde los noventa –con la aparición de Los Verdes– había sufrido el fdp estaba terminada.

CAÍDA LIBRE. Llamativamente, después de alcanzar su mejor resultado electoral de la historia, el apoyo a los liberales se ha ido derrumbando. Durante 2011 quedaron fuera de los parlamentos de Sachsen-Anhalt y Rheinland-Pfalz por no haber logrado superar el 5 por ciento. Además los sondeos a nivel nacional ya marcaban que su respaldo se reducía drásticamente, en tanto que el liderazgo de Westerwelle, que había llevado al partido a la cima, comenzaba a resquebrajarse. En las elecciones de Baden-Württemberg, el Land (estado federal) más próspero de Alemania, los liberales apenas lograron un 5,3 por ciento de los votos, menos de la mitad de adhesiones que en la votación anterior. El magro desempeño del fdp dejó a la cdu sin socio para poder formar mayoría, teniendo que ceder el gobierno a verdes y socialdemócratas. Tras estas elecciones regionales, Guido Westerwelle renunció como líder del partido, aunque se mantuvo como ministro de Exteriores. El fdp pasó a ser encabezado por Philipp Rösler, quien también se hizo cargo de la vicecancillería.

SIN HORIZONTE. Pese al cambio de liderazgo, en las siguientes cuatro elecciones regionales (Bremen, Mecklenburg, Berlín y Saarland) el fdp tampoco logró entrar a los parlamentos, siendo la derrota en la capital –donde recogió apenas el 1,8 por ciento de las voluntades– el episodio más doloroso. Las siguientes elecciones resultaron un tanto ambiguas, porque aunque logró ingresar en parlamentos importantes como el de Schleswig-Holstein (8,2 por ciento) y especialmente el de Nordrhein-Westfalen (8,6), ninguno de estos resultados tuvo efecto en la intención de voto a nivel nacional, donde seguían sin lograr superar la barrera del 5 por ciento. Mientras tanto la interna del fdp volvía a estar al rojo vivo y el liderazgo de Rösler comenzaba a ser cuestionado. Finalmente, la resurrección pareció llegar en junio del año pasado en las elecciones de Niedersachsen, Land donde el fdp gobernaba en coalición con la cdu. Cuando las encuestas pronosticaban una votación de apenas 4 por ciento, el fdp se despachó con un sorprendente 9,9. Sin embargo, la alegría liberal se diluyó pocas horas después cuando se supo que debido al pobre desempeño de la cdu ambos partidos debían abandonar el gobierno regional.
Sin lugar para promesas electorales que tengan que ver con grandes reformas impositivas, los liberales parecen haber quedado sin espacio en el reparto de votos. En medio de la desesperación, el ala más derechista del fdp apela al “euroescepticismo” que los aportes alemanes a los fondos de estabilidad del euro y las ayudas a Irlanda, Portugal y Grecia han despertado en algunos sectores de la sociedad, aunque parece que esta estrategia tampoco está dando frutos. Las encuestas más recientes no han cambiado el desolador panorama del fdp, cuya intención de voto en ningún caso supera el 4 por ciento. Si este escenario finalmente se concreta los liberales quedarían fuera del Bundestag por primera vez desde 1949.

EL MACHO ALEMÁN. Como si el raquítico pronóstico electoral no fuera suficiente problema para el Partido Liberal, un artículo aparecido en la popular revista Stern el pasado enero envolvió a Rainer Brüderle, recientemente nominado como candidato para la cancillería, en una polémica de escala nacional. En la nota titulada “Der Herrenwitz” (Chiste de hombres), la periodista Laura Himmelreich relata que durante un mitin, Brüderle, mirando sus pechos le dijo: “Sie können ein Dirndl auch ausfüllen” (“Usted podría llenar un dirndl”), haciendo referencia al tradicional vestido bávaro que, ajustado en la parte superior, deja expuesto un generoso escote. Cuenta la periodista que durante la conversación el político de 67 años le tomó la mano, se la besó y le pidió que aceptara sus insinuaciones, a lo que ella respondió que prefería mantener un vínculo estrictamente profesional. Pese a que los dirigentes del fdp negaron la historia y acusaron a Stern de haber cruzado la frontera del sensacionalismo, era demasiado tarde: la polémica se había convertido en una discusión sobre el papel de la mujer y el sexismo en la sociedad alemana. Al ser consultada, Angela Merkel –cuya estrategia hasta hora parece ser la de cubrirse de teflón para no quedar incluida en ninguna discusión escabrosa– abogó por “un contacto humano, profesional y respetuoso” entre los políticos y los periodistas. 

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