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Venezuela partida en dos

Venezuela partida en dos

Por primera vez en 14 años el chavismo venezolano, ahora sin la figura del comandante, gana una elección por un margen muy estrecho, tan estrecho que lo coloca en estado de debate interno sobre sus objetivos y su liderazgo. La oposición, que sigue sin reconocer su derrota, jugó con fuego y se revivió el fantasma del golpe de 2002.

 

No más del 1,8 por ciento, unos 273 mil votos en total, esa fue la diferencia que separó al oficialista Nicolás Maduro del opositor Henrique Capriles en las elecciones venezolanas del domingo pasado. Una distancia muy corta, sobre todo si se toman en cuenta las brechas a las que el chavismo se había acostumbrado: de ocho, de diez, de 11 puntos sobre sus adversarios, en el tipo de elección que se tratase. Una distancia muy corta, sí, la del domingo, pero suficiente como para dar por claramente ganada una elección en cualquier parte del mundo. Capriles no lo entendió así. Basándose en denuncias de irregularidades que habrían constatado sus seguidores y que habrían tenido influencia sobre algo menos de una cuarta parte de los casi 15 millones de votos marcados en las urnas electrónicas, el candidato opositor pidió el recuento de “todos los sufragios, uno por uno”. Maduro primero aceptó (“no tenemos miedo, que las cajas hablen y digan la verdad de esta victoria, y cuidado si es superior”, dijo en la madrugada del lunes), pero luego dio marcha atrás y pidió a su rival que fuera “buen perdedor” y acatara su proclamación como vencedor por el Consejo Nacional Electoral. “Dijimos que nos iríamos así perdiéramos por un solo voto, pero también que pediríamos respeto a nuestra victoria aun si hubiéramos ganado por un solo voto”, machacó. Alegó que ningún observador internacional de los muchos que se habían hecho presentes en Venezuela había denunciado irregularidad seria alguna, y recordó que el chavismo había aceptado sin chistar el resultado de la única elección que le tocó perder de las 18 realizadas en los últimos 14 años, la de 2007, cuando el presidente fue derrotado en un referéndum convocado para pronunciarse sobre su proyecto de reelección indefinida. “La diferencia entonces fue muy menor a la de este domingo, pero el comandante dijo que no iba a impugnar la elección, y así fue.” El Mercosur, la Unasur, la Celac, obviamente la alba, consideraron legítimo el triunfo del sucesor designado de Chávez. Ni siquiera individualmente los países sudamericanos cuestionaron el triunfo de Maduro. El Chile de Sebastián Piñera fue de los primeros en reconocerlo. También la Colombia de Juan Manuel Santos. La oea, que no gana para mayores cuestionamientos, dudó, pero el miércoles 17 terminó plegándose. Francia y el muy antichavista gobierno español también. La Unión Europea como tal todavía no se ha pronunciado sobre si reconocerá el triunfo de Maduro. Como era previsible, de Estados Unidos provino hasta ahora el mayor respaldo a Capriles: el Departamento de Estado expresó sus “muy serias dudas” sobre el resultado de la elección del domingo, y hasta la noche de ayer la tendencia era que no enviara funcionario alguno a la ceremonia de asunción de Maduro,

Con el paso de los días la virulencia de la protesta de Capriles por “el espurio e ilegítimo” triunfo del oficialismo ha ido disminuyendo, probablemente para bajar los decibeles de la protesta callejera, que llegó a provocar siete muertes y decenas de heridos en distintos estados, hechos de cuya responsabilidad se acusan unos y otros. El gobierno asegura que la mayoría de las víctimas son militantes chavistas que fueron agredidos en la calle o en las sedes de locales del Partido Socialista Unificado de Venezuela (psuv). También denunció ataques contra el local de Telesur y acusó a medios afines a la oposición, como el canal Globovisión, de “incitar abiertamente a la violencia”. Acusó igualmente a funcionarios o ex funcionarios estadounidenses de haber ideado las protestas, e insistió con un planteo que Maduro ya había hecho públicamente antes de las elecciones: que en Washington se había tramado un golpe de Estado que iba a tener como justificación un presunto fraude electoral.
La Mesa de la Unidad Democrática (mud) de Capriles sostuvo por su lado que los responsables de los ataques del lunes y el martes vestían camisas rojas y que su objetivo era crear “mártires” entre los propios chavistas para desprestigiar a la oposición. Camisas rojas vestían también provocadores plenamente identificados durante las jornadas de 2002 que llevaron al golpe de Estado contra Chávez y que fueron utilizados por la oposición para crear el clima necesario al intento de derrocamiento del comandante, respondieron desde el psuv.
A medida que fue avanzando la semana las manifestaciones callejeras promovidas por la oposición fueron dejando lugar a caceroleos nocturnos. El miércoles estaba prevista una gran marcha opositora en Caracas. Maduro la prohibió para “evitar más derramamientos de sangre y para proteger a los opositores de sus propios dirigentes”. “Habrá mano dura contra el fascismo”, dijo. Capriles suspendió la marcha, y en paralelo comenzó a recorrer el (largo) camino legal para impugnar el resultado del domingo: ya presentó un recurso ante el Consejo Nacional Electoral, y luego continuará probablemente por vía judicial. El proceso llevará meses.
La tensión y la polarización de todas maneras se mantienen. Diosdado Cabello, presidente de la Asamblea Nacional, destituyó a los presidentes de comisiones parlamentarias que desconocieron públicamente el resultado de la elección, y otros dirigentes oficialistas dijeron que los gobernadores estaduales que sigan ese camino se quedarán sin fondos de la administración federal. Al golpismo hay que liquidarlo de pique, afirmó Cabello.
En la noche de ayer, jueves, estaba reunida en Lima una cumbre extraordinaria de la Unasur para tratar la situación en Venezuela y llamar a “un diálogo entre el gobierno y la oposición”, según dijo un vocero de la presidencia peruana.

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