Un proceso electoral seguro

Con el embajador de Venezuela Juan Chirino

Lo primero a señalar es que hay nuevamente elecciones en Venezuela, y que esto es un fenómeno relativamente nuevo, posterior a 1998: ha habido más elecciones desde entonces que en los cuarenta años anteriores. Eso ha llevado a que aumente la cultura electoral de los venezolanos, así como la participación. Antes había menos elecciones y más abstención: se elegía cada cinco años al presidente y a los parlamentarios, y era el presidente el que designaba a los gobernadores y alcaldes. Eso empezó a cambiar en los noventa, y con la nueva Constitución del 99 se dan procesos electorales diferenciados. Estas del domingo serán elecciones extraordinarias, por las circunstancias en que se dan, pero dentro de un ambiente de normalidad electoral y de cultura cívica.
Por otro lado, el Consejo Nacional Electoral pasó de ser una de las instituciones de menor credibilidad a una de las de mayor credibilidad en el país. Lo marcan los sondeos, según los cuales se ha movido hacia arriba la credibilidad del cne, y hacia abajo la de los medios de comunicación.
Esta institución que hace de árbitro electoral empezó su transformación en 1997, antes de que asumiera el presidente Chávez por primera vez. Anteriormente sus integrantes eran designados por los partidos, según su nivel de representación parlamentaria. Hoy se exige que sus miembros no hayan tenido militancia partidaria en los diez años precedentes y son nombrados de acuerdo a distintas modalidades: por la sociedad civil, a partir de la recolección de firmas; por las facultades de ciencias jurídicas y políticas de las universidades nacionales, y por el Poder Moral (ejercido por el Consejo Moral Republicano integrado por el defensor del pueblo, el fiscal general y el contralor general).
{restrict}Por otra parte, el sistema electoral está entre los más seguros del mundo: es electrónico, con lo cual se han eliminado casi totalmente las posibilidades de fraude, tan habitual en el pasado, cuando aparecían miles de actas en basurales o se constataban más votos que electores en algunos circuitos. Salvo para el voto consular en el exterior, que representa apenas el 0,5 por ciento del total, el sistema electoral venezolano está 100 por ciento automatizado. Por lo demás, está sometido a 16 procesos de auditoría y verificación, del que forman parte los partidos políticos, y que va desde el software utilizado hasta la composición del padrón. Tras la votación, 52 por ciento de las mesas electorales deben ser obligatoriamente auditadas, de manera aleatoria: ningún responsable de mesa sabe si le tocará o no ser controlado. Las verificaciones deben dar 0 por ciento de error, y así ha ocurrido hasta ahora: no ha habido denuncia alguna verificada de fraude, y en las elecciones venezolanas ha habido observadores internacionales.
El cne ha organizado también los procesos eleccionarios internos de los partidos políticos, de gobierno y de oposición, a solicitud de ellos. Este del domingo será el décimo noveno proceso electoral que organiza desde 1998.

MODELOS. La contraposición de modelos es otra de las características de estas elecciones: por un lado el de la revolución bolivariana, de transformación política, social y económica, de marcha hacia un “socialismo bolivariano”, y por otro uno conforme a los modos de producción del capitalismo. El plan de gobierno de la oposición plantea que el Estado no debe seguir jugando los roles que ha jugado en esta etapa, que el capital privado y el extranjero deben asumir nuevos papeles, que las políticas sociales deben ser subsidiarias de las económicas, que la política exterior debe cambiar. El Plan de la Patria del presidente Chávez, que va más allá de un período de gobierno, plantea en cambio la consolidación de la independencia nacional, del poder popular, la conformación de Venezuela como potencia regional en el marco de una gran potencia latinoamericana, y plantea como último punto la contribución del país a la sobrevivencia de la especie humana en función de ese mismo objetivo socialista que supone un manejo distinto de los recursos económicos.
Uno de los puntos centrales de este plan es la transformación de la Venezuela rentista, que vive de la renta petrolera, en una Venezuela productiva. Desde principios de siglo Venezuela es un país rentista, un modelo con el que todavía no se ha podido romper. Para romperlo hay que hacerlo a través del crecimiento productivo. En los últimos años en Venezuela ha aumentado la producción, pero también el consumo de productos como carne y leche, que diez años atrás no eran parte de los hábitos. Y hay todavía una gran dependencia de los productos alimentarios importados, como la leche en polvo de Conaprole.
La inflación sigue siendo preocupante, pero está en niveles muy inferiores a los de los últimos años del siglo pasado, cosa que la oposición debería recordar. Los procesos devaluatorios que ha tenido la moneda venezolana han sido además algo cíclico desde que surgió la renta petrolera, y desde la gestión del presidente Chávez se vieron compensados por el aumento del salario real: todos los años, cerca del 1 de mayo, se anuncian recuperaciones salariales. n

LEGADO. Entre los legados del presidente Chávez está que cambió la forma de hacer política. Ahora es más frontal, dejó de ser cupular (no nos olvidemos de que uno de los pactos más famosos de la historia del país, que marcó la política nacional por más de treinta años, el “pacto de Punto Fijo”, se hizo entre whiskys y dominó) y elitista, propia de hombres de traje y corbata. Hasta la indumentaria utilizada por Chávez, la guayabera por fuera del pantalón, pasó a ser utilizada por otros, incluso por Capriles. Y por supuesto el discurso social, que ahora se ha transversalizado. Hasta se puede decir que elementos simbólicos de nuestra idiosincrasia, como lo místico, lo religioso, se han extendido. Capriles los usa menos, pero los usa. También él da bendiciones a sus seguidores, cosa que antes no hacía. {\restict}

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