Paraguay, el regreso
- Última actualización en 26 Abril 2013
- Escrito por: José Antonio Vera desde Asunción
Paraguay, el regreso
La magra cosecha de votos de los presidenciables progresistas y la casi segura extinción de la Unión Nacional de Ciudadanos Éticos (Unacé), del ex general Lino César Oviedo, son quizás las sorpresas mayores que dieron las elecciones generales realizadas en Paraguay este domingo 21, que marcaron la vuelta al poder del coloradismo de la mano de un advenedizo y cuestionado empresario. El país se prepara también para otro retorno: a un cambiado Mercosur. Antes de la elección estaba claro que la presidencia paraguaya se estaría dirimiendo entre dos candidatos de derecha: el magnate y neopolítico colorado Horacio Cartes y el liberal Efraín Alegre. Ganara quien ganase estaba claro, pues, que la experiencia progre conducida por el ex obispo católico Fernando Lugo terminaría siendo definitivamente enterrada, prácticamente como un breve paréntesis en una larguísima cadena de gobiernos conservadores, constitucionales o dictatoriales, casi todos ellos dirigidos por el Partido Colorado.
Fue finalmente Cartes quien se impuso, por 45,9 a 36,9 por ciento, sobre Alegre. El colorado (véase perfil en nota adjunta) supo, con su prédica empresarial, captar en especial el voto de los paraguayos de 18 a 40 años, que conforman casi la mitad del padrón. Muchos de ellos apenas recuerdan las tres décadas largas de dictadura de Alfredo Stroessner, que tuvo en los colorados su mayor respaldo político.
Lo que no se preveía, por ejemplo, es que la abstención fuera tan alta: superior al 30 por ciento de los inscriptos en el padrón (1,3 millones de personas no fueron a votar el domingo, 200 mil más que las que apoyaron al Partido Colorado). O que las fuerzas progresistas cayeran tan bajo: el médico Aníbal Carrillo, un veterano luchador social de prestigio, candidato del Frente Guasú liderado por Lugo, apenas tuvo un 4 por ciento, mientras que el presentador de televisión Mario Ferreiro, de la novel Alianza País, logró dos puntos más.
Para varios analistas, el alto nivel de abstención tiene olor a castigo contra los partidos Liberal y Unacé, por encabezar el golpe de Estado del 22 de junio pasado contra el ex obispo, e igualmente, aunque en menor medida, al Frente Guasú, cuyas indecisiones en el último año generaron fuerte decepción en su propia base.
Sobre la baja votación del progresismo, una primera conclusión que puede sacarse es que durante sus cuatro años de gestión Lugo fue incapaz de articular una alternativa de peso a los partidos tradicionales y de trascender sus divisiones. Un déficit que, junto a la debilidad de las organizaciones sociales, cuya desmovilización fue además alentada desde el propio poder político, jugó un papel central en el golpe del año pasado (véase nota adjunta).
Aun así, la representación parlamentaria de los partidos “progresistas” será superior no sólo a la que tienen actualmente sino a la que jamás tuvieron en Paraguay partidos considerados de izquierda: sumados, en el Senado, la cámara clave, el Frente Guasú, que obtuvo cinco bancas, entre ellas la de Lugo, y Alianza País, que tendrá tres escaños, constituirían la tercera fuerza parlamentaria. Si se articulan entre sí podrán al menos aspirar a cierta visibilidad y hasta a trascender por fuera del parlamento, en caso de buscar apoyo en el movimiento social campesino y en el (todavía escuálido) sindicalismo urbano.
La bancada colorada será por supuesto muy superior (47 diputados sobre 80, una mayoría absoluta en esa cámara; y 19 bancas en 45 en el Senado), así como la del Partido Liberal (12 senadores, dos menos que antes).
No deja de tener significación, por otro lado, la caída de una media docena de otros partidos, en particular el empresarial y derechista Patria Querida. Apenas tres senadores salvó por su lado el Partido Demócrata Progresista, de Rafael Filizzola, quien hizo dupla con el liberal Efraín Alegre. Filizzola y Alegre fueron ministros de Lugo: el primero se destacó por impulsar acuerdos con la Colombia de Álvaro Uribe y con Estados Unidos para combatir el narcotráfico, el terrorismo y ejercer control sobre la ciudadanía; y el segundo fue acusado de utilizar su puesto para organizar su candidatura presidencial. Lugo los destituyó a ambos.
Otro de los grandes perdedores fue la Unacé, de Lino Oviedo, que pasó de siete senadores a uno. El general golpista murió hace un mes al estallar su helicóptero en circunstancias tales que se sospecha de un atentado. Es muy probable que el vasto electorado que Oviedo mantenía con ayuda de su colosal e inexplicada fortuna (se habló de sus vínculos con el narcotráfico) termine dispersándose. Pocos días después de la muerte de su líder, la Unacé hizo un pacto, 12 millones de dólares mediante, para aliarse en el parlamento al Partido Liberal. Ambos, uno más que otro, están en plena debacle.
Mercosur
La vuelta de Paraguay al Mercosur (y a la Unasur) está en la agenda de Cartes. El colorado recibió señales de dos de los socios del bloque (Argentina –vía la infinidad de twits de la presidenta Cristina Kirchner– y Uruguay) para ir procesando desde ya la operación retorno. Más cauto fue Brasil. Habrá que ver antes de decidir, dijo un portavoz de Itamaraty. Desde que Asunción no está, el Mercosur cambió. Tiene un socio más, Venezuela, cuyo ingreso al bloque el Senado paraguayo trababa. El presidente venezolano, Nicolás Maduro, fue uno de los que felicitó a Cartes por su triunfo, un Maduro que había sido declarado persona non grata por el gobierno de Federico Franco, el liberal que sucedió a Lugo y de cuya caída fue uno de los artífices. Las prevenciones de Brasil ante el inminente regreso paraguayo al bloque (había sido suspendido hasta que hubiera elecciones) suenan más bien a advertencia para que el socio no se comporte como un aguafiestas en una región que en el plano de la política exterior aparece como inusualmente armónica. En Paraguay son habituales las bravuconadas del tipo de la declaración de esta semana del diputado electo Hugo Rubín. Refiriéndose a la invitación de los presidentes de Uruguay y Argentina a un pronto retorno al Mercosur, Rubín, integrante de uno de los partidos diezmados en la elección del domingo (Encuentro Nacional), dijo: “Que se vayan a cagar. Que pidan perdón de rodillas. (…) Saquen a Venezuela primero y pregunten si tenemos ganas de volver”.

