Maggie, el enemigo irremplazable

La siguiente nota, aparecida en Brecha inmediatamente después de la renuncia de Margaret Thatcher,* recrea el clima cultural de la época, en la que como contrapartida al conservadurismo thatcheriano florecía una contracultura libertaria que tenía en el cine y en el rock sus principales exponentes.

 

Desde fines de los ochenta la Inglaterra thatcheriana tuvo su reverso en el cine y el rock. Contra “Maggie” y su política nació una contracultura que no tuvo equivalente en el resto de Europa occidental, como tampoco la polarización social que resultó de la aplicación del modelo ultraliberal thatcheriano.
Cathal Coughlan, roquero británico, deambuló por las calles de Londres en busca de signos de festejo popular por la renuncia de Margaret Thatcher. No los encontró. Tuvo que ir a locales de rock para verlos. “Estoy un poco decepcionado. Nadie puede creer que Maggie se haya ido, y al mismo tiempo todo el mundo piensa que cualquiera sea el futuro líder conservador las cosas en Gran Bretaña seguirán igual que antes. Sólo los roqueros, los cineastas y todos los que formamos parte del movimiento alternativo festejamos abiertamente la caída de Maggie”, afirma. “Me acordaré siempre de los años ochenta como la década en que una nube sombría y amenazante planeó sobre Inglaterra. Hoy en Londres se ve gente miserable y sin casa en todas las esquinas. Hace diez años eso no existía”, dijo Coughlan, cantante del grupo Mock Turtles.
El lunes 26 apareció en las disquerías londinenses el último trabajo de Paul McCartney. Su título: All my trials (Todos mis ensayos). Su temática: “la denuncia de la miseria y el de-sempleo que dejó el thatcherismo”, según dijo el propio ex beatle.
Coughlan y McCartney son sólo algunos de los roqueros que vieron en Maggie al demonio. Y ni uno ni otro forman parte del ala más “comprometida” del movimiento alternativo británico. Grupos como The Clash, The Beats, The Specials, Bananarama, The Wam, los Redskins, o figuras como Billy Bragg, Jimmy Sommerville y Dave Stewart fueron más lejos.

{restrict}DE LOS MINEROS A LA POLL TAX. Cuando Thatcher llegó al gobierno, en 1979, Gran Bretaña vivía todavía el movimiento punk. Pero un punk que estaba abandonando su época “destroy”, nihilista, y lanzaba iniciativas del tipo de Rock Against Racism (Rock contra el Racismo), en la que participaron grupos como The Clash.
Maggie comenzó poco a poco a cristalizar toda una época roquera en su contra, a medida que se iba afirmando en el poder y se iba definiendo el thatcherismo. La muerte de diez militantes irlandeses en huelga de hambre, en 1981, llevó a algunos conocidos conjuntos a criticar el “encarnizamiento” de la “Dama de Hierro”. La política británica respecto al régimen del apartheid sudafricano provocó algo similar. En esos años The Specials graban “Ghost Town” (“Ciudad fantasma”) y “I ain’t gonna work on Maggie’s farm” (“No voy a trabajar en la granja de Maggie”), mientras que The Beats reclaman directamente la caída de Thatcher (“Stand down Maggie”).
Fue sin embargo la huelga minera del 84 la que marcó un giro y llevó a toda una franja de la juventud británica a la rebelión contra la primera ministra. “La huelga operó como un electro-shock. Hubo un antes y un después del movimiento minero. Nuestra manera de pensar se radicalizó a partir de 1984”, dijo Billy Bragg. Para alimentar los fondos de solidaridad con los mineros que resistieron durante casi un año la política de desmantelamiento de esa industria conducida por Thatcher, grupos de rock multiplicaron los conciertos. Los Newton Neurotics denunciaban en 1985 “la depravación social reinante en el país”, al tiempo que New Model Army alertaba sobre “una situación en la que los ricos se enriquecen y los pobres se empobrecen”.
“La derrota del movimiento minero la sentimos un poco como si hubiera sido nuestra”, declaró uno de los promotores de los recitales de rock.
Por esa misma época, Billy Bragg lanzó el Red Wedge, un movimiento abiertamente prolaborista. Bananarama, Dave Stewart, Heaven 17, Tom Robinson (militante gay), Madness, Jimmy Sommerville se sumaron a la idea. Los Redskins (movimiento de “cabezas rapadas” de izquierda) apoyaron la temática antithatcheriana del Red Wedge pero se negaron a hacerle el juego a un político demagogo como Neil Kinock (el líder laborista). Bragg justificará su iniciativa: “Se estaba en un momento en que la alternativa era el comienzo del fin del thatcherismo o el exacto punto medio de 12 años de poder conservador”. Fue (casi) lo segundo, Maggie fue reelecta sin problemas. “Subestimamos el hecho de que 40 por ciento de la población británica se está enriqueciendo con Maggie y que los que no lo están haciendo piensan que algún día podrán hacerlo: todos aspiran a ser como los yuppies, los jóvenes profesionales urbanos a los que está exclusivamente dirigida la propaganda de los conservadores. En casi diez años Maggie logró falsificar a la sociedad británica”, explicaba, con acentos de político, Billy Bragg.
En 1990 Thatcher decidió crear un nuevo impuesto, la poll tax, una tasa municipal que, según sus detractores, “enriquece a los ricos y termina de liquidar a los pobres”. La poll tax fue resistida incluso por sectores del Partido Conservador, y algunos la ven hoy como la medida que marcó el inicio de la decadencia de la primera ministra británica. Los roqueros se jugaron otra vez, organizando conciertos. Los raperos se sumaron. Un disco anti poll tax fue puesto a la venta y se creó el Comité de Artistas contra la Poll tax, integrado, entre otros, por Neneth Chery, Sommerville y Rebel Mc. “La poll tax fue lo mejor que sucedió en Inglaterra en los últimos años, porque nos permitió sacarnos de encima a Maggie”, comentó John Robb, cantante del grupo de rock Membranes.

UN CINE LIBERTARIO. Si los roqueros cantaron contra los demonios de la Inglaterra thatcheriana, los cineastas los pusieron en escena. Un cine social y realista new look, lejos de los cánones del panfleto militante y pedagógico, apareció en los años ochenta en Gran Bretaña “gracias” (o mejor dicho contra) Margaret Thatcher. Londres y Liverpool fueron los principales puntos de partida de ese movimiento, y Ken Loach, Stephen Frears, James Ivory, Mike Newell, Chris Bernard, algunos de los cineastas de la generación “against Thatcher” que hizo del puritanismo y del conservadurismo de la Inglaterra del orden moral su blanco principal, y de la sexualidad, los enfrentamientos raciales, la mugre urbana, la miseria en guetos y periferias, otros tantos temas echados a la cara del establishment thatcheriano. Y ello sobre un fondo de ironía y de humor so british... […]. n
*     Publicada el 11-XI-90. Se reproducen los extractos transcriptos en el libro Navegar la Brecha. 25 años de periodismo independiente.{\restict}

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