Perfil del presidente electo
El presidente electo de Paraguay, Horacio Cartes Jara, es fundamentalmente un exitoso empresario, acusado aquí y allá de un sinfín de delitos y con antecedentes judiciales por varios cargos, de los cuales fue sobreseído en 2000 por la justicia paraguaya.
De 56 años de edad, Cartes es un advenedizo en la lucha política. A tal punto que nunca había votado anteriormente: el domingo lo hizo por primera vez. Según algunos de sus allegados, siempre manifestó rechazo a los partidos. En la campaña electoral prometió acabar con los dinosaurios colorados y la gigantesca y costosa burocracia partidaria, lo cual puede presagiarle fuertes colisiones. De hecho, su campaña la centró en aparecer como el abanderado de la lucha contra el clásico prebendarismo de la política paraguaya. Campechano, el lenguaje directo que utiliza fue otra de las claves de su éxito electoral.
El hombre encabeza el grupo Cartes, propietario de 25 prósperas firmas en los rubros del tabaco, el deporte, las bebidas y consorcios agropecuarios, con unas ocho o nueve estancias, aunque en algunas de ellas podría fungir como testaferro de capos mafiosos de frontera, entre una larga lista de delitos en la que destaca una estafa al Banco Central por 34 millones de dólares en 1985, hecho tras el cual se mantuvo cuatro años prófugo de la justicia. Sus abogados dijeron entonces que Cartes era un “perseguido de la dictadura” de Stroessner, al término de la cual, en el 89, regresó al país, “se puso a disposición de la justicia y probó su inocencia”.
En los primeros años dos mil fue investigado por contrabando por la justicia brasileña y por vínculos con el narcotráfico por la dea estadounidense. Él, obviamente, lo niega todo, y sus abogados aducen que nunca se le probó nada.
CAMPEÓN. Su vocación empresarial se habría manifestado desde muy joven, escalando posiciones con solvencia y buen olfato. Años atrás destacó en negocios de aviones, luego desarrolló una tabacalera, contrabandeando buena parte de su producción junto con remesas de oro, según procesos abiertos en su contra en Brasil. En plena campaña electoral, cuando arreciaban las denuncias por evasión fiscal, lavado de dinero y narcotráfico, declaró que sólo el tabaco le proporciona un beneficio mensual de 5 millones de dólares.
Hace una década, Cartes compró una fábrica de gaseosas y la convirtió en un emporio, con filial en Estados Unidos, después valoró que el fútbol era buen negocio y adquirió el club Libertad, actual campeón paraguayo, convirtiéndose en patrón de la elección de jugadores para integrar la selección nacional. Con esa misma visión ganadora, se afilió al Partido Colorado en setiembre de 2008, un mes después de que Lugo fuera investido presidente.
Enseguida invirtió buena parte de su tiempo y de sus finanzas en la actividad partidaria, forzando la modificación de los estatutos internos, que exigían diez años de pertenencia al partido para postularse a la Presidencia, y fue factor decisivo en la reconquista colorada de varios municipios, entre ellos Asunción.
En noviembre de 2010 fundó el movimiento interno Honor Colorado (hc, su propio acrónimo). El ex presidente colorado Nicanor Duarte lo acusó de ser el símbolo de “una era de pornografía política”, y la presidenta del partido, Lilián Samaniego, reflotó inicialmente las relaciones de Cartes con los narcos, pero ambos terminaron alineándose con el empresario.
Para Fernando Lugo, el dirigente colorado fue quien ideó entre bambalinas la campaña en su contra que culminó con el golpe de 2012, y Efraín Alegre, el liberal que fue su principal rival en las elecciones del domingo, decía de Cartes que era un analfabeto político, un “muñeco”, además de un delincuente.
Pero lo cierto es que a partir de su consolidación en el coloradismo su ascenso ha sido imparable, hasta convertirse en el octavo mandatario desde el fin de la tiranía estronista, y en el número 49 en los 200 años de la historia moderna del país.
