Diente por ojo

Detrás de los atentados de Boston

En una semana de aniversarios nefastos los estadounidenses tuvieron dos bombas al final de una maratón, cartas con veneno enviadas a la Casa Blanca y al Senado, la explosión de una fábrica de fertilizantes, tiroteos en Boston y la muerte de un supuesto terrorista que dejó a su hermano cómplice para responder algunas de las muchas preguntas.

La tercera semana de abril tiene, en la memoria colectiva de Estados Unidos, fechas de tragedia. El 20 de abril de 1999 dos estudiantes armados irrumpieron en el liceo de Columbine, mataron a 12 alumnos, un profesor y se suicidaron. El 19 de abril de 1993 en Waco, Texas, las fuerzas de seguridad mataron a 82 miembros de un grupo religioso apocalíptico que se sumaron a cuatro policías muertos en los enfrentamientos.
El 19 de abril de 1995 el ex soldado y simpatizante de milicias derechistas Timothy McVeigh, en parte como venganza personal por el asalto en Waco, detonó un camión cargado con explosivos frente a un edificio federal en Oklahoma y mató al menos 168 personas.
De modo que cuando el lunes 15 estallaron dos bombas en el centro de Boston, donde miles de personas habían participado o presenciaban la final de una de las maratones más famosas del mundo, de inmediato la ciudadanía buscó posibles sospechosos, atemorizada por otra posible serie de ataques terroristas.
Los bombazos coincidieron con ásperos debates en el Congreso sobre dos asuntos que irritan y dividen a los estadounidenses: la tenencia de armas de fuego, y la reforma migratoria.
Los defensores del derecho a la tenencia y porte de armas de fuego comenzaron a rezar para que las explosiones no fueran obra de alguna milicia blanca. Millones de inmigrantes indocumentados oraron para que los autores no fueran extranjeros. Y los paranoicos antigubernamentales contribuyeron al diluvio de rumores que son las “redes sociales” con todo tipo de ideas sobre conspiraciones y autorías del gobierno de Barack Obama para quitar las armas a los blancos.

 

Drones. En la base Holloman de la Fuerza Aérea, en el desierto de Nuevo México, los instructores casi no dan abasto en la formación y capacitación de pilotos para aviones bajo control remoto –o “drones”–, el arma favorita de Estados Unidos en su guerra global contra el terrorismo.
En salas con aire acondicionado y lo más avanzado en comunicaciones y audiovisuales, los alumnos aprenden a pilotar aviones sin tripulante que cumplen diversas funciones, desde la mera observación al relevamiento, el seguimiento de sospechosos y el disparo de misiles guiados. Actualmente los pilotos de aviones a control remoto son menos del 10 por ciento de los pilotos de la Fuerza Aérea, pero en años recientes se ha dado instrucción a más pilotos de drones que a pilotos de aviones de combate y bombardeo combinados.
Nadie sabe exactamente cuántas misiones cumplen los drones, y cuántas de ellas o dónde han conducido al disparo de misiles, en gran medida porque el programa lo ha manejado hasta ahora la cia. El gobierno de Obama, enfrentado a las críticas de grupos defensores de los derechos humanos, ha empezado a transferir las operaciones a control militar.
La oficina de Periodismo Investigativo, un grupo independiente, sobre la base de la información obtenida por periodistas en diversos países, calcula que desde 2004 ha habido 350 ataques tan sólo en Paquistán, con un saldo de entre 1.970 y 3.300 muertos. El uso de drones se intensificó desde que Obama llegó a la Casa Blanca.
Los informes desde el terreno, allá donde impactan y estallan los misiles inteligentes disparados por robots desde el cielo operados por pilotos a miles de quilómetros, señalan la abundancia de muertos y heridos civiles.

.. PARA LEER EL CONTENIDO COMPLETO DE LA NOTA SUSCRIBITE A BRECHA DIGITAL, arriba a la derecha.

Текстиль для дома, Вышивка, Фурнитура, Ткани
автоновости