“Prefieren morir a seguir allí”

La huelga de hambre se extiende en Guantánamo

Primero, hace tres meses, fueron algo más de 20, pero ahora bastante más de la mitad de los 166 presos encerrados en la base naval estadounidense de Guantánamo, en territorio cubano, están en huelga de hambre. La protesta se inició por un hecho circunstancial (la revisación de ejemplares del Corán por personal militar de manera que los detenidos consideraron denigrante para su fe musulmana), pero tuvo un motivo de fondo que es el que está en la base de su extensión: la protesta por las condiciones de detención. La mayoría de los presos, arrestados hace 11 años tras los atentados del 11 de setiembre de 2001, son “sospechados” de terrorismo, pero no se los ha acusado formalmente de nada ni han sido juzgados por tribunal alguno. Están detenidos por tiempo indefinido, algunos de ellos trasladados hacia Guantánamo desde cárceles clandestinas que Estados Unidos tiene en varios países europeos y asiáticos. Sus condiciones de detención fueron asimiladas por el relator especial de las Naciones Unidas para la Tortura como “degradantes e inhumanas”.
Los cerca de 100 presos en huelga de hambre se están dejando literalmente morir, dijo uno de sus abogados. “Se resisten a ser alimentados por la fuerza, como lo está siendo una veintena de ellos, porque consideran que tienen derecho a esa negativa. Se los quiere obligar a alimentarse en virtud de consideraciones humanitarias invocadas para mantenerlos en una situación que es de las más inhumanas: confinados sin saber por qué, sin saber hasta cuándo, maltratados. Saben que de Guantánamo, en la realidad actual, sólo podrán irse muertos, y no quieren vivir un minuto más así.” La Cruz Roja encontró que la desesperación de los presos en Guantánamo “carece de precedentes”. Bajo el gobierno de George W Bush se les dio a este tipo de presos, detenidos en el marco de la “guerra el terrorismo” de Al Qaeda, el estatuto de “combatiente enemigo”, y se los privó de derechos básicos. Se puede hacer con ellos prácticamente lo que se quiera, tortura incluida.
El propio John Kelly, jefe del Comando Sur, reconoció que la situación es insostenible. “Los reos tenían muchas expectativas en que cuando Barack Obama llegara al gobierno se los transfiriera de Guantánamo. Pero se vinieron abajo cuando se dieron cuenta de que el presidente daba marcha atrás”, dijo la semana pasada. El único avance registrado desde el acceso de Obama a la presidencia fue que se redujo la cantidad de detenidos: llegaron a ser más de 600. La demócrata Dianne Feinstein, que preside el Comité de Inteligencia del Senado, pidió a la Casa Blanca la reanudación del proceso de transferencia de algunos de los detenidos a otras cárceles y la liberación de otros. Más de la mitad de los presos (86 de 166) está en una u otra situación y hace ya tres años recibieron el aval del gobierno para regresar a sus países. De ellos, 56 son yemenitas. En 2010, como represalia por un atentado contra una base estadounidense en ese país, Obama frenó toda transferencia de presos yemenitas desde Guantánamo y el 1 de enero del año siguiente firmó un decreto por el que limita las transferencias en general hacia terceros países de detenidos en la base. En una carta que dirigió al consejero de Seguridad Nacional de la Casa Blanca, Tom Donilon, Feinstein dice que la situación en Yemen “ha cambiado”. El año pasado accedió a la presidencia Abdu Rabbu Mansur Hadi, un enemigo declarado de Al Qaeda, escribe la senadora, y es probable que esté en condiciones de garantizar que “los 56 yemenitas que tienen carta blanca para ser transferidos” no sean “un peligro para la seguridad”. Pero ni siquiera estas consideraciones, que más que tomar en cuenta los derechos humanos de los detenidos parten de las necesidades de seguridad nacional de Estados Unidos, han convencido hasta ahora a la administración estadounidense, dividida respecto a “qué hacer con Guantánamo” pero dominada por el momento por los halcones. El martes 30 Obama abrió una esperanza al decir que seguía con la idea de cerrar Guantánamo, en un mensaje que dirigió a los congresistas para intentar convencerlos de que mantener la base es incluso antieconómico. Tal vez por ese lado…

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