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Última actualización en 05 Abril 2013
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Escrito por: Brecha
“Danza con ojivas nucleares. Las dos Corea a punto de un desenlace militar.” El titular, de una agencia internacional de noticias, no es de hoy. Es de 2010, pero podría haber sido también de un par de años antes, o de fines de los noventa, o de los ochenta, o… Dos años atrás, Corea del Norte era acusada por su rival del sur de haberle partido en dos un barco de guerra, matándole a 46 soldados. Pyongyang había negado su participación en el ataque, pero pocos meses después atacaba la isla de Yeonpyeong, matando a dos militares y dos civiles sudcoreanos. La excusa del ataque fueron las maniobras militares conjuntas de Estados Unidos y Corea del Sur, un ejercicio anual frente a sus costas que los norcoreanos denuncian un año sí y otro también como una provocación. Fue también la inminencia de unas nuevas maniobras militares conjuntas de Washington y Seúl la que despertó la escalada de este 2013. Los norcoreanos advirtieron que si la operación se realizaba denunciarían el armisticio que puso fin a la guerra de Corea en los cincuenta y que pasarían a tener con Seúl un trato equiparable al que se tiene con países con los que se está en guerra. Las maniobras se realizaron y de inmediato Pyongyang cumplió con su promesa: denunció el armisticio y fue subiendo de tono semana a semana hasta llegar a amenazar con un ataque nuclear preventivo a Estados Unidos y Corea del Sur y a relanzar las operaciones con fines militares de un reactor nuclear que estaba sin uso desde 2007. También afirmó que había aumentado la movilización de sus fuerzas de artillería, colocando en el punto de mira a las bases estadounidenses en Guam y Hawai.
“Si se sigue a los medios norcoreanos se puede oír un lenguaje belicoso continuo dirigido a Estados Unidos y Corea del Sur –e incluso ocasionalmente a Japón– y es difícil saber cuándo tomárselo en serio. Pero si uno se fija en las ocasiones en las que sí pasó algo, como el ataque de la artillería a una isla del sur en 2010, se comprueba que eran advertencias muy claras”, dijo a la bbc de Londres John Delury, profesor de la Universidad de Yonsei, en Corea del Sur.
“Cada vez que un país amenaza con ataques nucleares preventivos hay que preocuparse. Y Corea del Norte no es una excepción, especialmente con su reciente cambio de retórica, que pasó de acusar a Estados Unidos de imaginar amenazas a amenazar realmente con usar sus misiles en su contra”, comentó a su vez al mismo medio Andrea Berger, del Instituto Real para la Defensa y Seguridad, en Londres.
Buena parte de los analistas occidentales creen sin embargo que Corea del Norte fanfarronea. Piensan que su retórica belicista es más bien de consumo interno, dirigida a legitimar con un enfrentamiento, aunque sea en los papeles, el liderazgo del nuevo “gran líder” Kim Jong-un, un joven que llegó al poder tras un ascenso meteórico en el ejército de la mano de su fallecido padre sin mostrar credenciales suficientes como para justificar la trepada. Dicen también estos analistas escépticos ante las amenazas de Pyongyang que los norcoreanos no disponen todavía de una tecnología suficientemente eficaz en el terreno nuclear y balístico como para inquietar a los occidentales. El ejército norcoreano es a su vez muy numeroso, de más de un millón de hombres, pero su equipamiento sería obsoleto.
Otros afirman en cambio que si bien a Corea del Norte le falta un tiempo para alcanzar el nivel tecnológico en lo militar que ya ha desarrollado su vecina del sur con apoyo estadounidense, está en vías de alcanzarlo. Y toman como indicio los últimos ensayos nucleares realizados por los norcoreanos. A aquellos que afirman que los dichos de Pyongyang son fanfarroneadas y califican sus amenazas como “juegos de guerra”, estos últimos analistas responden que en junio de 1950 Corea del Norte también escondió sus cartas antes de atacar al sur e iniciar la llamada Guerra de Corea. Claro que eran otros tiempos: se estaba lejos de poseer el poder de destrucción de hoy, que convertiría en suicida a cualquiera que lanzara la primera “piedra” atómica.
La analista Andrea Berger recomienda de todas maneras a Estados Unidos y a su aliado surcoreano manejarse con cautela e inspirarse de la prudencia que guió a Bill Clinton cuando en los años noventa suspendió unas maniobras militares conjuntas con Seúl al ver que los norcoreanos estaban particularmente inquietos y amenazantes. La Casa Blanca consideró entonces que aunque Corea del Norte no pudiera (menos entonces que hoy) alcanzar objetivos militares en los propios Estados Unidos sí podía atacar a alguno de sus “intereses” en la zona (Washington dispone hoy de casi 30 mil soldados en Corea del Sur, de unos 40 mil en Japón y de una gran base en Guam) o a alguno de sus aliados, en especial la propia Corea del Sur. Seúl está sí perfectamente al alcance de la artillería norcoreana.
Estos últimos días el Departamento de Estado se encargó de dejar en claro que cualquier ataque a uno de sus aliados, sea Corea del Sur, sea Japón, sería tomado como un ataque al propio territorio estadounidense. También tendió la mano a Pyongyang para que “demuestre con hechos su voluntad de paz” y desactive el hilo rojo en la región.
Los analistas militares toman como barómetro de las tensiones en la península coreana lo que sucede con un gran complejo industrial binacional instalado del lado norte de la frontera, en el que trabajan 54 mil obreros norcoreanos y 484 técnicos sudcoreanos y que es considerado una fuente importante de ingresos para Pyongyang. Ayer jueves, y por segundo día consecutivo, el norte prohibió el ingreso, a través de la zona desmilitarizada que separa a los dos países, de los trabajadores sudcoreanos al complejo. Éste fabrica diversos productos (textiles, electrodomésticos, autopartes) para 123 empresas de Corea del Sur instaladas allí en buena medida debido a los bajos salarios. Seúl barajó el miércoles una acción militar para garantizar la seguridad de sus ciudadanos que trabajan en Kaesong en caso de que corrieran peligro. Por ahora la descartó.