ODRE VIEJO. Para el sociólogo Gustavo Becker, el fundamento de la victoria de Cartes es que se trata de un “líder nuevo” en un país que necesita un recambio en su dirigencia y que conoció dos “grandes decepciones en los años anteriores”. “En 2008 la gente estaba harta del modelo que encabezaba Nicanor Duarte y votó por la esperanza que representaba Lugo. Pero tuvo una terrible decepción. Y después la ciudadanía volvió a decepcionarse”, esa vez con los liberales.
“Cartes es ciertamente un líder nuevo, pero su partido es el mismo de antes”, comentó a la agencia francesa afp Andrew Nickson, un académico británico especialista en Paraguay, para quien si Cartes busca cambios encontrará gran resistencia en sus propias filas. “No creo que se vean cambios estructurales en Paraguay en los próximos cinco años”, agregó. Nickson piensa también que a Cartes se le plantearán en el exterior problemas que tal vez no tenga en su propio país por el deficiente sistema judicial paraguayo. Además, habrá que ver qué hace con las empresas en que ocupa una posición dominante, que no son pocas y son muy poderosas. “Su pasado como uno de los principales empresarios del país, junto con su escasa experiencia política y su presunta participación en innumerables actividades ilícitas, prometen dominar la oposición a su presidencia”, apuntó a su vez en un informe la consultora de análisis estratégico Maplecroft’s. “El peligro de caer en la corrupción puede aumentar en el mediano plazo y generar tanto riesgos en términos legales como de reputación para las empresas que operan en el país, especialmente aquellas con estrecha interacción con funcionarios del sector público, tanto a nivel local como nacional”, agregó el documento.
Cartes, por lo pronto, se siente “portador de una enorme esperanza de cambio”. “Los paraguayos me están entregando un cheque al portador” para que “pueda combatir la corrupción y la pobreza en que vive el 40 por ciento de los habitantes del país. Si no reduzco la pobreza habré fracasado”, dijo tras su victoria.
La pobreza es, junto a la corrupción, la generación de empleo, la inseguridad, el narcotráfico y la impunidad, algunas de las principales preocupaciones de los paraguayos, de acuerdo a distintas encuestas. “Pero su gran desafío se resume en una palabra: hacer del Paraguay un país serio”, señaló el politólogo Bernardino Cano Radil, haciéndose de hecho portavoz de un sector del empresariado que confía en que Cartes pueda “dar empuje a un país adormecido”.
Quienes le abren crédito dicen que por su “pragmatismo” y su “capacidad negociadora” puede llegar a ser capaz de consensuar con parte de la oposición e imponer a su propio partido algunas reformas. Raúl Fernández, director del Departamento de Ciencias Sociales de la Universidad Católica, no cree en esa perspectiva ni que los planes anunciados por Cartes para generar empleo y reducir las desigualdades (básicamente radicar empresas extranjeras y “estimular a los emprendedores”) tengan chances de éxito. “El modelo conservador del Partido Colorado no le permite llevar adelante reformas profundas. Hay problemas estructurales que sólo con un cambio de modelo se pueden enfrentar”, dijo. Y estimó que es muy poco probable que el crecimiento económico del país –los expertos calculan que el pbi aumentará en 2013 entre 13,5 y 15 por ciento– alcance a los indigentes (1,3 millones) y a los pobres (cerca de 3 millones).
La dirigencia de los movimientos sociales se prepara por su lado para un período de alta conflictividad con el gobierno, por ejemplo en el tema del acceso a la propiedad de la tierra. La reforma agraria figuraba en primerísimo lugar en la plataforma de gobierno de Fernando Lugo, y su no concreción fue uno de los factores que contribuyeron a la desmovilización de las asociaciones campesinas, que vieron durante largo tiempo al ex obispo como “su” presidente y dudaban en enfrentarlo. No tendrían reparos de ese tipo con un gobierno colorado.